Enriquerubio.net

22 Junio 2017

EL UNIVERSO Y EL CEREBRO

Archivado en: ANATOMIA, General — Enrique Rubio @ 17:23

EL UNIVERSO Y EL CEREBRO

La correspondencia entre las formas del universo, del macrocosmos y del microcosmos, nos hace pensar en una correspondencia de las funciones. Es decir, a diferentes escalas, tal vez a diferentes niíveles evolutivos, todas las cosas parecen operar bajos los mismos principios y manifestar una interconectividad que llena de asombro y refleja una enorme belleza en su arquitectura cósmica. Esto fue la inspiración, observar la naturaleza, que llevó a los primeros filósofos (y místicos) a formular teorías con respecto a la armonía universal, la semejanza de las formas y también sobre la divinidad (coherencia resonante en cada quantum del universo: el hombre como materialización simbólica de la conciencia cósmica, un ente cuyo cuerpo es información).
Entre los grandes filósofos de la naturaleza y de esta en particular que hoy en día la física agrupa bajo la teoría holográfica y fractal, se cuenta, en primer lugar, el mítico semidiós Hermes, a quien las tradiciones místicas le adjudican la fundación de todas las ciencias (incluyendo la escritura) y quien sintetizara toda la ciencia esotérica en su Tabla Esmeralda: “como arriba, es abajo”; Pitágoras, quien construyera una teoría de armonía universal entre las matemáticas, la música y los astros, cada uno una expresión (a diferente nivel) de un mismo código universal: el mundo, según este filósofo griego, es una sinfonía entre el Gran Hombre (el universo) y el Pequeño Hombre (el ser humano); Platón, quien viera en el mundo material la expresión o reflejo de un mundo espiritual (ideas o símbolos materializados).
Actualmente existen una serie de científicos que se han acercado desde la física a ese “arte” de la correspondencia entre las formas para descifrar el sistema operativo del universo (entre los cuales destaca David Bohm). Encontramos una versión interesante que expande estas teorías del autor Jay Alfred, cuyo postulado nos acerca a la posibilidad de que el universo entero sea una especie de inmenso cerebro (o Internet) que transmite información entre cada una de sus partes y el cerebro humano un reflejo de este cerebro cósmico al cual se conecta en perpetua retroalimentación.
«Las galaxias visibles en el universo no están aisladas ni desconectadas, sino están entretejidas por una estructura o red de filamentos que es la materia oscura que sirve como andamiaje del universo. Esta estructura en forma de red es una carcterística tanto de la materia oscura como del plasma magnético. La apariencia de esta red tiene un asombroso parecido con una disección del cerebro (ver imagen al principio de la entrada y hacer zoom).
»Pero no sólo es la morfología (aspectos estructurales) de la estructura del universo a grandes escalas la que es similar al cerebro humano, sino también la fisiología (las funciones). Estos filamentos transportan corrientes de partículas cargadas (iones) a lo largo de grandes distancias que generan campos magnéticos, al igual que una fibra nerviosa. Y forman circuitos, al igual que los circuitos neuronales en el cerebro.
»El alto grado de conectividad es lo que distingue al cerebro de una computadora ordinaria. La conectividad también es notable en la red cósmica. Las galaxias se forman cuando estos filamentos se cruzan entre sí. Un cúmulo (nexus) de filamentos provee la conectividad para transferir no sólo energía sino información de un núcleo galáctico a otro».
El autor también explica, aplicando la teoría de la memoria holográfica de Karl Pribram a toda la materia, cómo es posible que el universo sea también un organismo que graba todo lo que sucede en su “mansión de muchas habitaciones” (no existe el olvido, decía Borges). Algo que podría explicar por qué ciertos lugares parecen proyectar fantasmas o por qué la memoria está ligada al espacio donde un hecho ocurrió. Sugiere también la posibilidad de un intercambio de información entre los diversos tejidos cerebrales del universo, en sus diferentes escalas: galaxia, planeta, hombre, célula, electrón, etcétera:
«La Tierra parece tener un cerebro, ¿pero cómo recibe estímulos sensoriales? Una posibilidad es generando formas de vida. La miríada de formas de vida (incluyendo a los seres humanos) en el planeta son en realidad los muchos ojos y oídos de la Tierra. Las redes de corrientes en el cerebro de las formas de vida son parte integral de la red de corrientes en el cerebro de la Tierra. Es parte del interés del universo generar formas de vida para que pueda ver, oír, tocar, oler , probar y tomar conciencia de sí mismo de formas diversas.
»Si en realidad estamos conectados al cerebro de la Tierra, que está conectado al cerebro del universo, esto significa que compartimos un cerebro universal que puede tener contacto con el cerebro de otros planetas (o sistemas estelares) que generan sus propias memorias. Las formas de vida inteligente pueden mandar información (con o sin intención) vía el cerebro universal directamente a nuestro cerebro».
Tal vez el secreto de la semejanza entre las cosas, de las metáforas y los fractales, sea la obviedad. Que se parecen porque en el fondo son lo mismo. ¿Es posible que por alguna razón o divinidad en el insondable diseño del universo, las estrellas sean ojos y los cerebros galaxias?Es posible y quizás ese sea también el secreto del misterio de la existencia individual: averiguar por sí mismo y fundirse con el tejido neuronírico que llamamos universo, aquello a lo que tanto nos parecemos.
«El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ese nuestro caso? Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.» Jorge Luis Borges, “Avatares de la tortuga” (Discusión).
Harmonices mundi ( La armonía de los mundos , 1619 ) es un libro escrito por Johannes Kepler en la ciudad de Linz . El libro contiene la primera formulación de la tercera ley del movimiento planetario .
A Harmonices mundi Kepler intenta explicar los movimientos planetarios con base en un modelo geométrico de proporciones entre diferentes poliedros relacionando estos con escalas musicales. En esta obra muestra sus intentos de fijar las órbitas de los planetas en el interior de poliedros perfectos, o sólidos platónicos , tal como había hecho en una obra anterior, misterium Cosmographicum . Para gran decepción suya la teoría nunca funcionó y después de haber expuesto en largas páginas en esta obra la abandona finalmente mostrando que es incompatible con las observaciones y las leyes del movimiento planetario deducidas en Astronomía Nueva . Kepler intentó describir estos movimientos postulando una fuerza similar al magnetismo que él pensaba emanaba del Sol .
Kepler expuso en esta obra su teoría de que cada planeta produce un tono musical durante su movimiento de revolución alrededor del Sol y que la frecuencia del tono varía con la velocidad angular de los planetas. Algunos planetas producen notas musicales constantes: por ejemplo la Tierra sólo varía un semitono con una proporción de 16:15 (o equivalentemente la diferencia entre una nota mi y uno hace entre su afelio y su perihelio ) y Venus varía en un intervalo más reducido de 25:24. Kepler explica su razonamiento para deducir el reducido espacio de tonos propio de cada planeta en términos esotéricos.
« La Tierra canta Mi, Fa, Mi: se puede deducir de estas sílabas que en nuestro hogar podemos esperar mí seria y hace m. »
En momentos muy poco frecuentes todos los planetas podrían tocar juntos en perfecta concordancia. Kepler propuso que esto podría haber pasado una única vez en la historia, quizás en el momento de la creación.
En un libro anterior Astronomía nueva , Kepler había escrito las dos primeras leyes del movimiento planetario . La tercera ley, que indica que el cubo de la distancia media del planeta al Sol es proporcional al cuadrado de su período orbital, aparecía por primera vez en el capítulo 5 de este libro después de una larga discusión en astrología .

No hay comentarios »

Aún no hay comentarios.

Canal RSS de los comentarios de la entrada. URL para Trackback

Deja un comentario

Gestionado con WordPress