El blog del Dr. Enrique Rubio

Categoría: EVLUCION

LA INFLUENCIA DEL PASADO EN NUESTRA PSIQUE

COMO INFLUYO EL PASADO EN NUESTRO PSIQUE

Sigo aprendiendo, ergo soy joven. Nací en Durango, pero elegí vivir en Barcelona. He descrito el síndrome de Ulises en inmigrantes ante el Parlamento Europeo. La psicodiversidad es nuestra garantía genética de supervivencia. Ayudemos a los inadaptados hoy, porque su diversidad nos ayudará mañana. Mi investigación, libros y artículos se pueden seguir en www.josebaachotegui.com.

Joseba Achotegui,psiquiatra, investiga y enseña psicopatología evolucionista en la UB

 

El poder de ser diversos

Los humanos “raros”, tal vez hoy tachados de enfermos mentales, en realidad son portadores de genes que fueron valiosos en otras circunstancias y constituyen el acervo genético que permitiría a la humanidad adaptarse a los cambios del medio. Los genes del anoréxico en épocas de escasez salvaron a los débiles poniendo sus calorías a su disposición. Y el hoy obeso porta genes que ayudarían a la especie en una hambruna mejorando su acumulación de energías; los asperger, antaño inadaptados, son hoy grandes informáticos; y quienes sufren el síndrome de Moisés quizás un día, como Gengis Kan, vuelvan a repoblar la tierra… Achotegui investiga y defiende la diversidad genética y cultural, que garantiza la supervivencia de la especie. De ahí que los más adaptados deban ayudar hoy a los menos para que todos tengamos un futuro.

Putin es un loco o un patriota? Lo que podríamos considerar sin duda una locura es su imperialismo ruso, como toda ideología que presupone la superioridad de un grupo humano sobre otro.

¿Su ultra nacionalismo le enloquece? Nietzsche definió bien su caso: “La locura en individuos es más bien rara; pero es la norma en partidos y naciones…”.

¡Qué nos va a contar! Pero como investigador evolucionista constato que esas personas que consideramos “raras” por sus características mentales o incluso enfermas, cuando solo son diversas, no son una desgracia, sino una necesidad para que evolucionemos como especie.

¿Son necesarios los locos? Todo el espectro de sus diversidades constituye el acervo genético que va aprovechando la humanidad para ir adaptándose a los cambios del medio. Nos ayudan a evolucionar.

¿Si cambia nuestro entorno, los que hoy son los mejores serían unos inadaptados? Si, como quería Hitler, todos fuéramos una única “raza pura”, pereceríamos, porque al ser todos iguales no podríamos adaptarnos a los cambios del entorno. Desapareceríamos.

¿Acumular grasa aunque comieras poco fue una ventaja en tiempos de hambruna? Y hoy, en cambio, con dulces en cada esquina es una epidemia de obesidad. Del mismo modo, la tendencia a la anorexia de algunos pudo servir –y tal vez un día sirva– para que el resto del grupo pudiera aprovechar sus calorías. Hay lobos que pasan 100 días sin comer.

¿De qué pudo servir estar deprimido? En un grupo que avanza en la selva, el deprimido, porque un mal jefe lo maltrata, sería como un huelguista. Llamaba la atención a los demás para que cuestionaran el liderazgo y la ruta. Y tal vez les salvara así de un error.

¿Y la ansiedad, tan habitual hoy? Es la sobrerreacción ante un peligro; pero pudo ser útil en la prehistoria cuando salía el grupo a cazar: quizás el más ansioso era el único que volvía… Y transmitía sus genes.

Me encanta esto, pero yo diría es la exageración del reflejo de lucha o huida

¿Para qué servía el obsesivo y por qué hoy somos tantos? Si vas a cazar y te olvidas de afilar la flecha, serás tú el cazado. Por eso, aún hoy los aborígenes realizan largos y complejos rituales que repiten obsesivamente antes de cada cacería… Pero así no se olvidan de las flechas y todavía sobreviven. Sin obsesión morirían.

¿Algún día los obsesivos volveremos a tener una utilidad social? Como los fóbicos… ¿Claustrofobia? ¿No cree usted que alguien claustrofóbico en una región repleta de tigres de las cavernas era muy útil para toda la tribu?

Puedo imaginarlo. Lo mismo con el miedo a la oscuridad o la agorafobia: lo sufría un solo individuo, pero protegía a todo el grupo. Y que hoy tengamos humanos con esa predisposición genética puede sernos útil un día si cambia el entorno y hay que adaptarse. Hasta la minusvalía…

¿Un ciego de nacimiento podría ayudar? Si Putin está loco, y desencadena una guerra nuclear, en la noche radiactiva los ciegos, acostumbrados a arreglárselas sin vista, serían los únicos supervivientes y tal vez ayudaran a los demás.

Un asperger creó el P2P. Y revolucionó la informática, que tanto debe a individuos con una genética de espectro autista, igual que las matemáticas.

¿Sin diversidad genética no se progresa? Nos extinguiríamos sin remedio. Y por eso los mejor adaptados al medio ahora deben ponerles los medios a los que menos lo están para que subsistan, porque eso nos ayudará a todos a sobrevivir si el planeta cambia.

Pero ¿y el sádico o el violento…? Hay que ayudarles a no hacer daño. La diversidad genética –aceptémoslo– es desigualdad; pero necesaria para nuestro futuro, por eso hay que gestionarla solidariamente.

Me gustaría saber como se enseña a un sadico

¿Eso es, además de moralmente deseable, invertir en ese nuestro banco de semillas? En momentos de crisis: terremotos, hambrunas, catástrofes… el tipo raro y tal vez esquizoide que habla con los dioses puede ser el Moisés que nos salve… Y repueble la tierra como un nuevo Gengis Kan que tuvo miles de descendientes. Lo apodan síndrome de Moisés, repetido en la historia. Y quizás explica migraciones de grupo muy arriesgadas.

