Enriquerubio.net El blog del Dr. Enrique Rubio

28 septiembre 2019

GÉRMENES DEL INTESTINO EN EL CEREBRO

Filed under: DEGENERATIVAS,INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 20:20

La barrera hematoencefálica, es un conjunto de «filtros» situados en los vasos sanguíneos que evitan la entrada de patógenos, toxinas y otras moléculas, en el cerebro. Teoricamente impiden que entren patógenos en el cerebro, pero cada vez se pone este axioma mas en duda, ya que determinados patógenos, cuando cambian las condiciones del medio, pueden penetrar esta barrera, permeabilizar el intestino y llegar al cerebro y cualquier parte de nuestra economía.

Investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.) encontraron en muestras de cerebros por casualidad unas formas alargadas en su interior, que posteriormente vieron que eran bacterias que se suelen encontrar en el intestino y pertenecen a tres grupos de microbios.
Cabe la duda de si estas bacterias no son producto de la contaminación, pero también podría ocurrir que estas bacterias intestinales vivieran dentro del cerebro de personas sanas.
Este hallazgo, realizado por Rosalinda Roberts y su grupo, fue presentado a la Sociedad de Neurociencia, en Estados Unidos, y revelado por Sciencemagazine.
Barrera Hematoencefalica
También piensan los autores que estos microbios, pueden ser inocuos o incluso beneficiosos para el organismo.
Por otra parte la investigadora, Courtney Walker y Charlene Farmer trabajaban con muestras de cerebro extraídas de 34 personas fallecidas solo unas horas antes. Su objetivo era comparar los cerebros de enfermos de esquizofrenia con los de personas no afectadas por esta dolencia. Las fotografías de microscopía electrónica, en las que se extraen pequeñas láminas de tejido, revelaron la presencia de corpúsculos dentro de ciertas células y en zonas concretas de estas.
Se encontraron las bacterias predominantemente en dos o tres lugares»,
En concreto, en los pies de los astrocitos, en la barrera hematoencefálica y junto a axones mielinizados. Además, la presencia de los microbios varió en cada región cerebral. En general, resultaron ser más abundantes en la sustancia negra (implicada en movimiento de ojos, planificación de movimientos, aprendizaje y adicción), el hipocampo (memoria, entre otros procesos) y el córtex prefrontal (pensamiento, memoria a corto plazo, atención), y más escasas en el cuerpo estriado (función motora, recompensa, etc).
Descartar que las bacterias hubieran llegado al cerebro después de la muerte, como una contaminación, les hizo buscar estos microbios en 10 ratones sanos. Extrajeron los tejidos justo después de la muerte de estos animales y, encontraron, más bacterias. A continuación, analizaron los cerebros de cuatro ratones desprovistos de microbios, criados expresamente para nacer en ausencia de bacterias. En este caso, encontraron tejidos totalmente limpios de microorganismos, lo que indica que no lo era la extracción la que introdujo las bacterias.
Además, y según ha detallado Rosalinda Roberts, en los ratones, pero no en los humanos, observaron bacterias dentro de los de las neuronas. También las vieron en las cercanías de los axones mielinizados.
Microbios de la microbiota intestinal?
Lo próximo que hicieron fue identificar a las bacterias halladas en el cerebro. Los análisis de genomas revelaron que el 92 por ciento de dichas bacterias pertenecen a 3 grandes grupos, que se corresponden con bacterias intestinales : Firmicutes, Proteobacteriasy Bacteroidetes
El hallazgo de bacterias solo en ciertas zonas específicas de las profundidades de las células sugiere que estas no llegan a sus posiciones por azar. Como tampoco hay señales de inflamación en los cerebros, lo que se esperaría si estos fueran patógenos, también hace pensar que no están atacando.
Las bacterias podrían entrar en el cerebro bajo circunstancias que no impliquen lesiones o infecciones y que podrían tener preferencias muy selectivas sobre el lugar donde viven en el cerebro.
Entonces, ¿qué podrían estar haciendo estos microbios si, efectivamente, vivieran en el interior del cerebro? ¿Podrían ser importantes para las funciones celulares, la enfermedad y la respuesta inmune? «. «La ausencia de inflamación sugiere que son comensales o mutualistas, o bien que llegan tras la muerte a causa de una contaminación».
Los hallazgos son interesantes porque las bacterias se localizan en lugares específicos y no sencillamente en cualquier parte», como harían en una contaminación.. Es decir, esta opción también abriría curiosos interrogantes: cómo debería
¿Por qué las bacterias invaden un ambiente hostil (compuesto por glutaraldehído), que se usa como agente antibacteriano en la conservación de las muestras de cerebro?
¿Qué tienen de especial los astrocitos y la mielina para ser invadidos mientras que otras células no reciben la «visita» de estos microbios?
Porqué invaden los núcleos de las neuronas de los ratones pero no de los humanos?
La comunidad científica ha constatado que la microbiota del intestino humano tiene un papel crucial para evitar la entrada de patógenos, regular el sistema inmunológico y absorber nutrientes. Recientemente, se ha comenzado a observar que el microbioma intestinal parece influir en el funcionamiento del cerebro, en el comportamiento y en la aparición de enfermedad, a través de mecanismos desconocidos. Se ha sugerido que puede ser gracias a la producción de hormonas o neurotransmisores, o quizás a través de algún mecanismos de comunicación, vía nervios o vasos sanguíneos. ¿Es lo hallado por estos científicos un primer indicio de esto?
Rosalinda Roberts ha explicado que a continuación tratarán de repetir los hallazgos centrándose en la esterilidad de las técnicas, con la finalidad de confirmar si estas bacterias proceden de una contaminación o no. Además, harán nuevos análisis para averiguar cuántas bacterias hay en los tejidos y si están vivas y, más adelante, cuántas hay en cada región en personas afectadas de varias dolencias. Para saber cómo podrían llegar hasta ahí, Roberts ha dicho que examinará potenciales rutas de entrada, como el nervio olfativo, el nervio vago y el área postrema.
¿Pueden haber gérmenes en el cerebro, sin producir enfermedades sin inflamación incluso ser benefactores.?
Es posible que sea cuestión de tiempo, pasado el cual, se hacen patógenos y aparece la inflamación y todo el camino de enfermedades neurodegenerativas.
Algo se ha conseguido, hay que romper paradigmas.
La microbiota se ha roto, los gérmenes entran en el sistema nervoso por cualquier sitio, no necesitan puerta y si existe ellos la abren y además actúan cuando pueden para que la mano el cerebro es cosa de o a lo necesitan y el organismo trata de expulsarlos si se portan agresivamente
La microbiota esta siendo explorada desde muchos angulos y es muy posible que esto de resultados.
Abundando en lo anterior, cabe introducir los macrofagos en esta patología. Y entonces podíamos tener explicación para las enfermedades neurodegenerativas.

El germen procedente de cualquier parte, desencadena una respuesta del parénquima, y Empieza el fenómeno de auto reparación.

Lo macrófagos de múltiples orígenes atacan los gérmenes al mismo tiempo que anulan la
función donde asientan y ya tenemos:
ELA, Parkinson, esclerosis múltiple, y otras varias enfermedades neurodegenerativas.
El algoritmo sería:
Pérdida del equilibrio de la microbiota
Emigración de gérmenes.
Localización en el cerebro.
Aparición del fenómeno inflamatorio en forma de macrófagos.
Anulación de la zona afectada
Enfermedad.
La lucha contra los gérmenes no ha terminado, son muchos y variados y muy pequeños entran por cualquier parte y a cualquier zona. Los macrofagos atacan y anulan funciones
Si este algoritme es asi, como catuaamos, para:
Que no lleguen germenes
Para que la reparación no sea tan lesiva.
Es cuestión de pensar, pero en tiempos de las infecciones, la vacuna, logro controlar el proceso.
Aquí estamos

