MI LIBRE ALBEDRÍO .

Este tema me ha encantado siempre pero nunca he creído que el hombre tenga libertad, salvo a ratos.
Mi punto de referencia soy yo, que he hecho lo que he podido, cuando he podido, pero no cuando no he podido y me atreví a decir, “ hice lo que crería y nunca estuve seguro de lo que debía”.
Hace unos días, al cumplirse los 70 años de la fundación de Neurocirugía Española, se celebró una espléndida sección en la real Academia de Medicina en Madrid. Me sorprendió la ilusión que mis compañeros y amigos de muchos años, sentían por haber participado en la creación de esta disciplina médica. Y no me parece mentira, sólo que exageraron la nota. Es verdad que el esfuerzo fue desmedido, mucho trabajo, mucho dolor, y una disciplina insoportable.

Todo el mundo era muy feliz, o casi todos, se trataba de médicos egregios y con pedigrí importante. Vamos, respiraban sabiduría, que, junto a la magnitud del edificio, invitada a la grandeza.
La libertad de nuestra actuación estaba siempre en nuestras manos, y yo nunca lo vi así. Lo que no existe hay que investigarlo y la mayoría de las veces, los resultados no traen la verdad. La verdad que yo encontré, apareció después de muchos esfuerzos, de mucho repetir, de mucha controversias y “ de insistir”. “TRY IT AGAIN

Para aprender hay que tener un cerebro sano, por lo menos a ratos. Y esto es infrecuente, pasajero y subjetivos e imprescindible.
Permítanme que juegue un poco a contar lo que es el libre albedrío.
Para empezar hablemos del libro de Joaquín Fuster (Barcelona, 1930) lleva décadas investigando el cerebro, Neurociencia en la Universidad de California , y en su libro Cerebro y Libertad, analiza la libertad, la organización de la memoria o la neuroeconomía.
El libre albedrío, no es otra cosa sino la capacidad de elegir entre posibles acciones o formas de lenguaje. Esa capacidad define lo que yo entiendo como libertad. Hay libertad para hacer esto o aquello y libertad de la supresión de lo malo, de lo que no quiero. En ambos casos se trata de una elección, incluida la opción de no hacer nada. Esta capacidad de decidir, esta libertad, está sobre todo en la corteza cerebral, la parte del cerebro que más finamente nos ajusta al medio.
Le hago mentalmente una pregunta ¿y esto como se consigue?.
Le preguntaría al Dr Fuster, en qué parte del cerebro y sus redes, está mi libertad para elegir acertadamente y con un esfuerzo soportable. No quiero morir en el intento. “el trabajo es un castigo bíblico”.
Mi revisión de la historia científica, a la yo llego, ésta sedimentada, por sabios, o personas en general, que durante muchos años no vieron lo que tenían al lado , mientras que otros con un campo de visión más grande y mucha casualidad, un día lo vieron y entonces dieron el campanazo, eso si con la critica terrible de los que no habían tenido éxito en la búsqueda, y posiblemente el trabajo no les sirvió para nada solo para envidiar. Ponerle el nombre de sabios o parecidos no arregla nada, quiero sustituir, la suerte y secuaces similares por la pregunta; “ porque somos tan torpes”, como no puedo encontrar con facilidad lo que necesito, para ser feliz, y entiendo por tal, “ no tener dolor ni malestar interior”.
Hay muchos factores que determinan nuestras decisiones. Muchos vienen del interior, como los impulsos biológicos, pero otros vienen de la memoria, de nuestra historia, de lo que Ortega llamaba la circunstancia, que no sólo incluye mi memoria sino la memoria filética, de la evolución. La libertad no se puede comprender sin el círculo percepción y acción. La relación constante con el mundo externo, a través de la criba de la memoria filial, es la circunstancia. La razón vital de Ortega se basaba en una lucha constante entre el destino y la necesidad. Esta libertad de elegir nos permite formar e inventar el futuro, el de cercano y el lejano, pero es una libertad predeterminada. Yo creo en el determinismo blando que decía William James, es decir, que soy consciente de que muchas cosas que elijo vienen en los genes, en mi historia, en mis experiencias pasadas que determinan que haga esto. Más de lo mismo, estoy envuelto en mensaje de los genes y del mundo que me rodea. Genotipo y fenotipo, ambos jugando eternamente, pero no solo bajo mi conciencia sino, con un orden aleatorio que yo no conozco ni manejo. Pero por favor no me culpen y no me castiguen por ello, lo he visto siempre asi.
Fuste en el prefacio de su libro. Cerebro y Libertad: En, la charla en que participó en Paris sobre “la libertad y el ejecutivo del cerebro” “Liberté et lËxecutif du Cerveau”, Dijo: “el albedrio humano es un fenómeno de la capacidad del cerebro para escoger, racionalmente o no, entre diversas acciones posibles. Y aquí cabe todo.