¿No somos ya lo bastante diversos? Pues no. Y la covid nos lo ha demostrado al dañar igual a todas las etnias en el planeta. En los millones de años que nos separan de los primates, ellos han evolucionado con más diversidad genética que nosotros. Los humanos somos demasiado iguales: desde la agricultura nos diferenciamos poco.

¿Nos adaptamos ya con cultura y no por genes? ¿Frente al frío, abrigos; no más pelo? Nuestra excepcionalidad solo la manifestamos en crisis personales o de grupo: el histérico, el antisocial… Se expresa frente al estrés que le genera un cambio súbito en su entorno al que debe adaptarse.Y esa diversidad genética puede ayudarnos a todos.

La Paleoimaginacion, no puede contener ni un atisbo de verdad

Y si la tiene no puede comprobarse.

Algo de esto debió pasar, pero quien lo demuestra

Achotegui,psiquiatra, investiga y enseña psicopatología evolucionista en la UB

LLUÍS AMIGUET

 

EL TAMAÑO DEL CEREBRO

EL TAMAÑO DEL CEREBRO:

 

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Los animales con el cerebro más grande tienen más peligro de extinguirse

El tamaño del cerebro ha sido siempre un tema científico. Nos cuesta mucho trabajo pensar algo como que no es fundamental el tamaño para mostrar una buena inteligencia,

“No sobrevive el más fuerte ni el más rápido, sino el que mejor se adapta a los cambios”, había postulado Charles Darwin en El origen de las especies.

En esto el cerebro tiene mucho que ver: un tamaño más grande permitió al hombre evolucionar y, aunque no tuviera ni garras, ni alas, ni fuerza ni velocidad, pudo sobrevivir y al final impuso su voluntad sobre el planeta.

Pero la velocidad con que se están modificando los ecosistemas revierte la moneda: tener un cerebro más grande, que fue una ventaja evolutiva, ahora es una carga.

Se desprende que los mamíferos que tienen un cerebro grande –en comparación a la masa muscular- tienen más posibilidades de extinción.

Un cerebro grande es negativo por un efecto indirecto: el coste de mantenimiento es muy alto, y no compensa a la especie

Esta es la conclusión a la que llegaron un grupo de científicos tras estudiar a más de 470 especies de mamíferos, y que publicaron su estudio en la revista Evolution. Un miembro de este equipo, Eloy Revilla, detalló “en las condiciones actuales, ante el proceso de selección, un cerebro grande es negativo por un efecto indirecto: el coste de mantenimiento es muy alto, y no compensa a la especie”. Una serie de argumentos se muestran a favor y otros en contra de un cerebro grande, en algún periodo de la vida el cerebro grande es más útil sin embargo portadores te celebró muy lesionados tienen un cerebro muy capaz.

Y sobre todo algunos cerebros muy lesionados tienen también unas capacidades extraordinarias, de forma que aquí hay más cosas de las que vivimos el tamaño no lo es todo pero sí es importante aunque gracias mucha energía y en consecuencia no siempre es rentable Cristina llobet n

El gasto del cerebro

Lo cerebro es muy caro: en los humanos, representa el 2% de la masa corporal, pero consume el 20% de la energía”.

Los grandes mamíferos (desde el hombre al gorila, o desde un tigre a un elefante) tienen un desarrollo más dilatado, comparado con otras especies más pequeñas: se alarga el período de gestación, el destete se retrasa y el período de dependencia de la madre se estira más tiempo. Y por lógica, las camadas son más pequeñas.

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Comparativa de tamaños de cerebros ( Frontiers in Neuroscience)

Un ejemplo sencillo: una mujer necesita nueve meses para tener un hijo, y, en contadas ocasiones, puede dar luz a mellizos. Una perra requiere de unos 63 días para parir una camada de cinco a siete crías, y una coneja, tras 30 días de gestación, puede traer al mundo a 8 o 10 conejitos.

Esta idea también se puede extrapolar a las sociedades humanas si observamos sus niveles de vida: las que gozan de un alto bienestar, donde sus ancianos llegan a lo 80 años en muy buena forma, apenas tienen uno o dos hijos. Es lo que le sucede a muchos países de Europa occidental, donde en un futuro cercano habrá más viejos que niños. En cambio, en los países subdesarrollados con menor tasa de bienestar y con una esperanza de vida menor a los 60 años, hay una alta tasa de natalidad (y también altos índices de mortalidad infantil).

Se establece el binomio de que en los países ricos se vive más y se nace menos mientras que en los países pobres se vive menos pero la natalidad es muy superior arriba los dos

El ser humano y las consecuencias de sus acciones

Si bien hemos adaptado el planeta para considerarlo como nuestro hábitat óptimo, “los cambios que aplicamos son tan fuertes que vamos a cruzar los umbrales que pueden complicarnos la supervivencia de nuestra especie”
Eloy Revilla
Biólogo del CSIC

El desarrollo del cerebro no depende solamente de él sino del ambiente que llega a tener tanta fuerza como la propia biología personal.

El ambiente que nos rodea tiene tanta fuerza que puede modular la biología de forma que no hay que etiquetar al individuo de sus posibilidades si no mezclarlas con el ambiente en que vive

“El factor fundamental en la extinción, en estos momentos, es la pérdida del hábitat”. “Esto reduce el tamaño poblacional, porque quedan poblaciones fragmentadas, que sufren de endogamia, la llegada de especies invasoras y la persecución”.

Frente a este panorama, en términos evolutivos, los animales con cerebro más grande tienen una capacidad de respuesta más lenta, o sea, no se reproducen con la velocidad suficiente para garantizar la supervivencia.

“Esto ha pasado con las diferentes extinciones masivas de la historia: los que desaparecen son los animales de mayor tamaño.

Eliminar el 90% de una especie, que además tiene pocos individuos, facilita su extinción.

Quitar a una población con muchos ejemplares el 90% de sus individuos, los que quedan son un número suficiente para regenerarse y vivir en nuevas condiciones”,

 

Comparativa de tamaños de cerebros | Frontiers in Neurosicence

Al ser el responsable de este desaguisado evolutivo, el hombre también debería sufrir las consecuencias de un mayor riesgo de extinción.