18 septiembre 2019

El VIRUS DEL HERPES

Filed under: INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 11:35

El profesor Alonso Peña es el autor de este trabajo . Es un trabajador incansable y sobre todo divulga y lo hace muy bien. El trabajo sobre el virus del herpes que a continuación copio, es un modelo de todo lo que se puede saber sobre este virus.
Su blog no tienen desperdicio. Gracias profesor por ilustrarnos.
Los virus del herpes o herpesvirus son un grupo de estos diminutos parásitos intracelulares que se contagian con facilidad de una persona a otra y tienen una recurrencia crónica; es decir, se activan, se multiplican, generan una inflamación, y vuelven a quedar latentes. El tipo 1 (Herpes Simplex Virus tipo 1 o HSV-1) tiene una amplia presenciaen los seres humanos y durante mucho tiempo se ha considerado inocuo, una calentura molesta y poco más, pero empezamos a tener más y más evidencias de que ocasionalmente puede tener efectos dañinos sobre las funciones mentales y puede modificar el comportamiento de la persona afectada.
EL HSV-1 es un patógeno neurotrópico, es decir que va hacia las neuronas, y causa un amplio rango de manifestaciones clínicas que van desde alteraciones ligeras en la piel, como lesiones en la boca y la cara, a una infección grave del sistema nervioso central. Puede alcanzar el cerebro sin síntomas clínicos evidentes pero una vez allí es la causa más común de encefalitis esporádica en adultos, así como la principal casa de ceguera infecciosa en los países desarrollados debido a la queratitis herpética. Las encefalitis agudas se caracterizan por una neuroinflamación exacerbada y una activación neuroinmune prolongada, generando una enfermedad potencialmente mortal, pero el punto novedoso es que en casos asintomáticos genere alteraciones importantes que no relacionamos con el herpesvirus. Su presencia de por vida en el organismo produce en algunas personas cambios en procesos celulares que son imprescindibles para el normal funcionamiento de las neuronas, lo que puede llevar a patologías cerebrales, más o menos visibles, en una parte de las personas seropositivas.
El virus se adquiere normalmente durante la infancia y produce infecciones de por vida debido a su habilidad para infectar y mantenerse latente en las neuronas, uno de las pocos tipos celulares que no se recambia en el organismo. Desde ellas puede generar nuevas oleadas de herpesvirus. A nivel mundial, el 60% de la población tiene anticuerpos contra ese virus, sin embargo, solo entre el 20 y el 40% de aquellos que han sido infectados desarrollan síntomas. Ello no obstante las personas infectadas con el HSV-1 pero asintomáticas son reservorios significativos del virus; es decir, mantienen el virus viable durante décadas y pueden contribuir también a su transmisión.
Un dato importante es que se están acumulando evidencias de que la infección del HSV-1, tanto en individuos con síntomas como asintomáticos puede llegar a causar un daño neuronal, y eventualmente, dar lugar a una enfermedad neurodegenerativa. Además, ha surgido la idea de que el virus pueda alterar algunos circuitos neuronales y, sin llegar a causar una encefalitis, generar cambios en la función neural que se manifiesten por cambios en el comportamiento.
Los herpesvirus pueden inducir de forma repetida una respuesta inflamatoria en los períodos de reactivación. La edad, el estrés, la coexistencia de otras infecciones y algunos determinantes genéticos y ambientales de la respuesta inmune son factores que pueden inducir una reactivación. Los que tenemos una infección con HSV-1 estamos acostumbrados a que en épocas de estrés, ante una infección leve como una gripe, tras cambios de altitud o pérdida de sueño, momentos quizá de bajada en nuestro sistema defensivo, el virus se active y lo veamos en nuestros labios.
Un grupo de investigadores daneses ha estudiado si el comportamiento suicida o los trastornos psiquiátricos son más frecuentes en las personas que tienen anticuerpos contra el HSV-1 que en el resto de la población. El estudio se hizo aprovechando una gran cohorte de donantes de sangre. Se partió de 81 912 voluntarios que habían dado su consentimiento informado y se identificaron dentro de este grupo todos los casos con diagnóstico psiquiátrico en el período 1971-2013, que habían intentado o cometido suicidio (1977-2011) o que habían estado implicados en un accidente de tráfico. A cada uno de los que se localizó se le emparejó con otro caso que no estuviera en ese grupo y sirviese como control, que fuera de la misma edad en el momento de la extracción de la sangre, y el mismo sexo, se ajustó por tabaquismo e historial previo de los padres de enfermedades psiquiátricas, obteniéndose 12,500 casos y controles. En las muestras de suero sanguíneo se analizó la presencia de anticuerpos contra el HSV-1 y se hizo un análisis estadístico en 5336 individuos, 1504 casos psiquiátricos (853 mujeres), 353 casos de suicidio (193 mujeres) y 3479 controles.
La edad media en el momento de la donación eran 37,6 años y 50,9% tenían evidencia serológica de infección con HSV-1. De los que habían intentado cometer suicidio el 60,6% eran positivos a HSV-, mientras que en los que no lo habían intentado el 50% eran positivos a HSV-1. El «odds ratio» la relación entre ambas variables es 1,40. Los «odds ratio» oscilan entre 0 e infinito. Cuando el odds ratio es 1 indica ausencia de asociación entre las variables. Los valores menores de 1 señalan una asociación negativa entre las variables y los valores mayores de 1 indican asociación positiva entre las variables. El 1,40 implica que si tienes HSV-1 tienes mayor riesgo de intentar o cometer un suicidio.
En relación la temporalidad, la infección con HSP-1 estaba asociada con tener un primer trastorno psiquiátrico después de la fecha de la extracción de sangre. La proporción del rango de incidencia es de 1,44, lo que implica que la presencia del virus está asociada con los trastornos psiquiátricos pero solo en individuos registrados con un primer trastorno psiquiátrico después de la donación de sangre; es decir, que la infección ocurre antes que el primer registro de un diagnóstico psiquiátrico.
Los resultados van más allá de los dos temas objeto del estudio: suicidio y trastornos psiquiátricos. El HSV-1 es neurotrópico, se dirige hacia las neuronas y se replica preferentemente en las regiones frontal y temporal cerebro. Allí puede generar alteraciones cognitivas y alteraciones de la memoria similares a las que se observan en las personas con esquizofrenia. Además, estos resultados apoyan que la infección primaria del HSV-1, en algunas personas, puede una década después llevar a un daño neural que promueva o contribuya al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Hay 8 tipos de virus herpes que infectan a los seres humanos (ver Virus herpes que infectan al ser humano). Después de la infección inicial, todos los virus herpes permanecen en estado de latencia dentro de células huéspedes específicas y pueden reactivarse luego. Los virus herpes no sobreviven mucho tiempo fuera del huésped, por lo cual la transmisión suele requerir un contacto íntimo. En las personas con infección latente, el virus puede reactivarse sin causar síntomas; en esos casos, los pacientes asintomáticos pueden liberar virus y transmitir la infección.
El virus Epstein-Barr (EBV) y el virus herpes humano tipo 8 (HHV-8), también conocidos como virus herpes asociados con el sarcoma de Kaposi (KSHV), pueden causar ciertos tipos de cáncer. La roséola infantil es una enfermedad de la infancia causada por herpesvirus 6 (y a veces 7).
Lo cierto es que el virus del herpes es uno de los grandes patógenos que soportamos y tenemos que seguir investigando, cuál es la fórmula que utiliza para tener tanta maldad
.
Necesitamos una fórmula que explique desde el principio no sólo la actuación de los gérmenes sino como reaccióna el sistema inmunitario, es tan duro como repetir la frase Stephen Hawking. Quiero encontrar la fórmula que explique el universo.

2 septiembre 2019

Contaminación y trastornos neuropsiquiátricos

Filed under: INFECCIONES E INFLAMACION,MICROSBIOS — Enrique Rubio @ 22:16

La provincia de Cádiz concretamente en Tarifa, era muy frecuente relacionar, el viento de levante con disturbios psiquiátricos. Y se decía que las agreciones cometidas durante los temporales de este viento, tenían atenuantes judiciales.
Recientemente se sospecha, que la polucion ambiental influye sobre las alteraciones psíquicas.
Un estudio hecho en la Universidad de Chicago muestra un vínculo significativo entre la exposición a la contaminación ambiental y un aumento en la prevalencia de trastornos neuropsiquiátricos. Y afirman que en la exposición a una mala calidad del aire se asocia a mayores tasas de trastorno bipolar y de depresión.
La exposición prenatal e infantil a contaminación se asocia con menores habilidades cognitivas
Medio ambiente y salud, un tándem indisoluble para un futuro más sostenible
La exposición a una mala calidad del aire se asocia a mayores tasas de trastorno bipolar y de depresión. Estos son los resultados de un estudio publicado en PLoS Biology capitaneado por investigadores de la Universidad de Chicago, que está basado en el análisis de grandes conjuntos de datos de la población de los Estados Unidos y Dinamarca.
El biólogo computacional Atif Khan comprueba que en los Estados Unidos y Dinamarca, que vivir en áreas contaminadas, especialmente en niños, es predictivo de trastornos mentales”, la la estas enfermedades neurológicas y psiquiátricas, “tan costosas tanto en términos financieros como sociales, parecen vinculadas al entorno físico, particularmente a la calidad del aire”.
Además de Khan, los investigadores Andrey Rzhetsky, profesor de Medicina y Genética Humana, y Edna K. Papazian, autor principal del artículo, utilizaron una base de datos de seguros de salud de Estados Unidos con 151 millones de individuos (pacientes hospitalizados y ambulatorios) que llevaba once años reclamando por enfermedades neuropsiquiátricas.
El trastorno bipolar aumenta cuando la calidad del aire disminiuye
Compararon la geoincidencia de las reclamaciones con las mediciones de 87 contaminantes atmosféricos potenciales de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos. Los condados con la peor calidad del aire tuvieron un aumento del 27% en el trastorno bipolar y un aumento del 6 por ciento en la depresión en comparación con aquellos con la mejor calidad del aire.
También en Dinamarca, que rastrea los indicadores de calidad ambiental en áreas mucho más pequeñas que la EPA, se encontraron una fuerte asociación entre el suelo contaminado y un mayor riesgo de trastorno de la personalidad. Debido a que estas correlaciones parecían inusualmente fuertes.
La Universidad de Chicago colaboró con los investigadores daneses para examinar la incidencia de la enfermedad neuropsiquiátrica en adultos daneses que habían vivido en áreas con mala calidad ambiental hasta los diez años.
En Dinamarca
Se encontró, especialmente para el trastorno bipolar, reflejaban las de los Estados Unidos: un aumento del 2% para los individuos que vivían en las zonas con una peor calidad del aire. Utilizando estos datos daneses más específicos, el equipo encontró que las exposiciones en la primera infancia se correlacionaron aún más con la depresión mayor (un aumento del 50%); con esquizofrenia (un aumento del 148%); y con trastornos de la personalidad (un aumento del 162%) sobre las personas que crecieron en áreas con la mejor calidad de aire.
Los investigadores sospechan que los factores genéticos y neuroquímicos interactúan a diferentes niveles para afectar en el inicio y en la progresión las enfermedades neuropsiquiátricas

Las varíantes geneticas individuales que se han encontrado son modestas en la enfermedad neuropsiquiátrica: para los polimorfismos más comunes, el aumento del riesgo de enfermedad es pequeño, tal vez menos del 10 por ciento.
Rzhetsky, trabajo´ en el proyecto durante más de dos años, mejorando sus modelos con análisis matemáticos adicionales estudiando las raíces genéticas de una amplia variedad de enfermedades, para buscar otros factores moleculares que lo podrían desencadenar o contribuir al mecanismo de la enfermedad.
Estos hallazgos no están exentos de controversia: otros investigadores han notado que esta correlación sustancial aún no confirma que la contaminación realmente desencadene las enfermedades.
Previamente Rzhetsky había estudiado la correlación entre la calidad del aire y el asma, y utilizó una metodología similar, no encontró resistencia por parte de las revistas o la comunidad científica en general. Rzhetsky agrega que en experimentos con animales expuestos a la contaminación, los animales muestran signos de deterioro cognitivo y síntomas de comportamiento similares a la depresión.
En modelos animales es posible que los químicos contaminantes afecten las vías neuroinflamatorias y preparan el escenario para problemas posteriores del desarrollo neurológico, muchos de los cuales ocurren al final de la infancia cuando los niños se convierten en adultos.
En estudios realizado por investigadores de la Universidad de Monash (Australia) y publicado en el New England Journal of Medicine, también Relacionan la contaminación del aire al riesgo de muerte prematura . La exposición a contaminantes tóxicos del aire está relacionada con el aumento de las tasas de mortalidad cardiovascular y respiratoria.
En China, estudios de Haidong Kan de la Universidad de Fudan , que analizó datos sobre la contaminación del aire y la mortalidad en 652 ciudades en 24 países y regiones, y descubrió que los aumentos en las muertes totales están relacionados con la exposición a partículas inhalables (PM10) y partículas finas ( PM2.5) emitido por incendios o formado a través de la transformación química atmosférica.
El profesor asociado Yuming Guo, de la Escuela de Salud Pública y Medicina Preventiva de la Universidad de Monash, explica que no hay un umbral para la asociación entre las partículas y la mortalidad, y que incluso los niveles bajos de contaminación del aire pueden aumentar el riesgo de muerte.
Los efectos adversos para la salud de la exposición a corto plazo a la contaminación del aire han sido bien documentados y se sabe que plantean preocupaciones de salud pública por su toxicidad y exposición generalizada.
Estamos rodeados de patógenos que nos asedian, y que colaboran en las enfermedades cronicas y no tenemos por ahora medios radicales para combatirlos.

