¿Dónde está la conciencia?

La conciencia da significado a lo que somos, lo que queremos, nuestro lugar en el mundo, toda nuestra experiencia.

La conciencia es lo más genuinamente humano, es la interpretación subjetiva de lo que nos pasa. Todo lo que nos sucede viene prendado de señales procedentes de nuestros sentidos y nuestro entorno, pero además viene unido a emociones y recuerdos. Como una especie de voz superpuesta, es uno de los elementos fundamentales de la existencia humana. Nuestra película interna, imprescindible para que la vida tenga sentido y valor. Quizá sea el fenómeno más misterioso del mundo.

Pero aparte de definirla, la conciencia suscita muchas preguntas para las que aún no tenemos buenas respuestas. Se suelen clasificar en fáciles y difíciles. Vayamos con las fáciles: ¿qué tiene de especial el cerebro para generar la conciencia? ¿Está además situada en alguna zona concreta? Y por supuesto, ¿cómo funciona? O, dicho de otra forma, ¿por qué una pieza de materia activa altamente organizada genera una sensación consciente? ¿Le ocurriría a cualquier otro material igualmente complejo?

Después de todo, el cerebro es como cualquier otro órgano, sujeto a las mismas leyes físicas que el corazón o el páncreas. ¿Qué lo hace diferente? Intentemos en este artículo tan solo dar alguna pincelada sobre el lugar donde reside la conciencia.

¿Dónde está la conciencia?

Se ha tratado de decir que la conciencia involucra a todo el sistema nervioso, pero no es exacto. Es evidente que la médula espinal no está involucrada, porque si se corta, la persona parapléjica continúa teniendo emociones y sensaciones. También es evidente que tampoco está en el cerebelo, que contiene algunos de los circuitos neuronales más antiguos en términos evolutivos y que tiene mucho que ver con el control motor, la postura y los movimientos.

El cerebelo contiene casi un 70% del total de las neuronas del encéfalo. Sin embargo, si alguna parte del cerebelo se pierde, o es afectada por un infarto cerebral, apenas ocurre nada con la conciencia. Un paciente en estas circunstancias puede experimentar dificultades de movimiento, de coordinación… pero no pierde ningún aspecto de su conciencia.

 

Estado vegetativo: conscientes pero sin poder comunicarse

El aparato cerebelar funciona como una especie de colección de baterías en paralelo. Es decir, son una serie de unidades relativamente independientes que se ocupan de distintas tareas y van pasándose de una a otra el resultado de su trabajo sin estar integradas. No hay circuitos de retorno y, por tanto, la actividad eléctrica va fundamentalmente en un único sentido. Sin embargo, la conciencia se caracteriza por una integración (palabra clave en la conciencia) muy íntima, de ida y vuelta y en todas direcciones.

Esta capacidad de integración se encuentra en la materia gris que constituye la corteza cerebral. La conciencia tiene que ver con las láminas superpuestas de la zona del neocórtex. Las sensaciones se generan allí. Se puede acotar un poco más porque, cuando se muestran a los sujetos imágenes que les producen sensaciones, el estudio por resonancia magnética funcional revela que se activa una zona cortical concreta denominada zona caliente, situada en la zona parietal occipital y temporal.

Las cortezas auditivas, visuales y somatosensoriales no forman la experiencia del sujeto, sino que procesan la señal y la pasan a la zona caliente trasera, que es la que produce la percepción consciente. Si se estimula esa zona, se produce toda una serie de sensaciones y experiencias, como ver destellos de luz, formas geométricas, distorsiones de rostros, alucinaciones auditivas o visuales, sensación de irrealidad, necesidad de mover una extremidad específica, etc. Estimular la corteza frontal, sin embargo, no genera experiencia directa.

Pérdida de la experiencia consciente

Si por causa de enfermedades o traumas se pierden incluso pequeñas zonas del córtex posterior, se puede llegar a perder grandes aspectos de la experiencia consciente. Los pacientes, por ejemplo, pueden ser incapaces de reconocer caras, no ser capaces de observar el movimiento, el color o el propio espacio. Esa zona posterior del córtex no se integra durante el sueño y, por eso, aunque las neuronas se disparan, no hay conciencia.

La conciencia es un inmenso regalo que constituye los sonidos, los sentimientos, las emociones, los deseos

Tan solo hemos dado unas ideas sobre la localización de la conciencia, sin entrar en modelos de funcionamiento, pero no queremos terminar sin aludir a las llamadas preguntas difíciles, tal y como las denomina David Chalmers. Así, todas ellas podrían resumirse en: ¿por qué todo se siente como si procediera de dentro? Podemos expresarlo de varias formas más: ¿por qué la calidad de las experiencias difiere? ¿Por qué una Luna llena se siente tan diferente del llanto de un niño? ¿Por qué los organismos capaces de percibir tienen experiencias fenomenológicas? ¿Por qué se perciben algunos estados internos como tales estados y hablamos del dolor o el calor, en lugar de que sucedan y no se perciban como no los percibe un objeto? Estas preguntas difíciles persistirán incluso cuando todas las funciones cerebrales estén explicadas.

La conciencia es un inmenso regalo que constituye los sonidos, los sentimientos, las emociones, los deseos. Da significado a lo que somos, lo que queremos, nuestro lugar en el mundo, toda nuestra experiencia. El sentido fundamental de nuestra existencia misma. Se ha llegado a decir que deberíamos cambiar el cartesiano “pienso luego existo” por “tengo conciencia luego existo”.

Javier Pérez Castells | 08 de agosto de 2019