Hemos adaptado el planeta para considerarlo como nuestro hábitat óptimo, “los cambios que aplicamos son tan fuertes que vamos a cruzar los umbrales que pueden complicarnos la supervivencia de nuestra especie”,

Pero muchas mas cosas que aun se nos escapan, modulan estas conclusiones.

SÍNDROME DE SAVANT:

Síndrome de savant: los 5 casos más famosos

El 50% de los que sufren el síndrome de savant tienen trastornos del espectro autista y solo un 10% de ellos muestran este tipo de habilidades prodigiosas

Estas personas sufren desórdenes mentales y discapacidades físicas, mentales o motrices, pero “a cambio” poseen habilidades mentales increíbles, por ejemplo, un trastorno del espectro autista, puede tener una habilidad cognitiva sumamente prodigiosa.

Benjamín Rush describió el síndrome de savant por primera vez en 1789. Vio un paciente que era capaz de calcular la edad de las personas tan solo observándolas durante unos segundos. Desde entonces, los casos de “savantistas” han sido muy escasos, apenas se han detectado un centenar.

Se trata de un conjunto de síntomas cognitivos anómalos, que el investigador Darold Treffert define como un estado patológico.  Las personas que lo padecen poseen una sorprendente habilidad o habilidades mentales específicas. Pero, a su vez presentan desórdenes mentales y/o discapacidades físicas

Por lo general, las habilidades más usuales de los Savant se centran en 4 categorías principales:

Arte (música, pintura y escultura): Suelen ser brillantes intérpretes musicales (especialmente al piano), pintores y escultores. Asimismo, tienden a presentar habilidades innatas para la compresión e interpretación de la música.

Cálculo de fechas: algunos Savant pueden memorizar calendarios enteros y recordar datos específicos referentes a cada uno de esos días.

Cálculo matemático: Realizan cálculos matemáticos complejos de forma instantánea y con enorme precisión. Por ejemplo, calcular números primos, decimales de pi o realizar de divisiones con 100 decimales, todo ello, por supuesto, mentalmente.

Habilidades mecánicas y espaciales: Tienen la capacidad para medir distancias, casi exactas, sin herramienta alguna. También construyen maquetas altamente detalladas, memorizan mapas y direcciones, etc.

Además de estas habilidades existen otras más inusuales y en general más particulares del individuo, como facilidad para el aprendizaje de múltiples idiomas, fuerte agudización de los sentidos, perfecta apreciación del paso del tiempo sin necesidad de relojes, etc.

Kim Peek: Ha sido el caso más famoso y prodigioso de esta patología. Tanto que hasta Dustin Hoffman le dio vida en la película Rain Man. El caso de Kim es asombroso. Nació con macrocefalia, una malformación permanente en el cerebelo, y agenesia en el cuerpo calloso, una condición que obstaculizaba la conexión entre sus hemisferios.

Kim Peek

Esto le convirtió en una persona muy dependiente, incapaz de realizar tareas básicas, como abrocharse una camisa. Sin embargo, sorprendió al mundo entero con sus portentosas capacidades intelectuales. Tenía una de las memorias más extraordinarias que la ciencia ha podido datar.

Fue capaz de aprenderse cerca de los 8.000 libros que había leído y podía leer dos páginas al mismo tiempo, una con cada ojo. Además, reproducía cosas habiéndolas escuchado o leído tan solo una vez. Llegó a saberse de memoria todos los mapas de Estados Unidos, de manera que aunque no hubiera hecho nunca un determinado recorrido, podía realizarlo sin necesidad de indicaciones o señales.

Su nivel de procesamiento mental era impresionante. Pero, por otro lado, sus limitaciones motrices y cognitivas también eran manifiestas. Por ejemplo, era incapaz de interpretar un poema o inferir conclusiones de una obra. No tenía aptitudes musicales, sin embargo, si escuchaba una canción, podía reproducirla tocando en un piano sin mayor dificultad.

Jason Padgett: síndrome de savant adquirido

Aunque este estado patológico, según lo define el investigador Darold Treffert, es congénito, Jason Padgett es una excepción. No nació con sus habilidades, sino que estas llegaron cuando tenía 30 años. Es uno de esos casos clínicos que transforman paradigmas científicos y ponen de manifiesto lo sorprendente que puede llegar a ser la mente humana.

Jason Padgett

Jason era un joven poco estudioso y más preocupado por pasárselo bien con sus amigos. Una noche, saliendo con ellos, fue agredido violentamente. Sufrió una conmoción cerebral y, tras pasar por el hospital y volver a casa, se dio cuenta de que todo había cambiado.

Por un lado, empezó a sufrir distintos trastornos como TOC, agorafobia o depresión. Y, por otro lado, el síndrome de savant le llevó a ser un genio de las matemáticas, a pesar de que antes era casi un inepto en esta materia. Realizaba cálculos mentales y visualizaba la realidad mediante patrones geométricos.

Con una visión corta, se deducia que, tras sufrir la conmoción cerebral, algunas áreas del cerebro que en su día a día permanecían inactivas, con el golpe se activaron para sustituir las funciones dañadas.

Tony DeBlois: un músico prodigio

Si la habilidad musical de Kim Peek era sorprendente, lo de este niño prodigio no es para menos. Tony DeBlois nació ciego y con autismo. Su síndrome de savant se hizo patente a los 2 años, edad a la que empezó a tocar el piano sin haber recibido ningún tipo de clase o instrucción. Y ¡de qué manera!

A partir de ahí, aprendió a tocar una veintena de instrumentos y se sabe de memoria cerca de 8.000 piezas musicales. Le basta escuchar una pieza musical para ser capaz de interpretarla de memoria en cualquiera de los instrumentos que toca.