3 junio 2019

ENFERMEDAD Y MICROBIOS

Filed under: INFECCION Y DEPRESION,INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 20:44

ENFERMEDAD Y MICROBIOS

La teoría de la generación espontanea. La creencia de que existían seres tan pequeños que eran invisibles se remonta a tiempos tan lejanos como antes de la Era Cristiana. Doscientos años antes de ella, Varro ya proponía la posibilidad del contagio de ciertas enfermedades debido a criaturas invisibles suspendidas en el aire, y esta idea ya era compartida por los antiguos médicos latinos y árabes.

ELA

ENFERMEDAD Y MICROBIOS
La teoría microbiana de la enfermedad o teoría germinal de las enfermedades infecciosas proponia que los microorganismos son la causa de una amplia gama de enfermedades. Estos pequeños organismos, invaden a los humanos, animales y otros huéspedes. Y pueden producir una enfermedad. «Germen» o microbio puede referirse a un virus, bacteria, protista, hongo o prión. Los microorganismos causantes de enfermedades son llamados patógenos y las enfermedades que causan son llamadas enfermedades infecciosas.
Aun cuando el patógeno es la principal causa de una enfermedad infecciosa, factores personales como la herencia genética, nutrición, fortaleza o debilidad del sistema inmunologico, ambiente y hábitos higiénicos a menudo influencian la severidad de la enfermedad y la probabilidad de que un individuo en particular se infecte tras ser expuesto al patógeno.
La teoría germinal fue un descubrimiento científico realizado en la segunda mitad del siglo XIX . Louis Pasteur reemplazó anteriores explicaciones para la enfermedad, como la teoría miasmática o la teoría de los humores. Aunque fue muy controvertida cuando se propuso, es ahora fundamental en la medicina moderna y la microbiología clínica, conduciendo a innovaciones tan importantes como el desarrollo de la vacuna, el antibiótico, la esterilización y la higiene como métodos efectivos contra la propagación de enfermedades contagiosas.12
Koch logró probar la teoría germinal de las enfermedades infecciosas tras sus investigaciones en tuberculosis, siendo por ello galardonado con el premio Nobel en Medicina y Fisiología, en el año 1905.3 Estableció lo que se ha denominado desde entonces los postulados de Koch, mediante los cuales se estandarizaban una serie de criterios experimentales para demostrar si un organismo era o no el causante de una determinada enfermedad. Estos postulados se siguen utilizando hoy en día.
La medicina antigua , desde Hipócrates hasta Pasteur, creía que las enfermedades provenían de adentro del cuerpo debido a un desequilibrio de humores2
El Átharva Vedá es el primer texto antiguo que menciona a la medicina. El texto identifica las causas de la enfermedad como agentes causales vivos[]como el iatudhānia, el kimīdi, el krimi y el durṇama. El texto explica cómo matarlos con una variedad de hierbas a fin de contrarrestar la enfermedad .
Una de las primeras referencias occidentales a esta hipótesis aparece en De agricultura de Marcus Terentius Varro (publicado en el 36 a. C.) y advierte del peligro de tener una granja cercana a una ciénagas: porque la ciénaga hay criaturas diminutas que no pueden verse con los ojos, que flotan en el aire y entran en el cuerpo a través de la boca y la nariz y allí causan graves enfermedades.4
En el Canon de medicina (1020), Abū Alī ibn Sīnā (Avicena) expuso que la secreción corporal está contaminada por cuerpos terrenales exteriores sucios antes de estar infectado.5 También descubrió la naturaleza contagiosa de la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas, e introdujo la cuarentena como una manera de limitar la propagación de enfermedades contagiosas.6
Cuando la peste bubónica , la llamada “ Peste Negra” llegó a al-Ándalus en el siglo XIV, Ibn Jatima supuso que las enfermedades infecciosas eran causadas por «cuerpos diminutos» que entraban en el cuerpo humano y causaban la enfermedad. Otro médico andaluz del siglo XIV, Ibn al-Jatib, escribió un tratado llamado De la peste:5
La existencia de contagio es conocida por la experiencia, la investigación, la evidencia de los sentidos e informes fidedignos. Estos hechos constituyen un argumento de peso. El hecho de la infección se vuelve claro al investigador que nota cómo aquel que establece contacto con el afligido coge la enfermedad, mientras que aquel que no está en contacto permanece sano, y cómo la transmisión es afectada a través de prendas, vasijas y pendientes.
Girolamo Fracastoro en 1546 fue el primero en sostener una hipótesis más o menos precisa de que las enfermedades epidémicas estaban causadas por agentes vivos, los cuales se podían transmitir por contacto de objetos contaminados o incluso el aire.2
El médico italiano Francesco Redi proporcionó una prueba contra la generación espontánea. Ideó un experimento en 1668 donde usó tres jarras. Puso un pastel de carne en cada una de las tres jarras. Tuvo una de las jarras abierta, otra cerrada herméticamente, y la última cubierta con gasa. Después de unos días, observó que el pastel de carne en la jarra abierta estaba cubierto por gusanos, y la jarra cubierta con gasa tenía gusanos en la superficie de la gasa. No obstante, la jarra cerrada herméticamente no tenía gusanos ni dentro ni fuera. También se dio cuenta de que los gusanos sólo se encontraban en superficies que eran accesibles por moscas. Por esto concluyó que la generación espontánea no era una teoría plausible.
Los microorganismos fueron observados directamente por primera vez por Anton van Leeuwenhoek, que está considerado el padre de la microbiología, pero nunca los considero seres vivientes..
Eugenio Espejo (Quito, 1747-1795. En su obra “Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de viruelas”, publicada en 1785, propuso que el origen de las enfermedades infecciosas se debe, no a maldiciones divinas, sino a causas biológicas y que para evitar su dispersión se deben de implementar medidas higiénicas.
El médico italiano Agostino Bassi es a menudo reconocido por haber expuesto la teoría microbiana de la enfermedad por primera vez, basándose en sus observaciones en la letal y epidémica enfermedad de la muscardina de los gusanos de seda. En 1835 culpó específicamente de las muertes de los insectos a un agente vivo y contagioso que era visible a ojo desnudo como multitud de esporas polvorientas; estos hongos microscópicos fueron posteriormente llamados Beauveria bassiana en su honor.
Ignacio Felipe Semmelweis fue un obstetra húngaro que trabajó en el Hospital General de Viena en 1847, quien observó la alta mortalidad de fiebre puerperal entre mujeres que parían en el hospital (30%), contrapuesta a la presentada en partos domiciliarios, que podían considerarse relativamente seguros. Investigando más, Semmelweis hizo la conexión entre la fiebre puerperal y los reconocimientos médicos practicados a las mujeres de parto por los doctores. Se percató que estos médicos venían directamente de las autopsias. Afirmando que la fiebre puerperal era una enfermedad contagiosa y que material proveniente de las autopsias estaba implicado en su desarrollo, Semmelweis hizo a los doctores lavarse sus manos con agua y cal antes de examinar mujeres embarazadas, reduciendo de ese modo la mortalidad del parto a menos del 2% en su hospital. Sin embargo, él y sus teorías fueron atacados sin piedad por la mayoría del sistema médico vienés.
John Snow contribuyó a la formación de la teoría microbiana cuando localizó el foco del brote de cólera de 1854 en el barrio londinense del Soho. El análisis estadístico de los casos de afectados mostró que el brote no concordaba con la teoría miasmática que estaba extendida en ese tiempo. Contrario al modelo de contagio, identificó beber agua como el causante de la transmisión de la enfermedad. Descubrió que ocurrieron casos en las casas que obtenían su agua de la fuente de Broad Street, que, no casualmente, estaba en el centro del brote.
Louis Pasteur demostró entre 1860 y 1864 de una manera fehaciente, que la fermentación y el desarrollo de microorganismos en caldos de nutrientes no procedía de la generación espontánea. Expuso caldo recién hervido al aire en vasijas que contenían un filtro para impedir que todas las partículas pasaran al medio de cultivo: e incluso sin ningún filtro, con el aire siendo admitido por un largo y tortuoso tubo que no dejaría pasar partículas de polvo. No creció nada en los caldos, por tanto los organismos vivos que crecieron en estos caldos venían de fuera, como esporas en el polvo, en vez de ser generadas dentro del caldo.2
Expuso la «teoría germinal de las enfermedades infecciosas», según la cual toda enfermedad infecciosa tiene su causa (etiología) en un germen con capacidad para propagarse entre las personas, además de ser el causante de procesos químicos como la descomposición y la fermentación, y su causa no provenía de adentro del cuerpo debido a un desequilibrio de humores como se creía tradicionalente.2
Sus experimentos refutaron la generación espontánea y crearon el principio Omne vivum ex vivo, clave en la actual teoría celular. Las consecuencias prácticas de su teoría lo llevó al desarrollo de vacunas para varias enfermedades y la impulsión de la higiene como método efectivo contra el contagio de las enfermedades.2
Referencias
↑ Saltar a:a b c d e f Moledo, Leonardo; Magnani, Esteban (2009) [Obra original 2006]. «6. Pasteur y la teoría de la infección microbiana». Diez teorías que conmovieron al mundo: de Copérnico al big bang. Argentina: Capital Intelectual. ISBN 9789876141673.
↑ «The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1905». Nobelprize.org. Consultado el 22 de noviembre de 2006.
↑ Varro De agricultura 1,xii Loeb↑ b Ibrahim B. Syed, Ph.D (2002). «Islamic Medicine: 1000 years ahead of its times», Journal of the Islamic Medical Association 2, p. 2-9.
↑ David W. Tschanz, MSPH, PhD (Agosto de 2003). «Arab Roots of European Medicine», Heart Views 4 (2).
↑ Madigan M, Martinko J (editores). (2005). Brock Biology of Microorganisms (11thd. edición). Prentice Hall. ISBN 0131443291.
1.