Un artículo aparecido hoy en la vanguardia de JOSEP CORBELLA, Barcelona, me llama la atención porque toca el tema de forma simple y racional

La temperatura de la felicidad es de 25 grados a mediodía y 10 por la noche
Una investigación revela las relaciones entre la meteorología y el estado de ánimo
27/04/2018

El estado de ánimo en el conjunto de una población es óptimo cuando la temperatura máxima diurna se sitúa alrededor de 25 grados, la mínima nocturna alrededor de 10, y además no llueve, la humedad es moderada y hay pocas nubes en el cielo.
Es la conclusión a la que ha llegado una investigación que ha analizado 2.400 millones de posts de Facebook y 1.100 millones de tuits sobre un periodo de ocho años, lo que la convierte en la investigación más amplia que se ha realizado sobre la relación entre meteorología y estado de ánimo. Los investigadores han relacionado palabras y expresiones que reflejan emociones positivas y negativas (como “contento” o “triste”) y las han relacionado con la situación meteorológica del lugar desde el que se envió cada mensaje.
Los resultados, presentados esta semana en la revista Plos One, detectan una relación significativa entre la meteorología y las emociones expresadas en las diferentes redes sociales.

La variable que más influye es la temperatura. La máxima frecuencia de expresiones positivas, y la mínima de expresiones negativas, se registra cuando la temperatura máxima diaria se sitúa en la franja de 20 a 30 grados. A medida que el valor se aleja de esta franja, tanto por encima de los 30 como por debajo de los 20, desaparece el buen humor de notas y tuits y aumentan las expresiones de malestar.
La variable que más influye en el estado de ánimo es la temperatura.
Además de mediodías cálidos, la mayoría de personas agradecen que las noches sean frescas: escriben mensajes más positivos cuando la diferencia entre la temperatura máxima y la mínima alcanza los 15 grados. “Pensamos que puede estar relacionado con los efectos negativos sobre el sueño de las temperaturas nocturnas elevadas”, señala por correo electrónico Nick Obradovich, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y coautor del estudio.
Después de la temperatura, la segunda variable meteorológica que más influye en el bienestar es la lluvia. “El efecto es bastante lineal –explica Obradovich–. Cuanta más cantidad de precipitación, peores sentimientos”.
Se ha detectado también una correlación del bienestar con la humedad y con la nubosidad, informa Esteban Moro, investigador del MIT y de la Universidad Carlos III de Madrid y coautor del estudio. Así, las expresiones de mal humor aumentan y las de buen humor se reducen cuando la humedad ambiental se sitúa por encima del 80%. Las mismas tendencias se observan con cielos muy cubiertos, mientras que los días soleados con cielos despejados se asocian a mensajes más positivos.
“Se ha detectado también una correlación del bienestar con la humedad y con la nubosidad”
Esteban Moro investigador del MIT y de la Universidad Carlos III de Madrid Estos efectos se han observado incluso cuando se retiran de la muestra analizada todos los mensajes que contienen palabras relacionadas con la meteorología.

Los investigadores concluyen en Plos One que “condiciones meteorológicas no ideales están relacionadas con sentimientos más negativos”.
San Sebastián. (Javier Etxezarreta / EFE) Aunque la investigación se ha basado en mensajes enviados desde Estados Unidos, Obradovich y Moro consideran que los resultados son extrapolables a España, que se encuentra en las mismas latitudes que el centro de EE.UU.
Los datos reflejan las preferencias del conjunto de la población que escribe tuits y notas, no las de cada persona. Un estudio anterior realizado en Holanda identificó cuatro perfiles principales de personas en su relación con la meteorología: las que se sienten mejor cuando llega el calor; las que se sienten peor con el calor; las que se sienten mal con la lluvia, gráficamente llamadas rain haters (es decir, odiadoras de lluvia); y las indiferentes.
El clima por lo menos, es capaz de modular el talante “ estado de ánimo”.
¿Y qué hago yo con esto?. Como consulto y controló la parte de mi sistema nervioso vegetativo “mi homeostasis”, y salir de este entuerto.
Me llama profundamente la atención el manejo tan sorprendente de la obtención de datos, muchos conocimientos para mucha gente. “big-data pero también el big-control” .
Por supuesto las injerencias que esto trae consigo, nos van a dar todos los disgustos del mundo. Y además sin tener soluciones para ello. Pero el miedo no es el sistema de control.
Simplemente “esperar y ver Wait and see”
Cuando tenga más cosas que contaros, lo hare pero sin la promesa del éxito.