Stephen Wiltshire: un artista con memoria fotográfica

Este artista inglés, de ahora 43 años, fue diagnosticado con autismo severo cuando tenía apenas 3. Su interés por el dibujo le llevó a estudiar en una escuela londinense, donde comenzó a expresarse a través de su arte. Pronto destacó su brillantez. Era capaz de pintar paisajes y rostros tras un terremoto imaginario. Su habilidad era asombrosa.

Lo más impresionante de Wiltshire no fue su precocidad artística, sino su impresionante y envidiable memoria visual. Es capaz de dibujar una imagen tras solo haberla visto una sola vez, con una precisión y detalle parecidos a los de una cámara de fotos. Solamente una mirada le vale para reproducirlo de manera exacta y en escala en el lienzo.

George y Charles Finn: los gemelos calculadores

En la década de los 60 en Estados Unidos, dos gemelos con asperger fueron apodados como los “calendarios humanos”. A pesar de que su coeficiente intelectual se encontraba entre 60 y 70 (cerca de la discapacidad intelectual), sus habilidades eran espectaculares. Eran capaces de recordar el clima y qué ocurrió cualquier día su vida. Asimismo, eran capaces de calcular a qué día de la semana corresponde cualquier fecha. ¡Hasta fechas de hasta 40.000 años!

Un Caso reciente

Un joven de 21 años, claramente superdotado para las matemáticas, se quejaba de cefaleas y una TAC demostró esta impresionante hidrocefalia

Las personas que padecen síndrome de savant cuentan con discapacidades y capacidades sorprendentes al mismo tiempo. Las hipótesis científicas son partidarias, por el momento, de que una configuración tan especial tiene que ver con que estas personas tienen el hemisferio derecho más desarrollado, lo que hace que tengan este tipo de talentos tan extraordinarios.

Los cambios del hombre han sido tan drásticos y radicales que, ante una escala evolutiva, que cuenta con plazos de millones de años, no hay forma de revertir el proceso. La ventaja, entonces, está del lado de los mamíferos pequeños.

Usando una frase bulgar, podemos decir

“Esto no hay quien lo entienda”

Bibliografia.

Darold Treffert

Frontiers in Neuroscience tamaños de cerebros

Bob Elsdale / Getty JP MISSÉ

Eloy Revilla Biólogo del CSICEvolution

Benjamín Rush : síndrome de savant

LA MUTACIÓN DE UN GEN IMPULSÓ LA EVOLUCIÓN DEL CEREBRO DE LOS HUMANOS MODERNOS

LA MUTACIÓN DE UN GEN IMPULSÓ LA EVOLUCIÓN DEL CEREBRO DE LOS HUMANOS MODERNOS

Un pequeño cambio en el gen TKTL1  impulsó el crecimiento neuronal.

Sara Reardon

Cráneos de un humano moderno y de un neandertal [hairymuseummatt/Reconocimiento-CompartirIgual 2.0 Genérica (CC BY-SA 2.0), imagen derivada]

Científicos de la universidad de Yale han confirmado en ratones la existencia de al menos un gen con su proteína asociada en lo que tiempo atrás se consideraba mero ADN basura,

Aunque la definición de gen ha ido cambiando, se considera que es un segmento de ADN con la información necesaria para fabricar una proteína (previo paso intermedio por una molécula de ARN). Con esa asunción, ahora mismo se acepta que hay alrededor de 20.000 genes.

En algunos casos, lo que se llamó ‘ADN basura’ no solo marca el ritmo , sino que también la protagoniza

Para filtrar de entre todo el ADN las partes candidatas a ser un gen, los científicos asumen al menos dos criterios: que comience por tres letras concretas y que tenga una longitud mínima antes de que aparezca una información de Stop.

Se necesitaban reglas evitar cantidades enormes de errores”, comenta Ruahidri Jackson, primer firmante del nuevo trabajo. Las reglas en biología, tienen excepciones”.

Desde hace tiempo se sospechaba que podía haber otras regiones del ADN dando lugar a lo que, por salirse de las reglas clásicas, se llamaron ‘productos proteináceos’. Si buena parte de lo que se llamó ‘ADN basura’ estaba en realidad activo y funcionaba regulando la acción de los genes a la manera de un director, resulta que hay casos en que los que no solo marca el ritmo de la película, sino que también la protagoniza. Contra la tendencia a la poda en el número de genes, aparecen ahora nuevos actores y funciones en lugares antes ignorados.

Hace más de 500.000 años, cuando los antepasados de los neandertales y los humanos modernos se dispersaron por el mundo, una mutación genética provocó que los cerebros de algunos de ellos mejorasen repentinamente. Esta mutación, de la que se informa en Science, incrementó drásticamente el número de células cerebrales en los homininos anteriores a los humanos modernos. Eso les pudo conferir una ventaja cognitiva sobre sus primos neandertales.

Arnold Kriegstein, neurólogo de la Universidad de California en San Francisco, señala que «este gen es sorprendentemente importante». Espera que resulte ser una de las muchas alteraciones genéticas que confirieron una ventaja evolutiva a los humanos sobre otros homininos. «Creo que arroja nueva luz sobre la evolución humana.»

Cuando, en 2014, se secuenció por primera vez el genoma de un neandertal, entre otras modificaciones genéticas se identificaron 96 aminoácidos (los componentes básicos que forman las proteínas) que difieren entre los neandertales y los humanos modernos. Desde entonces, se han estudiado todas para averiguar cuáles de ellas ayudaron a los humanos modernos a superar a los neandertales y a otros homininos.

Anneline Pinson y Wieland Huttner, del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética de Dresde, un gen en concreto es uno de los posibles responsables. El gen TKTL1 codifica una proteína que se fabrica cuando el cerebro del feto se desarrolla. Una única mutación genética en la versión humana de TKTL1 cambió un aminoácido, lo que dio lugar a una proteína diferente de las encontradas en los ancestros de los homínidos, los neandertales y los primates no humanos.

El equipo sospechó que esta proteína impulsaba la proliferación de células progenitoras neuronales (que se convierten en neuronas) a medida que se desarrolla el cerebro, concretamente en una zona llamada neocorteza, implicada en la función cognitiva. Esto, razonaron, dotaría a los humanos modernos de una ventaja cognitiva sobre sus antepasados.

