Enriquerubio.net El blog del Dr. Enrique Rubio

17 junio 2016

LA TEORIA DE LA MENTE

Filed under: psiconeuroinmunologia — Enrique Rubio @ 20:13

Nadie puede dudar, que al menos muchos cerebros tienen capacidad de predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias. De forma que un sistema cognoscitivo como el cerebro, tiene capacidad de conocer otro sistema cognoscitivo. Se dice entonces que es un sistema metacognoscitivo, y se le conoce por nombres distintos, como Teoría de la mente (ToM), cognición social, psicología popular, psicología intuitiva  o conducta intencional.

El estudio se empezó para ver si los chimpancés eran capaces de entender la mente humana. Y efectivamente algún chimpancé era capaz de elegir entre unas fotos que mostraban la conducta acertada de un hombre intentaba coger una piña de plátanos que estaba fuera de su alcance utilizando un taburete o una pértiga. El número de aciertos del chimpancé Sarah fue de 21 sobre 24.

Parecía que el chimpancé era capaz de imaginar lo que el humano tenia que hacer. Después de esto los estudios demuestran que los animales son capaces de predecir la conducta de sus congeneres para conducirlos o manipularlos. Esta conducta es especifica de los grandes simios y de los humanos y permiten definir al cerebro básicamente como: “Una maquina predictiva encaminada a disminuir la incertidumbre del entorno”.

En principio las investigaciones de Barón-Cohen se encaminaron al estudio de los niños autistas. Estos autores quieren demostrar que estos niños tienen más problemas para adivinar la mente de los demás.

Las  pruebas son aun groseras y demuestran que algunos grupos de humanos, no son capaces de distinguir  entre imágenes de verdad y engaño. Usando un video, se ve que  Paquito esconde una pelota en una cajita, se va y viene Carmencita, saca la pelota y la mete en otra cajita diferente. La pregunta a la persona testada, es ¿Dónde buscaría Paquito la pelota?  Los niños de 2 años y los autistas son incapaces de acertar en la prueba del engaño.

La experiencia clinica y sobre todo la bibliografía, demuestran que las lesiones del hemisferio cerebral derecho, sobre todo la region de la amigdala del hipocampo, que se situa anterior e interna en los lóbulos temporales, suelen tener incapacidad para comprender el sarcasmo o la ironia y no tienen capacidad de empatizar .

El reconocimiento facial, entender  las emociones en la cara de los demas  es otra de las alteraciones que proporciona la lesion de la amigdala del hipocampo. La amigdala reconoce el peligro y la amenaza y nos ayudan a resolver la ambigüedad para poner en marcha la conducta de retirada.

En síntesis la teoria de la mente, trata de encontrar las estructuras cerebrales que estan relacionadas con el reconociemiento del lenguage verdadero o engañoso, comportamientro social y empatia.

Tanto en el circuito limbico, como en la corteza del lobulo prefrontal, existen unas neuronas que se llaman en espejo, que son capaces de ver e informarnos, de lo que piensa, siente y dice nuestro interlocutor, interpretarlas y tomar medidas oportunas.

Parece que algunos autistas,  los enfermos con  psicosis y los antiguos psicopatas, a los que hoy se les llama trastornos de la personalidad.  No tienen esta capacidad de ponerse en el caso del otro y explicaria su conducta, terrible en ocaciones e inexplicables para la mayoria.

Cada dia son mas frecuentes encontrar personas a las que no les interesamos nada, ni nada les interesa, solo ellos son importantes  para ellos mismos.

No es este un tema terrible, permite encontrar las zonas cerebrales que se encargan de sospechar el dolor de los demás y remediarlo. Y cuando encontremos todas estas zonas, que indublamente están situadas con la parte interna de nuestros cerebros, y se le llama lóbulo límbico, porque es redondo y en el se regulan y depositan las emociones que vivimos y almacenamos donde radican  el control de las emociones y que a su vez se conectan con los lóbulos frontales que son del ímpetu de las emociones.

El mapear el cerebro sirvió para ver que todas o muchas de las zonas  que hasta ahora conocemos tienen una misión específica. Esto es valido para funciones relacionadas con los órganos de los sentidos. Ver, oir, oler, gustar y tocar y por supuesto para dar una respuesta de movimiento, no solo a los músculos para desplazarnos, sino a las glándulas para que segreguen la hormona que produce. Sin embargo cuando nos enfrentamos con el cerebro que piensa, toma decisiones, inventa y en general crea. La localización no es ni tan precisa, ni por supuesta conocida. Parece entonces que zonas que tienen misión  proyectiva, se conectan con las demás y adquieren entonces funciones mentales.

De ellas es sabido por lo menos desde el siglo XII, que nuestro cerebro tiene la superposición de los cerebros de animales que nos han precedido.

Lo que me da miedo es la tendencia de nuestra ciencia de encontrar cosas, se pone de moda cualquier concepto y a partir de ahí lo vemos repetido en todas partes. Nos proporciona adicción a lo nuevo. Por ejemplo:

Está de moda la inflamación que tiene ya 20 siglos de existencia, hasta ahora podíamos pasar sin ella aunque sea fue siempre una fusión reparadora inesperada y muchas veces martiriza, en los tiempos actuales no podemos vivir sin ella, cualquier agresión se sigue de una reparación por parte del organismo que enturbia a veces más que beneficia la enfermedad. Ya todo es inflamación, que no hay nada que no se inflame, hasta el punto que posiblemente hace más daño los intento de reparar que el patógenos en si, y el peligro repito esta en la necesidad que tenemos de concluir y buscar soluciones.

Por ello hace falta acordarse de lo que decía de Profesor Sopeña, cuando vean ustedes algo fácil en biología, “ es mentira”.

Para sobrevivir hace falta ilusionarse y acudir a tópicos, a los que hay que tratar con cuidado, parte son producto de nuestra imaginación.

Es necesario seguir buscando pero con prudencia y frialdad. Lo más difícil de un investigador es emitir una hipótesis. El análisis puede estar fríamente hecho, la conclusión, la hipótesis siempre tiene un contenido ilusorio.

Seamos fríos en la conclusión y si es posible no nos fiemos de ella, hasta que otros también lo demuestren.

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