27 mayo 2019

PROSTATITIS Y AUTOINMINIDAD,

Filed under: DEGENERATIVAS,INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 14:50

PROSTATITIS Y AUTOINMUNIDAD,
El dolor es el sello distintivo de los pacientes con prostatitis crónica (PC) y síndrome de dolor pélvico crónico (CPPS). A pesar de numerosas hipótesis, la etiología y la patogénesis siguen siendo desconocidas. Para comprender mejor PC / CPPS, utilizamos un modelo de prostatitis autoinmune experimental murino para examinar el desarrollo, la localización y la modulación del dolor pélvico. El dolor pélvico se detectó 5 días después de la instilación del antígeno y se mantuvo más allá de los 30 días, lo que indica el desarrollo de dolor crónico. El dolor fue atenuado por el tratamiento con lidocaína en la próstata, pero no en la vejiga o el colon, lo que sugiere que el dolor se originó en la próstata. La histopatología de la prostatitis autoinmune experimental se limitó a la próstata con infiltrados inflamatorios periglandulares focales en los lóbulos ventral, dorsolateral y anterior de la próstata del ratón. La inflamación y el dolor pélvico se correlacionaron positivamente y aumentaron con el tiempo. Morfológicamente, la próstata dorsolateral solo mostró una distribución de fibras neuronales significativamente aumentada, como lo demuestra la expresión incrementada del producto del gen de proteína 9.5. El dolor pélvico se atenuó mediante el tratamiento con el neuromodulador gabapentina, lo que sugiere una contribución espinal y / o supraespinal al dolor crónico. Estos resultados proporcionan la base para identificar mecanismos que regulan el dolor pélvico y la prueba de agentes terapéuticos que bloquean el desarrollo del dolor en CP / CPPS.
Prostatitis inmunitarias.
La prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico (CP/CPPS) se presenta como una inflamación de la próstata sin evidencia de infección del tracto urinario. Algunos autores postulan a la respuesta autoinmune como causa de esta patología. Aunque se ha demostrado la presencia de respuesta inmune celular específica contra antígenos prostáticos, poco se conoce acerca de la respuesta inmune humoral. Es por ello que decidimos estudiar la presencia de autoanticuerpos séricos específicos de antígenos prostáticos, expresados en la línea celular prostática humana DU-145, y de otros autoanticuerpos séricos marcadores de diferentes patologías autoinmunes en un grupo de pacientes con diagnóstico clínico de CP/CPPS.
Materiales y métodos
Se estudiaron 25 pacientes con CP/CPPS y 13 controles normales a los que se les realizó la determinación de anticuerpos anti-células DU-145, Factor Reumatoideo, anticuerpos anti-Tiroperoxidasa, anti-Tiroglobulina, anti-células de los islotes, anti-nucleares, anti-mitocondriales, anti-músculo liso, anti-microsomas de hígado y riñón, y anti-células parietales a partir de muestras de suero.
Resultados
No hubo diferencias estadísticamente significativas entre pacientes y controles para los anticuerpos anti-DU-145 (p=0,71). Factor Reumatoideo fue positivo en 36% de los pacientes y en 0% de los controles (p=0,016). Anticuerpos anti-Tiroperoxidasa se detectaron en 3 pacientes y en ningún control normal (p=0,54). Un paciente y 1 control normal presentaron anticuerpos anti-células de los islotes pancreáticos (p=0,99). Para los demás auto-anticuerpos ensayados ni pacientes ni controles normales arrojaron resultados positivos.
Conclusión
Estos resultados demuestran una asociación entre un marcador inflamatorio autoinmunitario como el Factor Reumatoideo con la CP/CPPS. Para el resto de los autoanticuerpos estudiados no se observaron diferencias significativas, aunque sí una tendencia a una mayor incidencia positiva en los pacientes con respecto a los controles. Estudios adicionales y con mayor número de pacientes son necesarios para dilucidar el rol de la inmunidad humoral en esta patología.
Prostatitis crónica, Síndrome de dolor pélvico crónico, Autoinmunidad, Autoanticuerpos
El término prostatitis indica un estado de inflamación de la glándula prostática y comprende varios síndromes(1). Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (National Institutes of Health, NIH) han propuesto una clasificación de síndromes de prostatitis en cuatro categorías: prostatitis bacteriana aguda (categoría I), prostatitis bacteriana crónica (categoría II), prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico o CP/CPPS (categoría III), la cual a su vez se subdivide en inflamatoria (categoría IIIA) y no-inflamatoria (categoría IIIB); y prostatitis inflamatoria asintomática (categoría IV)(2). Desde la década pasada ha habido un resurgimiento del interés y nuevas investigaciones sobre prostatitis crónica y síndromes relacionados, principalmente debido a que estos síndromes han sido reconocidos como un importante problema de salud en todo el mundo(3). La CP/CPPS afecta principalmente a hombres jóvenes, activos, menores de 50 años de edad y la misma se presenta como una inflamación de la próstata con síntomas locales de dolor pélvico, suprapúbico, perineal, peneano, testicular y rectal, sin evidencia de infección del tracto urinario. Además, este dolor se acompaña de disuria, poliaquiuria, nicturia y alteraciones en la eyaculación(2). Los síntomas usualmente son crónicos, con leves mejorías y recaídas a lo largo del tiempo, pero algunos hombres tienen grandes fluctuaciones en la severidad de los mismos que afectan notablemente su calidad de vida(3).
Mientras que la prostatitis aguda es comúnmente causada por una infección bacteriana, la CP/CPPS se caracteriza por presentarse como una inflamación prostática en ausencia de infección. Además, en muchos pacientes asintomáticos se detecta prostatitis crónica no infecciosa al realizarles una biopsia, como consecuencia de la detección de niveles séricos elevados de PSA y un probable diagnóstico de cáncer prostático(2). Los pacientes presentan inflamación prostática, con signos y síntomas localizados, sin una causa aparente. Los factores que complican aún más el manejo de esta condición incluyen su etio-patogénesis [probablemente multifactorial(4,5)], la falta de un ensayo diagnóstico estándar confiable(4), y las limitaciones metodológicas de muchos estudios sobre eficacia de tratamiento. En consecuencia, las estrategias para el tratamiento son empíricas y se han enfocado principalmente en el alivio de los síntomas más que a atacar la causa subyacente, resultando ineficaces en la mayoría de los casos(4,5). Dentro de las causas de este síndrome se proponen una serie de hipótesis(6-9); algunos investigadores sostienen que microorganismos clásicamente no cultivables podrían cumplir un rol en la patogénesis(9,10). Esta hipótesis puede ser aplicada sólo a una cierta fracción de pacientes que comprende entre el 6 y 30% para algunos autores(11). No obstante, la porción restante de pacientes representa una fracción significativa donde no se encuentra ningún agente infeccioso como responsable de la patología. Es interesante destacar que el análisis de células en secreción prostática obtenida luego de masaje prostático en estos pacientes, ha evidenciado la presencia de granulocitos, macrófagos, linfocitos T y linfocitos B(12); además, se detectaron niveles elevados de citocinas en plasma seminal y secreciones prostáticas de los mismos, lo que sugiere la presencia de un proceso inflamatorio activo en el tracto genital masculino en ausencia de infección(13-15). Estos hallazgos apoyan la hipótesis que sostiene que esta inflamación sería mediada por una respuesta inmune adaptativa, contra antígenos propios del tracto genital, en el marco de un proceso autoinmune. Ciertamente, resultados reportados por otros autores y por nuestro grupo de trabajo han demostrado la presencia de linfocitos T específicos contra antígenos prostáticos en un importante número de pacientes con CP/CPPS(16-18).
Es bien conocido que múltiples factores están involucrados en el desencadenamiento de una enfermedad autoinmune, entre los que podemos citar factores genéticos, ambientales y hormonales(19). Tanto en pacientes que presentan enfermedades autoinmunes órgano-específicas como en modelos animales de estas enfermedades, se han descrito asociaciones de enfermedades autoinmunes(20-26). Este es el caso de la alta frecuencia de tiroiditis de Hashimoto en pacientes con diabetes autoinmune(22) o la mayor susceptibilidad a desarrollar distintas enfermedades autoinmunes órgano-específicas que presenta la cepa de ratones no obesos diabéticos que espontáneamente desarrolla diabetes autoinmune(24). Estos hallazgos sugieren la existencia de un fondo genético que predispone al desarrollo de autoinmunidad.
Una característica de esta asociación es el hecho de que diferentes enfermedades autoinmunes frecuentemente comparten o tienen elementos (autoanticuerpos y/o células autorreactivas) en común. En el presente trabajo, además de estudiar los anticuerpos anti-células DU-145 (una línea de células prostáticas humanas), se compararon pacientes con CP/CPPS y controles normales en cuanto a la presencia de diferentes autoanticuerpos típicos de distintas enfermedades autoinmunes, con el objetivo de avanzar en el estudio de una posible causa autoinmune en esta patología. Estos anticuerpos incluyen: Factor Reumatoideo (FR), anticuerpos anti-nucleares (ANA), anti-microsomas de hígado y riñón (LKM), anti-músculo liso (ASMA), antimitocondriales (AMA), anti-peroxidasa tiroidea (TPO), anti-tiroglobulina (Tg), y anti-células de los islotes pancreáticos (ICA).
MATERIALES Y MÉTODOS
Al comenzar el trabajo, el comité de ética institucional aprobó este estudio y se obtuvieron los consentimientos por escrito de todos los pacientes y controles, quienes estuvieron de acuerdo en donar muestras de sangre y semen y no recibieron tratamiento de antibióticos o anti-inflamatorios durante 4 semanas previas a la toma de muestras. Se incluyeron 25 pacientes (mediana= 42, P25-75=35-47) y 13 controles voluntarios (mediana= 30, P25-75=28-32). El diagnóstico de prostatitis crónica no infecciosa se realizó en individuos con historia sintomática característica de esta enfermedad de 3 meses o más de duración y ausencia de microorganismos convencionales y no convencionales (Ureaplasma spp, Chlamydia trachomatis, Micoplasma spp.) en muestras de semen y orina. Pacientes con prostatitis crónica infecciosa o voluntarios que hubieran sido sometidos a vasectomía fueron excluidos de este estudio. Los controles normales fueron sometidos a los mismos estudios que los pacientes, respondieron un cuestionario y no presentaron historia previa de síntomas genitourinarios.
Todas las determinaciones que se detallan a continuación fueron realizadas a ciegas por el mismo operador para evitar subjetividad en la lectura de los resultados.
Determinación de anticuerpos anti-células DU-145
Se realizó inmunofluorescencia indirecta (IFI) sobre células DU-145 que fueron cultivadas en medio RPMI-1640 suplementado con suero fetal bovino inactivado al 10%, L-glutamina 2 mM y penicilina/estreptomicina 100 U/ml, en estufa de cultivo a 37°C en una atmósfera de CO2 al 5% en placa de poliestireno de 24 reservorios. En cada reservorio fue colocado un cubreobjetos de vidrio circular (impronta) sobre el cual crecieron las células hasta una confluencia del 60%. Luego, se retiró el medio de cultivo y se congeló la placa por un período inferior a dos semanas. Se probaron las improntas sin fijador, con etanol y con metanol. Se decidió no utilizar fijador para evitar la desnaturalización de cualquier antígeno cuya detección pudiera ser relevante en nuestros estudios, puesto que las células se encontraban en estado óptimo. Para establecer la dilución óptima con la que se debían ensayar los sueros, se utilizaron sueros de dos controles normales de 23 y 43 años sin signos ni síntomas compatibles con prostatitis de ninguna índole y no relacionados a los controles del estudio. La dilución 1/20 en tampón fosfato salino (PBS, pH= 7,2-7,4) fue considerada la óptima por poseer mínimo fondo de fluorescencia inespecífica y mayor sensibilidad. Todos los pacientes y controles fueron ensayados por duplicado y en caso de hallar discordancia en los resultados, los sueros fueron reensayados. Simultáneamente se procesaron los dos controles negativos utilizados para determinar el título de corte. La primera incubación con los sueros diluidos 1/20 en PBS se realizó durante 1 hora a temperatura ambiente. Se realizaron 3 lavados de 5 minutos cada uno con PBS y se procedió a colocar el antisuero de cabra anti-IgG humano marcado con isotiocianato de fluoresceína diluido 1/150 (Biocientífica S.A, Buenos Aires, Argentina). Se incubó 1 hora a temperatura ambiente y en oscuridad y se volvió a lavar 3 veces. Se montaron los vidrios, se observó el patrón de fluorescencia y se utilizó una valoración cualitativa para medir la intensidad de la misma, a saber: fluorescencia leve, moderada y fuerte [Microscopio de fluorescencia Olympus (BH-2), Japón].
Determinación de Factor Reumatoideo (FR)
La determinación de FR se realizó mediante aglutinación indirecta de partículas inertes de látex sensibilizadas con la fracción II de Cohn (γ globulina humana) (Artritest directo Wiener laboratorios S.A.I.C., Rosario, Argentina). El «screening» se realizó con los sueros sin diluir, y para aquellas muestras que daban positivas se procedió a la determinación del título final partiendo de una dilución 1/10 y siguiendo con diluciones seriadas al medio.
Determinación de anticuerpos anti-tiroideos (ATA), anti-peroxidasa tiroidea (anti-TPO) y anti-tiroglobulina (anti-Tg)
Se realizó mediante IFI sobre cortes de tiroides de conejo fijados (Biocientífica S.A.). Las muestras se ensayaron diluidas 1/20 siguiendo especificaciones del fabricante. Se consideraron positivas para anti-TPO (anteriormente conocidos como microsomas tiroideos) aquellas muestras que mostraron tinción fluorescente en el citoplasma de las células epiteliales del folículo tiroideo y para anti-Tg las que mostraron fluorescencia en forma de flóculos en la sustancia coloide del folículo. Conjuntamente se procesó un control anti-TPO positivo y un control negativo.
Determinación de anticuerpos anti-células de los islotes pancreáticos (ICA)
Se realizó por IFI sobre improntas sensibilizadas con cortes de páncreas de mono (BioSystems S.A., Barcelona, España). Los sueros de 13 pacientes y 7 controles normales, y los controles positivo y negativo diluidos 1/5, se sembraron e incubaron toda la noche (18 hs) a 37ºC. Este tiempo de incubación, comparado a 30 minutos, aumenta la sensibilidad aproximadamente 8 veces(27). Se lavó 3 veces con PBS, se colocó antisuero anti-IgG humano marcado con isotiocianato de fluoresceína diluido 1/100 (Biocientífica S.A) y se volvió a incubar 1 hora a 37°C. Se realizaron los últimos 3 lavados con PBS, se montó y se observó en microscopio de fluorescencia. Se consideraron positivas las muestras que presentaron tinción fluorescente de los islotes pancreáticos.
Determinación de anticuerpos anti-nucleares (ANA)
Se realizó mediante IFI sobre improntas sensibilizadas con células Hep-2 (BioSystems S.A.). Los sueros fueron diluidos 1/10 en PBS e incubados 30 minutos a 37°C. Se practicaron 3 lavados con PBS y se incubó otros 30 minutos a 37°C con el anticuerpo de cabra anti-IgG humano marcado con isotiocianato de fluoresceína (Biocientífica S.A.). Se lavaron las improntas, se montaron y se observaron en microscopio de fluorescencia.