Para comprobarlo, Pinson y su equipo insertaron el gen TKTL1 en el cerebro de embriones de ratón y hurón; en unos, introdujeron la versión humana, y en otros, la versión ancestral. Los animales con el gen humano desarrollaron un número significativamente mayor de células progenitoras neuronales. Cuando los investigadores modificaron las células de la neocorteza de un feto humano para que produjeran la versión ancestral, descubrieron que en el tejido fetal había menos células progenitoras y menos neuronas de las que tendría en circunstancias normales. Lo mismo ocurrió cuando insertaron la versión ancestral de TKTL1 en organoides cerebrales (estructuras similares a un minicerebro cultivadas a partir de células madre humanas).

Los registros fósiles indican que los humanos y los neandertales tenían aproximadamente el mismo tamaño cerebral. Esto significa que la neocorteza de los humanos modernos es más densa u ocupa una mayor parte del cerebro. A Huttner y a Pinson les sorprendió que un cambio genético tan pequeño pudiera afectar al desarrollo de la neocorteza de forma tan drástica. Según Huttner, «fue una mutación casual que tuvo enormes consecuencias».

Alysson Muotri, neurocientífica de la Universidad de California en San Diego, es más escéptica. Señala que las distintas líneas celulares se comportan de forma diferente cuando se convierten en organoides, y le gustaría que se probase la versión ancestral de TKTL1 en más células humanas. Además, añade, el genoma neandertal se comparó con el de un europeo moderno, pero las poblaciones humanas de otras partes del mundo podrían compartir algunas variantes genéticas con los neandertales.

Pinson señala que la versión neandertal de TKTL1 es muy rara entre los humanos modernos y añade que se desconoce si causa alguna enfermedad o provoca diferencias cognitivas. Según Huttner, la única manera de demostrar que desempeña un papel en la función cognitiva sería diseñar genéticamente ratones o hurones que siempre tuvieran la forma humana del gen, y comparar su comportamiento con animales que tuvieran la versión ancestral. Pinson planea investigar más a fondo los mecanismos a través de los cuales TKTL1 favorece la proliferación de células progenitoras neuronales.

La Neurobiología interpersonal (IPNB) es esencialmente un marco teórico asociado con el desarrollo humano y su funcionamiento para integrar un mejor entendimiento de la salud mental asi como tratamientos más efectivos para promover un bienestar mental.

Su desarrollo se deben a Dr Daniel Siegel La mutación de un gen impulsó la evolución del cerebro de los humanos modernos y a Sara Reardon Un pequeño cambio en el gen TKTL1  impulsó el crecimiento neuronal

Hace más de 500.000 años, cuando los antepasados de los neandertales y los humanos modernos se dispersaron por el mundo, una mutación genética provocó que los cerebros de algunos de ellos mejorasen repentinamente. Esta mutación, de la que se informa en Science, incrementó drásticamente el número de células cerebrales en los homininos anteriores a los humanos modernos. Eso les pudo conferir una ventaja cognitiva sobre los neandertales.

Arnold Kriegstein, neurólogo de la Universidad de California en San Francisco, señala que «este gen es sorprendentemente importante». Espera que resulte ser una de las muchas alteraciones genéticas que confirieron una ventaja evolutiva a los humanos sobre otros homininos. «Creo que arroja nueva luz sobre la evolución humana.»

Cuando, en 2014, se secuenció por primera vez el genoma de un neandertal, entre otras modificaciones genéticas se identificaron 96 aminoácidos (los componentes básicos que forman las proteínas) que difieren entre los neandertales y los humanos modernos. Desde entonces, se han estudiado todas para averiguar cuáles de ellas ayudaron a los humanos modernos a superar a los neandertales y a otros homininos.

Para los neurocientíficos Anneline Pinson y Wieland Huttner, del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética de Dresde, un gen en concreto es uno de los posibles responsables. El gen TKTL1 codifica una proteína que se fabrica cuando el cerebro del feto se desarrolla. Una única mutación genética en la versión humana de TKTL1 cambió un aminoácido, lo que dio lugar a una proteína diferente de las encontradas en los ancestros de los homínidos, los neandertales y los primates no humanos.

El equipo sospechó que esta proteína impulsaba la proliferación de células progenitoras neuronales (que se convierten en neuronas) a medida que se desarrolla el cerebro, concretamente en una zona llamada neocorteza, implicada en la función cognitiva. Esto, razonaron, dotaría a los humanos modernos de una ventaja cognitiva sobre sus antepasados.

Para comprobarlo, Pinson y su equipo insertaron el gen TKTL1 en el cerebro de embriones de ratón y hurón; en unos, introdujeron la versión humana, y en otros, la versión ancestral. Los animales con el gen humano desarrollaron un número significativamente mayor de células progenitoras neuronales. Cuando los investigadores modificaron las células de la neocorteza de un feto humano para que produjeran la versión ancestral, descubrieron que en el tejido fetal había menos células progenitoras y menos neuronas de las que tendría en circunstancias normales. Lo mismo ocurrió cuando insertaron la versión ancestral de TKTL1 en organoides cerebrales (estructuras similares a un minicerebro cultivadas a partir de células madre humanas).

Los registros fósiles indican que los humanos y los neandertales tenían aproximadamente el mismo tamaño cerebral. Esto significa que la neocorteza de los humanos modernos es más densa u ocupa una mayor parte del cerebro. A Huttner y a Pinson les sorprendió que un cambio genético tan pequeño pudiera afectar al desarrollo de la neocorteza de forma tan drástica. Según Huttner, «fue una mutación casual que tuvo enormes consecuencias».

Alysson Muotri, neurocientífica de la Universidad de California en San Diego, es más escéptica. Señala que las distintas líneas celulares se comportan de forma diferente cuando se convierten en organoides, y le gustaría que se probase la versión ancestral de TKTL1 en más células humanas. Además, añade, el genoma neandertal se comparó con el de un europeo moderno, pero las poblaciones humanas de otras partes del mundo podrían compartir algunas variantes genéticas con los neandertales.

Pinson señala que la versión neandertal de TKTL1 es muy rara entre los humanos modernos y añade que se desconoce si causa alguna enfermedad o provoca diferencias cognitivas. Según Huttner, la única manera de demostrar que desempeña un papel en la función cognitiva sería diseñar genéticamente ratones o hurones que siempre tuvieran la forma humana del gen, y comparar su comportamiento con animales que tuvieran la versión ancestral. Pinson planea investigar más a fondo los mecanismos a través de los cuales TKTL1 favorece la proliferación de células progenitoras neuronales.

Lo que hace un sistema nervioso es construir un modelo del mundo para integrar de manera comprensible el significado de ese innumerable volumen de datos sensoriales.

El tener que imaginar lo que existió, conduce sin duda a la confusión y error

Se pretende conocer los procesos mentales de las personas que ni siquiera tenían posibilidad de dejarnos información pero lo que pretendían o hacían eran esencia de los procesos mentales de las personas que ya no están y ni siquiera encontraron herramientas para expresarse?

Las cuevas donde se han conservado manifestaciones de quienes ya poseían imaginación son muy posteriores a los primates cuyo nivel de conciencia en el árbol de la vida es más cercano a las musarañas que a nosotros. Además, los sistemas nerviosos están conformados por tejido blando que se destruye muy poco tiempo después de la muerte de un organismo. Los fósiles, pues, aportan sólo una clave para resolver el enigma.

Harry Jerison estudió durante décadas los registros de sitios como la Sima de los Huesos en Atapuerca, provincia de Burgos, a fin de hallar claves evolutivas, esto es, cuáles fueron las presiones selectivas que permitirían no sólo el aumento de la masa cerebral de nuestros antepasados primates, sino la complejidad de sus conexiones neuronales.

El profesor Jerison trataba de encontrar una aguja en un pajar.. A partir de restos de cavidades craneanas fosilizadas se puede inferir, entre otras cosas, que los neandertales tenían un área prefrontal exactamente del mismo tamaño que la nuestra. Los insignificantes mamíferos de hace unos 200 millones de años evolucionaron por su capacidad de construir, durante la noche, un mapa cognitivo de la realidad circundante gracias al poder de su sistema auditivo. A diferencia de reptiles como los dinosaurios, quienes sólo conocían el estímulo-respuesta y su actitud frente a los avatares cotidianos era errática, los mamíferos sabían diseñar estrategias de acción. Cuando los grandes reptiles desaparecieron hace poco menos de 70 mda, la vista comenzó a adquirir preponderancia en el concierto de instrumentos que permiten a los mamíferos, como nosotros, diagnosticar lo que pasa “allá afuera”. Su evolución fue tal que ahora somos organismos visuales.

Interpreto que la utilización variada de los órganos de los sentidos, modifico la evolución del hominido y de otros animales.

El tamaño del cerebro de los mamíferos aumentó de tamaño, explica Jerison, y se llenó de receptores sensoriales. Así, el reto era integrar todos los sentidos para adquirir la capacidad de reconocer un objeto que, en teoría, podía definirse mediante un número casi infinito de diferentes tipos de receptores. La solución consistió en desarrollar una manera básica y visual, que compartimos muchas especies, cuyo propósito es representar el mundo que percibimos a cada momento, usar dicha imagen para reconocer objetos y establecer una jerarquía entre ellos.

Mientras que el cerebro de los reptiles es en esencia un mecanismo reflejo ante la realidad circundante, en el cerebro de los mamíferos surgió la capacidad de darse cuenta de sí mismo y de que hay un mundo real en movimiento. Así aparecieron especies con la habilidad de procesar estímulos mediante una representación perceptual y consciente del mundo.

Para Jerison la función prístina de la conciencia fue generar una imagen de infinidad de objetos, sin importar qué tipo de receptores sensoriales se utilicen para reconocerlos, pero entendiendo el significado de cada uno de ellos. Los reptiles jamás llegarían a tal conclusión dado que su sistema nervioso reacciona sin buscar mayor significado, mientras que el cerebro de los mamíferos logró transformar el estímulo en un “objeto” existente en el espacio tiempo y pudo, en consecuencia, enfrentarlo de manera activa porque significa algo en cada ocasión.

El profesor Jerison insistió en afirmar que el cerebro humano no es más que un viejo marrullero, como aquel equipo de veteranos por los que, uno por uno, no darías un quinto pero que, en conjunto, suelen dar el campanazo. Dicho de otra manera, entender cada trozo de información sensorial coherente (bytes) e incoherente (bits) nos llevaría a la debacle, nuestro dispositivo se colapsaría y ya habríamos desaparecido de la faz de la Tierra. De acuerdo con el paleoneurobiólogo, lo que hace un sistema nervioso es construir un modelo del mundo para integrar de manera comprensible el significado de ese innumerable volumen de datos sensoriales. Lo individual no vale, pero el conjunto es armonioso.

En la medida que el tiempo evolutivo siguió su curso la capacidad de imaginar modelos mejoró y, por ende, fue más fácil reconocer cierto patrón en diversas clases de datos (desde el zumbido de un mosquito hasta el estallido de un relámpago, por ejemplo). Dado que es imposible reconocer cada dato, lo que el modelo nos permite imaginar es su ubicación en la escena (si el mosquito ya hizo de la suyas o apenas se acerca amenazante, si la tormenta es inminente o habrá de disiparse). Sabemos que el mundo que percibimos es únicamente el modelo que hemos podido crearnos de él (algunos somos más sensibles que otros al ataque nocturno de insectos), si bien no es el mundo mismo.