Se consideraron positivas las muestras que presentaron algún patrón de fluorescencia a la dilución practicada la cual fue elegida para aumentar la sensibilidad de la técnica.
Determinación de anticuerpos anti-músculo liso (ASMA), anti-mitocondriales (AMA), anti-microsomas de hígado y riñón (anti-LKM) y anti-células parietales gástricas (APCA)
La determinación de estos autoanticuepros se realizó por IFI sobre cortes de hígado, estómago y riñón de rata (Biocientífica S.A.). Las muestras se ensayaron diluidas 1/20 siguiendo especificaciones del fabricante. Conjuntamente se procesó un control AMA positivo y un control negativo. Positivas para AMA fueron consideradas aquellas muestras que mostraron fluorescencia granular en las mitocondrias del citoplasma de las células gástricas, células de Kupffer, hepatocitos y las células de los túbulos renales. Los ASMA tiñen las capas musculares del estómago; los ASMA F-actina tiñen las muscularis mucosa interglandulares, fibras de actina y la capa muscular de los vasos sanguíneos. Con los LKM se observa tinción homogénea del citoplasma de los hepatocitos y de los túbulos renales proximales; los túbulos distales no se tiñen. Los APCA tiñen el citoplasma de las células en las glándulas mucosas del estómago de rata.
Análisis estadístico
El análisis estadístico se realizó utilizando el programa Graph Pad Instat. El análisis de las variables categóricas se realizó mediante los Tests Chi cuadrado (χ2) o Exacto de Fisher, según corresponda. En todos los casos se consideró estadísticamente significativo un P<0.05. RESULTADOS La determinación de anticuerpos anti-células prostáticas humanas, mediante IFI sobre células DU-145, no arrojó diferencias estadísticamente significativas cuando se compararon los pacientes con CP/CPPS y los controles normales (p=0,71). La mayoría de los sueros que arrojaron resultados positivos lo hicieron con fluorescencia débil y tinción granular citoplasmática. Hubo excepciones, como un paciente que presentó moderada fluorescencia citoplasmática, otro paciente con fuerte fluorescencia citoplasmática y 1 control normal con débil tinción en el nucleolo de las células En la determinación de anticuerpos anti-TPO y anti-Tg, 3 pacientes con CP/CPPS resultaron positivos para antiTPO y ninguno para anti-Tg. Ningún individuo del grupo control evidenció resultado positivo para estos dos anticuerpos anti-tiroideos. Para los anti-TPO el p fue de 0,54, y en consecuencia no hubo diferencia estadísticamente significativa entre los grupos en estudio). En el caso de la determinación de ICA, la prueba resultó positiva para 1 paciente con CP/CPPS y para uno de los individuos control (p=0,99) Para ANA, ASMA, AMA, LKM, APCA ninguno de los pacientes analizados y ningún control normal, arrojaron valores positivos a la dilución ensayada en el estudio DISCUSIÓN La prostatitis es una patología muy común en el consultorio urológico que muchos facultativos encuentran difícil de tratar. A su vez, representa el 10% de las consultas urológicas, y se ha estimado que más de la mitad de los hombres sufren síntomas de prostatitis en algún momento de sus vidas(1,2). El diagnóstico de prostatitis bacteriana aguda por métodos microbiológicos es reproducible y fácil de llevar a cabo en el laboratorio. Por el contrario, el diagnóstico microbiológico de CP/CPPS representa un desafío importante. La mayoría de las CP/CPPS, que da cuenta del 90% de los casos totales de prostatitis, son determinadas fundamentalmente de acuerdo a un diagnóstico clínico, y por ende la terapia instaurada es empírica, resultando en un fracaso terapéutico en la mayoría de los casos(1,4). Para explicar la etiología de la CP/CPPS se han propuesto numerosas hipótesis como infecciones crípticas de difícil identificación o cultivo(9, 10, 28). Ciertos hallazgos sustentan esta hipótesis: algunos pacientes relacionan el comienzo de los síntomas con la actividad sexual, asociada en algunos casos a episodios de uretritis, mientras que otros no indican relación alguna entre el comienzo de la sintomatología y la actividad sexual. El uso de antimicrobianos puede o no producir un alivio transitorio de los síntomas. Un número importante de microorganismos han sido postulados como causales de este síndrome: Trichomonas vaginalis, Chlamydia trachomatis, micoplasmas genitales, estafilococos, bacterias corineformes y virus genitales(9). Estos datos son muy controvertidos debido a que muchos otros investigadores, o bien fallaron en demostrar su presencia, o solamente los encontraron en raras circunstancias(9,10). Otra de las hipótesis que han sido propuestas durante los últimos años, postula a la autoinmunidad contra antígenos prostáticos como responsable de la inflamación prostática presentada por los pacientes con CP/CPPS(16-18). El sistema inmune ha generado, a lo largo de la evolución, una serie de mecanismos complejos para mantener la tolerancia a lo propio, o "autotolerancia", y prevenir la autoinmunidad. Últimamente, se ha evidenciado que el repertorio de linfocitos T periféricos específicos hacia algunas secuencias de proteínas propias de cada individuo se encuentra intacto y funcionalmente activo pero mantenidos bajo control por los mecanismos periféricos de autotolerancia(29). No obstante, información aportada por varias investigaciones demuestran que el repertorio de linfocitos T específicos hacia autoantígenos particulares pueden ser potencialmente activados y luego desencadenar una enfermedad autoinmune(30). Aunque las respuestas autoinmunes hacia la mayoría de los tejidos en el organismo han sido extensamente descritas desde décadas atrás, se conoce muy poco respecto a la respuesta autoinmune dirigida contra la próstata. Al respecto, Corman y cols. estudiaron el repertorio de linfocitos T CD4+ y CD8+ específicos contra antígenos prostáticos típicos en hombres adultos normales. Mediante el uso de líneas celulares de linfocitos T a corto tiempo, estos investigadores demostraron la existencia de linfocitos T específicos contra antígenos prostáticos en individuos normales(31). Estos clones de linfocitos T autorreactivos podrían ser potencialmente activados quebrando el estado fisiológico de autotolerancia y llevando al desarrollo de una prostatitis autoinmune. Recientemente, hemos reportado la presencia de linfocitos capaces de activarse, proliferar y secretar IFN-γ de manera específica en respuesta al estímulo con antígenos prostáticos [como Antígeno Prostático Específico (PSA), Fosfatasa Ácida Prostática (FAP), y otros)] en un grupo de pacientes con CP/CPPS(18). En este trabajo, se evaluaron antígenos presentes en el plasma seminal (PS), extracto prostático humano normal (EP), PSA y FAP como potenciales antígenos reconocidos por el sistema inmune de los pacientes y se demostró que PS y FAP fueron capaces de inducir una respuesta linfoproliferativa significativa con alta secreción específica de IFN-γ en un grupo de pacientes con CP/CPPS. Asimismo, Alexander y cols. reportaron resultados interesantes que demuestran la presencia de una respuesta autoinmune, mediada por células T, hacia antígenos prostáticos en pacientes con prostatitis crónica(16). Ellos presentaron evidencia de la actividad específica de linfocitos T hacia antígenos del plasma seminal en algunos pacientes con CP/CPPS, pero no en individuos controles. Posteriormente, y con el objetivo de definir los antígenos potencialmente reconocidos por esta respuesta, encontraron que algunos pacientes con CP/CPPS evidenciaron una respuesta proliferativa específica por parte de linfocitos T CD4+ hacia PSA(32). Batstone y cols. también analizaron la proliferación de células T en respuesta al estímulo con proteínas de plasma seminal autólogo o heterólogo, y evidenciaron respuestas positivas en 13 de 20 pacientes con prostatitis crónica y en 3 de 20 individuos controles(17). Además, en estos mismos trabajos se demostró que pacientes con CP/CPPS presentaban elevados niveles de citocinas proinflamatorias, como IFN-γ, IL-1β y TNF-α, en muestras de plasma seminal, lo que evidenciaba la presencia de inflamación local en ausencia de infección(14,33,34). Con respecto al estudio de la respuesta autoinmune humoral, en trabajos previos en los que analizamos la presencia de anticuerpos específicos contra antígenos prostáticos(18), no se detectaron diferencias significativas en los niveles encontrados entre pacientes y controles en las muestras de suero y plasma seminal estudiadas. De igual manera, en el presente trabajo no se encontraron diferencias significativas cuando se evaluó la presencia de anticuerpos anti-células prostáticas humanas DU-145 en la población de pacientes y controles en estudio. Este resultado fue sorprendente, aunque también fue llamativa la casi inexistencia de reportes en literatura científica que aborden este aspecto(16,17,35). No obstante, ha sido reportada la presencia de niveles incrementados de IgA e IgG total sin especificidad hacia ningún microorganismo en secreciones prostáticas de pacientes con prostatitis crónica no infecciosa(35). Además, también se demostraron depósitos de IgM en tejido periglandular prostático en 34 de 60 pacientes con prostatitis crónica y en 1 de 21 controles(35). Una posibilidad para explicar el hecho de que no se hayan reportado respuestas autoinmunes humorales positivas en estos pacientes, es que se deba a un problema metodológico, ya sea porque la sensibilidad de las metodologías empleadas no son adecuadas para su determinación, o bien podría deberse a una elección equívoca del antígeno a evaluar, lo que estaría impidiendo la detección de autoanticuerpos contra antígenos prostáticos en estos pacientes. No obstante, recientemente se ha reportado la presencia de IgG específica en pacientes con prostatitis crónica(36); estos autores demostraron la presencia de IgG específica contra MAD-PRO-34 en 6 de 67 pacientes con prostatitis crónica y en ninguno de los 71 controles normales utilizando la metodología SEREX (identificación serológica de antígenos por clonado de expresión recombinante). El antígeno MAD-PRO-34, reconocido preferentemente por la respuesta inmune humoral de los pacientes con prostatitis crónica comparado con controles normales, es un autoantígeno nucleolar que previamente fue identificado como una proteína potencialmente sobreexpresada en carcinoma prostático y reconocido por la respuesta inmune de pacientes con cáncer de próstata(37) y cistitis intersticial(38), una patología altamente relacionada con la CP/CPPS. Es importante aclarar que las muestras de suero de los pacientes analizados en el presente estudio fueron previamente analizadas para determinar la presencia de autoanticuerpos anti MAD-PRO-34 y se demostró la presencia de los mismos en 4/40 (10%) pacientes con CP/CPPS y en 0/40 (0%) de los controles normales (observaciones no publicadas). Este resultado concuerda con los previamente reportados por Dunphy y cols.(36). La autoinmunidad ha sido tradicionalmente dividida en autoinmunidad órgano-especifica (anti-páncreas, tiroides, cerebro, tracto gastrointestinal) o no órgano-específica (lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoidea), dependiendo de que la respuesta inmune esté dirigida contra un antígeno confinado en un órgano en particular o contra un antígeno distribuido de manera ubicua en el organismo. No obstante, tanto en pacientes como en modelos animales, una enfermedad órgano-específica está frecuentemente asociada con otra (por ej. diabetes, gastritis, y tiroiditis) y una característica de esta asociación es el hecho de que diferentes enfermedades autoinmunes frecuentemente comparten o tienen elementos (autoanticuerpos y/o células autorreactivas) en común(20-23,25,26). Debido a esto, en el presente trabajo se investigó si los pacientes con CP/CPPS presentaban autoanticuerpos típicos de diferentes enfermedades autoinmunes. En la población de individuos en estudio, se analizó la presencia de: FR presente en altos títulos en pacientes con artritis reumatoidea (AR) y síndrome de Sjogren; anticuerpos antitiroideos: anti-TPO y anti-Tg presentes en pacientes con enfermedades autoinmunes tiroideas; ICA que se detectan en pacientes con diabetes mellitus insulino-dependiente (DMID) de diagnóstico reciente y que aparecen años antes de la presentación de la DMID en un porcentaje importante de parientes de primer grado de pacientes con DMID; ANA presentes en pacientes con enfermedades del tejido conectivo; ASMA que aparecen en la hepatitis autoinmune de tipo I; AMA característicos de pacientes con cirrosis biliar primaria; anti-LKM marcadores de hepatitis autoinmune de tipo II; o APCA presentes en pacientes con gastritis autoinmune y anemia perniciosa. Se halló una diferencia estadísticamente significativa entre pacientes y controles solamente para FR. Debido a que los títulos hallados fueron bajos y sumado a que los pacientes no presentaban manifestaciones clínicas relacionadas a AR o síndrome de Sjogren, es muy improbable que estos pacientes tengan asociada otra enfermedad autoinmune(39,40). No encontramos diferencias significativas entre pacientes y controles para el resto de los autoanticuerpos analizados. Sin embargo, para el caso de los anti-TPO 3 pacientes presentaron estos autoanticuerpos y ningún control normal, lo que sugiere que quizás aumentando el número de pacientes y controles (n) se podría llegar a detectar una diferencia estadísticamente significativa. Si bien estos resultados ponen de manifiesto una mayor incidencia de un marcador autoinmunitario inflamatorio como lo es el FR en el grupo de pacientes con CP/CPPS, no se observó una diferencia significativa para el resto de los autoanticuerpos estudiados. Esto último concuerda con la falta de reportes en literatura que demuestren la presencia de respuestas autoinmunes humorales en pacientes con CP/CPPS. No obstante, la asociación de un nuevo marcador inflamatorio (FR) a esta enfermedad que constituye una inflamación crónica en ausencia de infección y, sumado a las evidencias previas reportadas en literatura, aporta mayor información que sustenta la hipótesis de la inflamación de origen autoinmune como causa de la misma en un grupo de pacientes con CP/CPPS. Esta respuesta autoinmune sería mediada fundamentalmente por un mecanismo de tipo celular o hipersensibilidad retardada, con un perfil de respuesta de tipo Th1. Los anticuerpos podrían no estar cumpliendo un rol clave en la patogénesis de esta enfermedad, sino que serían secundarios a la generación de la misma, o bien dicho rol podría estar enmascarado por la imposibilidad de demostrarlos debido a un problema metodológico o de una elección errónea del antígeno. Es necesaria mayor investigación en esta patología que ayude a dilucidar los mecanismos etiopatogénicos involucrados en la misma con el objetivo de lograr, a futuro, terapias más eficientes que ayuden a paliar el importante problema sanitario que esta enfermedad constituye en la actualidad. Bibliografía PROSTATITIS Y AUTOINMINIDAD, Am J Physiol Regul Integr Comp Physiol. 2008 de abril; 294 (4): R1268-75. doi: 10.1152 / ajpregu.00836.2007. Epub 2008 20 de febrero.