La autoconciencia nos deja distinguir el conocimiento que adquirimos por el lenguaje articulado y el que proviene de los sentidos. Los esquizofrénicos que escuchan voces y los paranoicos que se sienten perseguidos por alguna fuerza del mal han perdido esta capacidad de entender y enfrentar la realidad. Algo similar sucede con lo sueños y las experiencias místicas, donde no estamos seguros de que el acontecer sea real o no. Para Jerison, cuando parece que abandonamos nuestro cuerpo en un evento extático de hecho lo que sucede es el derrumbe de nuestra habilidad para ir y venir entre los sentidos externos (datos sensoriales) y el sentido del lenguaje.

La mutación de un gen impulsó la evolución del cerebro de los humanos modernos

Un pequeño cambio en el gen TKTL1  impulsó el crecimiento neuronal.

Hace más de 500.000 años, cuando los antepasados de los neandertales y los humanos modernos se dispersaron por el mundo, una mutación genética provocó que los cerebros de algunos de ellos mejorasen repentinamente. Esta mutación, de la que se informa en Science, incrementó drásticamente el número de células cerebrales en los homininos anteriores a los humanos modernos. Eso les pudo conferir una ventaja cognitiva sobre sus primos neandertales.

Arnold Kriegstein, neurólogo de la Universidad de California en San Francisco, señala que «este gen es sorprendentemente importante». Espera que resulte ser una de las muchas alteraciones genéticas que confirieron una ventaja evolutiva a los humanos sobre otros homininos. «Creo que arroja nueva luz sobre la evolución humana.»

Cuando, en 2014, se secuenció por primera vez el genoma de un neandertal, entre otras modificaciones genéticas se identificaron 96 aminoácidos (los componentes básicos que forman las proteínas) que difieren entre los neandertales y los humanos modernos. Desde entonces, se han estudiado todas para averiguar cuáles de ellas ayudaron a los humanos modernos a superar a los neandertales y a otros homininos.

Para los neurocientíficos Anneline Pinson y Wieland Huttner, del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética de Dresde, un gen en concreto es uno de los posibles responsables. El gen TKTL1 codifica una proteína que se fabrica cuando el cerebro del feto se desarrolla. Una única mutación genética en la versión humana de TKTL1 cambió un aminoácido, lo que dio lugar a una proteína diferente de las encontradas en los ancestros de los homínidos, los neandertales y los primates no humanos.

El equipo sospechó que esta proteína impulsaba la proliferación de células progenitoras neuronales (que se convierten en neuronas) a medida que se desarrolla el cerebro, concretamente en una zona llamada neocorteza, implicada en la función cognitiva. Esto, razonaron, dotaría a los humanos modernos de una ventaja cognitiva sobre sus antepasados.

Para comprobarlo, Pinson y su equipo insertaron el gen TKTL1 en el cerebro de embriones de ratón y hurón; en unos, introdujeron la versión humana, y en otros, la versión ancestral. Los animales con el gen humano desarrollaron un número significativamente mayor de células progenitoras neuronales. Cuando los investigadores modificaron las células de la neocorteza de un feto humano para que produjeran la versión ancestral, descubrieron que en el tejido fetal había menos células progenitoras y menos neuronas de las que tendría en circunstancias normales. Lo mismo ocurrió cuando insertaron la versión ancestral de TKTL1 en organoides cerebrales (estructuras similares a un minicerebro cultivadas a partir de células madre humanas).

Los registros fósiles indican que los humanos y los neandertales tenían aproximadamente el mismo tamaño cerebral. Esto significa que la neocorteza de los humanos modernos es más densa u ocupa una mayor parte del cerebro. A Huttner y a Pinson les sorprendió que un cambio genético tan pequeño pudiera afectar al desarrollo de la neocorteza de forma tan drástica. Según Huttner, «fue una mutación casual que tuvo enormes consecuencias».

Alysson Muotri, neurocientífica de la Universidad de California en San Diego, es más escéptica. Señala que las distintas líneas celulares se comportan de forma diferente cuando se convierten en organoides, y le gustaría que se probase la versión ancestral de TKTL1 en más células humanas. Además, añade, el genoma neandertal se comparó con el de un europeo moderno, pero las poblaciones humanas de otras partes del mundo podrían compartir algunas variantes genéticas con los neandertales.

Pinson señala que la versión neandertal de TKTL1 es muy rara entre los humanos modernos y añade que se desconoce si causa alguna enfermedad o provoca diferencias cognitivas. Según Huttner, la única manera de demostrar que desempeña un papel en la función cognitiva sería diseñar genéticamente ratones o hurones que siempre tuvieran la forma humana del gen, y comparar su comportamiento con animales que tuvieran la versión ancestral. Pinson planea investigar más a fondo los mecanismos a través de los cuales TKTL1 favorece la proliferación de células progenitoras neuronales.

Referencia:

Sara Reardon Cráneos de un humano moderno y de un neandertal [hairymuseummatt/Reconocimiento-CompartirIgual 2.0 Genérica (CC BY-SA 2.0), imagen derivada]

Anneline Pinson y Wieland Huttner, del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética de Dresde

Alysson Muotri, neurocientífica de la Universidad de California en San Diego

 

 

PALEONEUROBIOLOGÍA

PALEONEUROBIOLOGÍA, CIENCIA POSMODERNA

La Neurobiología interpersonal (IPNB) es esencialmente un marco teórico asociado con el desarrollo humano y su funcionamiento para integrar un mejor entendimiento de la salud mental asi como tratamientos más efectivos para promover un bienestar mental.

IPNB tiene un extensa fundamentación científica para la salud mental y las relaciones saludables, brindando nuevos conocimientos en in las interacciones de la mente, cerebro y las relaciones.

Es desarrollada en los años 90’s por el Dr Daniel Siegel quien buscaba traer un cojunto de evidencia científica en diferentes campos sobre la mente, cerebro y las relaciones para ser integrados en un solo campo de estudio y aplicación.

La ciencia la paleoneurobiología busca descubrir los procesos mentales de nuestros antepasados.

La arqueoastronomía nos permite releer las antiguas culturas y encontrar las huellas de ese ser mítico que parece determinar nuestra visión de la realidad escatológica llamado uróboros, la posmoderna paleoneurobiología está empeñada en romper con visiones enquistadas de la evolución de la vida.

Lo que hace un sistema nervioso es construir un modelo del mundo para integrar de manera comprensible el significado de ese innumerable volumen de datos sensoriales.

El tener que imaginar lo que existió, conduce sin duda a la confusión y error

¿Cómo saber la esencia de los procesos mentales de las personas que ya no están y ni siquiera encontraron herramientas para expresarse?

Las cuevas donde se han conservado manifestaciones de quienes ya poseían imaginación son muy posteriores a los primates cuyo nivel de conciencia en el árbol de la vida es más cercano a las musarañas que a nosotros. Además, los sistemas nerviosos están conformados por tejido blando que se destruye muy poco tiempo después de la muerte de un organismo. Los fósiles, pues, aportan sólo una clave para resolver el enigma.

Harry Jerison estudió durante décadas los registros de sitios como la Sima de los Huesos en Atapuerca, provincia de Burgos, a fin de hallar claves evolutivas, estos es, cuáles fueron las presiones selectivas que permitirían no sólo el aumento de la masa cerebral de nuestros antepasados primates, sino la complejidad de sus conexiones neuronales.

El profesor Jerison trataba de encontrar una aguja en un pajar.. A partir de restos de cavidades craneanas fosilizadas se puede inferir, entre otras cosas, que los neanderthales tenían un área prefrontal exactamente del mismo tamaño que la nuestra. Los insignificantes mamíferos de hace unos 200 millones de años evolucionaron por su capacidad de construir, durante la noche, un mapa cognitivo de la realidad circundante gracias al poder de su sistema auditivo. A diferencia de reptiles como los dinosaurios, quienes sólo conocían el estímulo-respuesta y su actitud frente a los avatares cotidianos era errática, los mamíferos sabían diseñar estrategias de acción. Cuando los grandes reptiles desaparecieron hace poco menos de 70 mda, la vista comenzó a adquirir preponderancia en el concierto de instrumentos que permiten a los mamíferos, como nosotros, diagnosticar lo que pasa “allá afuera”. Su evolución fue tal que ahora somos organismos visuales.

Interpreto que la utilización variada de los órganos de los sentidos, modifico la evolución del hominido y de otros animales.

El tamaño del cerebro de los mamíferos aumentó de tamaño, explica Jerison, y se llenó de receptores sensoriales. Así, el reto era integrar todos los sentidos para adquirir la capacidad de reconocer un objeto que, en teoría, podía definirse mediante un número casi infinito de diferentes tipos de receptores. La solución consistió en desarrollar una manera básica y visual, que compartimos muchas especies, cuyo propósito es representar el mundo que percibimos a cada momento, usar dicha imagen para reconocer objetos y establecer una jerarquía entre ellos.

Mientras que el cerebro de los reptiles es en esencia un mecanismo reflejo ante la realidad circundante, en el cerebro de los mamíferos surgió la capacidad de darse cuenta de sí mismo y de que hay un mundo real en movimiento. Así aparecieron especies con la habilidad de procesar estímulos mediante una representación perceptual y consciente del mundo.

Para Jerison la función prístina de la conciencia fue generar una imagen de infinidad de objetos, sin importar qué tipo de receptores sensoriales se utilicen para reconocerlos, pero entendiendo el significado de cada uno de ellos. Los reptiles jamás llegarían a tal conclusión dado que su sistema nervioso reacciona sin buscar mayor significado, mientras que el cerebro de los mamíferos logró transformar el estímulo en un “objeto” existente en el espacio tiempo y pudo, en consecuencia, enfrentarlo de manera activa porque significa algo en cada ocasión.

El profesor Jerison insistió en afirmar que el cerebro humano no es más que un viejo marrullero, como aquel equipo de veteranos por los que, uno por uno, no darías un quinto pero que, en conjunto, suelen dar el campanazo. Dicho de otra manera, entender cada trozo de información sensorial coherente (bytes) e incoherente (bits) nos llevaría a la debacle, nuestro dispositivo se colapsaría y ya habríamos desaparecido de la faz de la Tierra. De acuerdo con el paleoneurobiólogo, lo que hace un sistema nervioso es construir un modelo del mundo para integrar de manera comprensible el significado de ese innumerable volumen de datos sensoriales. Lo individual no vale, pero el conjunto es armonioso.

En la medida que el tiempo evolutivo siguió su curso la capacidad de imaginar modelos mejoró y, por ende, fue más fácil reconocer cierto patrón en diversas clases de datos (desde el zumbido de un mosquito hasta el estallido de un relámpago, por ejemplo). Dado que es imposible reconocer cada dato, lo que el modelo nos permite imaginar es su ubicación en la escena (si el mosquito ya hizo de la suyas o apenas se acerca amenazante, si la tormenta es inminente o habrá de disiparse). Sabemos que el mundo que percibimos es únicamente el modelo que hemos podido crearnos de él (algunos somos más sensibles que otros al ataque nocturno de insectos), si bien no es el mundo mismo.

La autoconciencia nos deja distinguir el conocimiento que adquirimos por el lenguaje articulado y el que proviene de los sentidos. Los esquizofrénicos que escuchan voces y los paranoicos que se sienten perseguidos por alguna fuerza del mal han perdido esta capacidad de entender y enfrentar la realidad. Algo similar sucede con lo sueños y las experiencias místicas, donde no estamos seguros de que el acontecer sea real o no. Para Jerison, cuando parece que abandonamos nuestro cuerpo en un evento extático de hecho lo que sucede es el derrumbe de nuestra habilidad para ir y venir entre los sentidos externos (datos sensoriales) y el sentido del lenguaje.

Todo esto que no es mas mas que imaginar el pasado, es muy entretenido, pero seguro que falso.

Nuestro cerebro todavía no esta preparado para imaginar en serio

Por Carlos Chimal19 febrero 2014

el Dr Daniel Siegel Que es la Neurobiología