3 abril 2019

ENCEFALITIS LIMBICA

Filed under: INFECCION Y DEPRESION,INFECCIONES E INFLAMACION,INMUNIDAD — Enrique Rubio @ 18:22

Encefalitis límbica:
La encefalitis límbica es una enfermedad caracterizada por compromiso subagudo de la memoria, síntomas psiquiátricos y convulsiones. Se ha demostrado una vinculación entre anticuerpos contra antígenos de superficie y encefalitis límbica.
La encefalitis límbica (EL), descrita en 1960 por Brierley et al.1, es una entidad clínica neurológica poco frecuente de curso subagudo que produce síntomas neuropsiquiátricos y debe tenerse presente en el diagnóstico diferencial del síndrome confusional de instauración subaguda.
Expongo un caso clínico que cumple casi todos los parámetros de esta enfermedad
Se trata de una mujer con abundante patología. Tiene 71 años y sufre; dislipemia, hipotiroidismo y carcinoma ductal de mama con exéresis radical, y actualmente en tratamiento con quimioterapia.
Ingresó en el hospital por sepsis por Staphylococcus aureus meticilin-sensible (por infección del reservorio). Sufre de forma progresiva desorientación, habla repetitiva y somnolencia con evolución a status epilepticus, por lo que ingresó en el servicio de medicina intensiva (SMI). Se realizó tomografía computarizada (TC) craneal urgente, sin hallazgos significativos. A su ingreso presenta estado post-crítico, tras administración de benzodiacepinas intravenosas (IV), y temperatura de 38°C; el resto de la exploración por aparatos resultó normal. En la analítica reseñar plaquetas 22×109/l, creatinina 3,5mg/dl, urea 95mg/dl, proteína C reactiva 15,6mg/dl, resto normal. Se procedió a intubación orotraqueal y realización de punción lumbar (PL) con salida de líquido cefalorraquídeo (LCR) transparente a normopresión sin células, glucosa 68mg/gl y proteínas 64mg/dl (proteínas plasma 5,2g/dl). Se iniciaron sedo-analgesia, fluidoterapia, levetiracetam, tratamiento antimicrobiano IV de amplio espectro, que incluyó aciclovir. En broncoaspirado y hemocultivo se aislaron. Klebsiella pneumoniae productora de betalactamasas , en la radiografía de tórax; urocultivo y cultivo de LCR negativos. LCR con reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para virus de herpes simple (VHS), citomegalovirus (CMV), virus varicela-zóster (VVZ) y virus Epstein-Barr (VEB) negativos, con citología negativa para células malignas. Serologías para virus de la inmunodeficiencia humana, hepatitis, VHS, CMV y VVZ negativas para infección activa. CA 125 elevado (180,3U/ml); resto de marcadores tumorales normales. Anticuerpos (Ac) anti-DNA, antinucleares, c-ANCA y p-ANCA negativos. Hormonas tiroideas en rango dentro de la normalidad con tratamiento sustitutivo y Ac antiperoxidasa y antitiroglobulina negativos.
Nueva TC con contraste descartó enfermedad estructural, y PL de control con salida de líquido transparente a normopresión con perfil bioquímico normal sin células, y negativo para malignidad. El electroencefalograma (EEG) es compatible con efecto de la sedación y la resonancia magnética nuclear (RMN) muestra el siguiente resultado: en la secuencia potenciada en T2 hiperintensidad de la región hipocámpica de predominio izquierdo, en la secuencia en difusión se observa hiperintensidad con discreto descenso del coeficiente de difusión aparente (ADC) en la región hipocámpica del lóbulo temporal izquierdo. Tras la introducción de contraste paramagnético no se observan captaciones (figs. 1 y 2A y B).

Figura 1.
RMN cerebral, secuencia FLAIR. Hiperintensidad de señal en la región hipocámpica de ambos lóbulos temporales, de marcado predominio izquierdo.
En el estudio de difusión muestra hiperintensidad con discreto descenso del coeficiente ADC en la región hipocámpica del lóbulo temporal izquierdo.
Ante los datos clínicos y la neuroimagen característica se planteó el diagnóstico de EL; se solicitaron Ac onco-neuronales en sangre y LCR (frente NMDA, IA-2, GAD, Hu, Yo, Ri, PNMA2, CV2, antifisina, titina, recoverina y SOX1) que fueron negativos. Se inició tratamiento con metilprednisolona IV 1mg/kg/d con recuperación neurológica lentamente favorable. Alta del SMI a los 35 días y del hospital a los 20 días, después tratamiento con prednisona vía oral 1mg/kg/d durante 3 meses, tras los cuales presentó recuperación neurológica «ad integrum».
El cuadro clínico de la EL se caracteriza por la aparición subaguda2 de alteraciones neuropsiquiátricas diversas que incluyen, entre otras, deterioro cognitivo, convulsiones, depresión, irritabilidad, alucinaciones y pérdida de memoria reciente3,4. En la mayoría de los casos el LCR5 muestra cambios inflamatorios con proteinorraquia y/o pleocitosis discretas, sin hallazgos patognomónicos. La TC5 habitualmente es normal, sin captación de contraste y la RMN cerebral5 en el 70% de los casos muestra hiperintensidad de ambos lóbulos temporales en forma asimétrica, especialmente en las secuencias T2 y FLAIR, que no realza con contraste. El EEG puede mostrar lentitud temporal o difusa, espigas temporales, actividad convulsiva focal temporal o generalizada.
Actualmente se distinguen 3 variedades de EL6: paraneoplásica, viral e idiopática (autoinmune no paraneoplásica).
Esta paciente presenta datos clínicos asociados y las pruebas complementarias altamente sugestivas de EL Ante el contexto de inmunodepresión, y dado que la causa más común de EL es vírica, EL origen viral ante PCR negativa en LCR para VHS, CMV, VVZ y VEB (sensibilidad y especificidad superiores al 95%)7. Se realizó el diagnóstico diferencial con otras causas de encefalopatía con afectación del lóbulo temporal como esclerosis mesial, accidente cerebrovascular isquémico, neoplasia cerebral, encefalopatía de Hashimoto y encefalopatía lúpica.
El diagnóstico más probable, tomando en consideración estos datos, es una EL paraneoplásica8(ELP). Se trata de una entidad poco frecuente (<1% de pacientes con cáncer) y entre el 60-70% de los casos la clínica neurológica precede a la identificación de la neoplasia incluso en años; los tumores más frecuentemente asociados con ELP son el carcinoma pulmonar de células pequeñas (50%), testicular (20%) y mama (8%). El diagnóstico de esta entidad requiere la presencia de 4 de los siguientes criterios9: clínica compatible, exclusión de complicaciones neuro-oncológicas, intervalo menor de 4 años entre síntomas y diagnóstico del tumor y, al menos uno de los siguientes: a) cambios inflamatorios en LCR con citología negativa, b) RMN cerebral con cambios en lóbulo temporal, c) identificación de Ac onco-neuronales6,10 en sangre o LCR, presentes entre el 50-60% de los casos con especificidad superior al 90%. Esta paciente cumple todos los criterios diagnósticos salvo la detección de Ac onco-neuronales. En la bibliografía médica hay pocos casos descritos de ELP, siendo excepcional tras el diagnóstico del proceso neoplásico. El tratamiento de la ELP se basa en el control de los síntomas y el inicio de tratamiento oncoespecífico y/o inmunomodulador. Hasta un 50% de los pacientes no responden al tratamiento inmunomodulador de primera línea (corticoides, inmunoglobulinas IV o recambio plasmático, por separado o de forma combinada). En los casos refractarios, la administración de tratamiento de segunda línea (rituximab y ciclofosfamida solos o en combinación)10 permite la recuperación completa o con déficits mínimos en el 80% de los caso Limbic encephalitis: The great unknown B. Sosa-Torres , M.J. Prieto-Bragado, L.Á. Domínguez-Quintero, P. Fernández-Arroyo, E. Blasco-Ciscar, R. Cantó-Pérez Servicio de Cuidados Intensivos, Hospital Marina Baixa, Alicante, La Vila Joiosa, España

2 abril 2019

MICROBIOTA

Filed under: INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 21:54

MICROBIOTA
Nuestra microbiota contiene 100 billones de microorganismos, incluyendo como mínimo 1.000 especies diferentes de bacterias que comprenden más de 3 millones de genes, 150 veces más que en el genoma humano. De hecho, la microbiota intestinal puede pesar hasta 2 kg.
Cada día existe más evidencia de la relación entre los intestinos, y su efecto sobre nuestra salud mental y los científicos cada vez tienen más pruebas. Muchos estudios han comprobado, cómo los cambios en los microbios que nos ayudan en la digestión producen también cambios en nuestro cerebro, justamente con las enfermedades más frecuentes, tales como la ansiedad y depresión. Y esto se demuestra repetidas veces en ratones, donde la presencia o ausencia de microbiota en los intestinos puede hacer que los animales desarrollen comportamientos relacionados con la ansiedad, como por ejemplo evitar la exposición a luces brillantes o salir a espacios abiertos.
Esta relación entre ambos órganos posiblemente se deben a pequeñas moléculas presentes en el cerebro que ayuden a las bacterias intestinales a piratear nuestras emociones.
Recientemente una investigación con ratones que sugiere que las bacterias intestinales afectan al tipo y la cantidad de microRNAs, moléculas que ayudan a las células a funcionar manejando la producción de proteínas, en las regiones del cerebro que controlan la ansiedad.
En esta investigación, los científicos compararon a ratones normales, cuyos tractos gastrointestinales tenían una presencia normal de bacterias, con otros criados en ambientes estériles, sin ninguna microbiota intestinal, y observaron que en las regiones cerebrales que controlan la ansiedad (amígdala y córtex prefrontal), los ratones sin bacterias tenían una sobreabundancia de algunos tipos de microRNAs y una escasez de otros, comparados con los ratones normales. Y despues de exponer los ratones esterilizados a microbios, sus niveles de microRNAs se acercaron más a los de los ratones normales.
También examinaron los niveles de microRNAs en la amígdala y el córtex prefrontal de ratones cuya microbiota había sido reducida por el uso de antibióticos, y observaron que sus niveles de estas moléculas estaban desequilibrados, igual que lo estaban en los ratones sin bacterias.
De aquí la creencia que la microbiota intestinal afecta a los niveles de ansiedad de su anfitrión a través de la manipulación de los microRNAs en regiones del cerebro muy concretas.
Los investigadores no conocen aún, como las raterías modifican la producción de estas moléculas en el cerebro. Quizá envíen señales a través del nervio vago, el canal de información parasimpática de los intestinos.
También es posible que la acción de esta bacterias produzcan sustancias que provoquen al sistema inmune para genere otras sustancias que causen que el cerebro fabrique más menos cantidades de determinados microRNAs. Posiblemente, esto se parece a un fenómeno de autoinmunidad.
Cabe la pregunta de cómo determinados medicamentos probióticos sirven para favorecer la presencia de determinados microbios en los intestinos y si ello puede regular los niveles de microRNA en determinados sitios del cerebro, para así atenuar los niveles de ansiedad, y desarrollar nuevos medicamentos para enfermedades psiquiátricas y neurológicas.
La relación del intestino y alimentación sobre nuestro psiquismo ha sido muy estudiado. La influencia sobre enfermedades como la depresión o la ansiedad, justo después del cerebro, serían los intestinos?
Nuestro intestino tiene ‘su’ cerebro. Se llama sistema nervioso enterico (SNE) y es una división del sistema nervioso que se encarga de controlar directamente el sistema digestivo. Se encuentra en las capas de tejido que revisten el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon, y los científicos estudian qué relación tiene este cerebro intestinal con nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento.

Su función principal es controlar la digestión de alimentos, desde el momento de tragar pasando por la liberación de enzimas que ayudan a descomponer la comida en el estómago hasta el control de los flujos sanguíneos que ayudan a absorber los nutrientes útiles y desechar los innecesarios. Durante todo el proceso, se comunica con nuestro cerebro con resultados profundos que aun están por comprender del todo.
Durante mucho tiempo, los científicos han considerado que la ansiedad y la depresión contribuían a provocar problemas como síndrome del colon irritable y patologías intestinales como estreñimiento, diarrea, hinchazón, dolores y molestias estomacales.
Ahora, nuevas evidencias muestran que la relación podría ser recíproca, y que lo que ocurre en nuestras tripas afecta también al cerebro, provocando que las personas que padecen cualquiera de esas enfermedades sea también más proclive a sufrir desequilibrios emocionales, depresión y ansiedad.
Actuales estudios demuestran que la microbiota, el conjunto de millones de bacterias que viven en ellas. Cada uno llevamos en nuestro estómago e intestinos unos dos kilos de estos microorganismos.
Aunque su efecto es casi siempre positivo y necesario para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo (ayudan a digerir la comida, eliminan compuestos que podrían resultarnos tóxicos y evitan la proliferación de bacterias peligrosas), también pueden tener repercusión sobre cómo nos sentimos.

Estas son dos formas comprobadas por la ciencia en las que la microbiota afecta a nuestra salud mental.
Todos sabemos que nuestro estado mental afecta a nuestros intestinos. Cuando estamos muy disgustados se nos hace imposible comer y uno de los síntomas habituales de la depresión es el estreñimiento.
Quizá no resulte tan intuitivo, pero es igualmente cierto que la misma reacción se da al revés, y que el estado de nuestro tracto digestivo afecta a nuestro estado anímico.
Un equipo de científicos de la Universidad College de Cork, en Irlanda, probó a alimentar a un grupo de ratones con Lactobacillus rhamnosus, un tipo de bacteria probiótica común en los yogures, y a otro grupo con un caldo sin esas bacterias.
Cuando después obligaron a todos los ratones a nadar en aguas profundas, los animales alimentados con probióticos lucharon por mantenerse a flote, mientras que los otros se hundían sin oponer resistencia, indicando la versión ratonil de una depresión. Al situarlos en un entorno desconocido, los primeros se atrevieron más a menudo a salir y explorar que los segundos, que se quedaron atrás buscando consuelo en sus compañeros, una señal de ansiedad.

Otro estudio, llevado a cabo en la Universidad de California Los Angeles, dio a un grupo de mujeres yogures enriquecidos en probióticos dos veces al día durante cuatro semanas; a otro grupo le dio productos lácteos no probióticos y a un tercero, su dieta habitual.
Tras las cuatro semanas, todas pasaron por un escáner para medir su respuesta cerebral, y resultó que el grupo que había consumido yogures probióticos mostraba unos resultados distintos en cuanto a las funciones cerebrales tanto en reposo como en respuesta a una tarea de reconocimiento de emociones.
La microbiota nos cambia la personalidad; científicos de la Universidad McMaster trabajaron con dos variedades distintas de ratones, elegidas por sus diferentes personalidades: una de ellas era tímida y retraída, y la otra más sociable y atrevida.
Los científicos eliminaron toda la microbiota de ambas variedades dándoles antibióticos, y después les suministraron a cada una las bacterias intestinales de la otra variedad. Y descubrieron que a la vez habían intercambiado sus personalidades: los tímidos ahora eran sociables, y los sociables ahora eran tímidos.
La dieta no cura la depresión. Al menos no hay evidencias científicas hasta la fecha de que esto puede ocurrir. Aunque la relación directa entre el sistema digestivo y los desequilibrios emocionales es cada vez más sólidamente reconocida, los expertos advierten de que todavía no se sabe lo suficiente como para establecer un tratamiento.
Sin embargo, sí que hay algunas recomendaciones alimentarias generales para prevenir la depresión. Estas son las 5 claves que determinó un estudio al respecto:
1. Seguir patrones de dietas tradicionales, como la mediterránea, la noruega o la japonesa.
2. Aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales enteros, frutos secos y semillas.
3. Incluir un alto consumo de alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados con Omega 3.
4. Sustituir comidas insanas por alimentos saludables y nutritivos.
5. Limitar el consumo de alimentos procesados, comida rápida, productos de repostería industrial y dulces.
La depresión es un problema de salud que provoca discapacidad para llevar a cabo una vida normal. Según la OMS, afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo.
El tratamiento debe ser multidimensional, incluyendo medicación, tratamiento psicológico, sesiones de apoyo individual y/o en grupo y otra serie de actuaciones que resultan beneficiosas para mejorar este problema de salud mental. El ejercicio físico sigue tomando fuerza como un tratamiento útil y que debe ser tenido en cuenta para mejorar los casos de depresión, algo que detallaremos a continuación.
El ejercicio físico resulta positivo en problemas de salud mental como la depresión, cada vez hay más indicios de que no solo supone una recomendación, sino que realmente el ejercicio debe considerarse como un tratamiento útil para mejorar los casos de depresión.
Así lo afirman los investigadores que realizaron un metaanálisis incluyendo estudios de alta calidad metodológica (ensayos clínicos aleatorizados) en los que se comparaba la ejecución de ejercicio con un grupo control que no lo realizaba, todo en sujetos con diagnóstico de depresión.
Los resultados que obtuvieron en este análisis que abarcó una muestra de casi 1500 sujetos es que el efecto del ejercicio físico tenía un potente efecto contra la depresión. En estos estudios se comparó el ejercicio con el grupo control que no hacía nada, y se vio que el efecto del ejercicio (principalmente aeróbico moderado-intenso fue el utilizado en las intervenciones) resultaba muy beneficioso.
Según los investigadores, el ejercicio tiene un efecto antidepresivo bastante signficativo en personas afectadas por depresión, incluso con diagnóstico depresión mayor.
Los datos de este estudio apoyan considerar el ejercicio como un tratamiento para la depresión basado en la evidencia.
Por lo tanto, esta opinión, puede (y debería) incluirse en las pautas de tratamiento para problemas de salud mental como la depresión, siempre indicado y supervisado por los profesionales de la salud y del ejercicio, que trabajen de manera coordinada.
MIGUEL LÓPEZ PAREJA@miguelhd

30 marzo 2019

ENCEFALITIS

Filed under: General,INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 21:40

Encefalitis
Las encefalitis son enfermedades producidas por inflamación del encéfalo. Aunque predominan en determinadas regiones del planeta, son bastante frecuentes, son en general de causa infecciosa, y producidas por gran variedad de gérmenes; bacterias, ricketsias, espiroquetas, leptospiras, parásitos, hongos y virus. Salvo las de origen vírico las encefalitis sueles ser un síntoma más, casi nunca el más llamativo, dentro del cuadro clínico de la enfermedad. Normalmente, cuando se refiere a una encefalitis, se hace como sinónimo de encefalitis vírica.
Entre las encefalitis víricas, se conocen más de cincuenta virus causantes de encefalitis en la especie humana. Los más importantes son los que producen encefalitis sin trastornos sistémicos. Casi siempre la encefalitis está asociada a una meningitis, de manera que los dos síndromes, encefalitis y meningitis, forman un espectro continuo (meningoencefalitis) provocado por los mismos virus, aunque algunos virus pueden tener preferencia por alguna de estas localizaciones.
Los virus que producen encefalitis ocasionan un síndrome común que permite hacer un diagnóstico clínico, pero es muy difícil hacer un diagnóstico exacto en más de la mitad de los casos, excepto en los casos particulares de determinadas regiones geográficas.
Síntomas de la encefalitis
La encefalitis puede provocar alguno de los siguientes síntomas como:
• Síndrome febril agudo.
• Afectación meníngea, con meningismo o rigidez de nuca y cefalea.
• Alteraciones de la conciencia, con letargia, que puede progresar al estupor y coma.

• Hemiparesia o signos focales motores con asimetría de reflejos y signo de Babinski positivo.
• Convulsiones localizadas o generalizadas.
• Alteraciones del lenguaje y afasia.
• Movimientos anormales y temblor parkinsoniano muy raramente.
• Signos cerebelosos y alteraciones sensoriales, auditivas o visuales.
• Diabetes insípida o secreción inadecuada de ADH en los casos de afectación de hipotálamo o hipófisis.
Todos estos síntomas son debidos a lesiones focales o difusas de la sustancia gris o sustancia blanca del sistema nervioso central.
Una de las pruebas que hay que realizar es una punción lumbar en la que se analiza el líquido cefalorraquídeo que informa de meningitis aséptica.
La evolución de la encefalitis transcurre al cabo de pocos días a algunas semanas, con una mortalidad variable dependiente del agente vírico causal, desde el 5% al 20%. En la quinta parte de los pacientes aparecen diversas secuelas, como deterioro mental, cambios en la personalidad y alteraciones de los movimientos.
Tipos de encefalitis
: Encefalitis viral
• Encefalitis por arbovirus: Son frecuentes en América y Extremo Oriente. Se conocen más de 50 tipos de arbovirus o togavirus que transmiten determinados artrópodos que producen encefalitis, fiebre hemorrágica y artralgias.
• Encefalitis por virus del herpes simple: Es la forma más frecuente de encefalitis vírica en los países europeos, aunque su incidencia es muy baja.
• Encefalitis por el virus de la rabia: Muy rara en Europa.
• Encefalitis por el virus de sarampión.
• Encefalitis por el virus de VIH.
• Encefalitis letárgica. Se piensa que la causa puede ser una bacteria o una respuesta autoinmune.
• Encefalitis Equina Oriental (EEE) Encefalitis Equina Oriental (EEE)
• Encefalitis autoinmune. Se crean anticuerpos contra el receptor NMDA. Asociado a pacientes jóvenes con alteraciones psiquiátricas.

Encefalitis autoinmune
La encefalitis autoinmune es una variedad de encefalitis causada por un mecanismo de autoinmunidad. Es un grupo heterogéneo de enfermedades que incluye diferentes variantes, una de las más frecuentes es la causada por anticuerpos contra el receptor N-metil-D-aspartato. El cuadro clínico consiste en manifestaciones psiquiátricas, movimientos anormales y crisis epilépticas. El diagnóstico diferencial principal es con la encefalitis viral, por ejemplo la causada por el virus del herpes. La encefalitis autoinmune es una enfermedad grave, aunque potencialmente reversible en muchos casos, el tratamiento precoz mejora los síntomas y disminuye la frecuencia de recaídas. 1
Tipos
Encefalitis de Rasmussen. También conocida como encefalitis crónica focal (ECF), provoca convulsiones frecuentes, pérdida de habilidades motoras y del habla, parálisis y demencia.
Encefalitis del lupus eritematoso
Encefalitis de la enfermedad de Behcet
Encefalitis de Hashimoto
Encefalitis por autoanticuerpos contra el receptor de N-metil-D-aspartato (anti-NMDAR). Esta enfermedad fue descrita por primera vez en el año 2007 por Josep Dalmau en la Universidad de Pennsylvania. Se caracteriza por la existencia de autoanticuerpos contra los receptores NMDA existentes en las neuronascerebrales.234
Encefalitis para neoplásica. Secundaria a la existencia de un tumor, sobre todo el teratoma ovárico.
Referencias
↑ Encefalitis por anticuerpos anti-NMDA en pediatría: una entidad potencialmente tratable. An Pediatr.2015; 82: e252-4 – Vol. 82 Núm.5 DOI: 10.1016/j.anpedi.2014.08.007
Hospital Clinic Barcelonaː La inmunoterapia controla el 81% de las encefalitis autoinmunes anti-NMDA, 2013.
Bhalla, D.; Godet, B.; Druet-Cabanac, M.; Preux, PM. (Jun 2011). «Etiologies of epilepsy: a comprehensive review.». Expert Rev Neurother 11 (6): 861-76. PMID 21651333. doi:10.1586/ern.11.51.
VV.AAː Encefalitis autoinmune. Reporte de un caso. Revista Pediátrica Elizalde, diciembre 2014; Vol. 5 (2): 57-132.

28 enero 2019

TEORIA DE LOS GERMENES

Filed under: INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 19:25

TEORIA DE LOS GERMENES
La teoría microbiana de la enfermedad o teoría germinal de las enfermedades infecciosas propone que los microorganismos son la causa de una amplia gama de enfermedades. Estos pequeños organismos, invaden a los humanos, animales y otros huéspedes. Y pueden producir una enfermedad. «Germen» o microbio puede referirse a un virus, bacteria, protista, hongo o prión. Los microorganismos causantes de enfermedades son llamados patógenos y las enfermedades que causan son llamadas enfermedades infecciosas.
Aun cuando el patógeno es la principal causa de una enfermedad infecciosa, factores personales como la herencia genética, nutrición, fortaleza o debilidad del sistema inmunologico, ambiente y hábitos higiénicos a menudo influencian la severidad de la enfermedad y la probabilidad de que un individuo en particular se infecte tras ser expuesto al patógeno.
La teoría germinal fue un descubrimiento científico realizado en la segunda mitad del siglo XIX . Louis Pasteur reemplazó anteriores explicaciones para la enfermedad, como la teoría miasmática o la teoría de los humores. Aunque fue muy controvertida cuando se propuso, es ahora fundamental en la medicina moderna y la microbiología clínica, conduciendo a innovaciones tan importantes como el desarrollo de la vacuna, el antibiótico, la esterilización y la higiene como métodos efectivos contra la propagación de enfermedades contagiosas.12
Koch logró probar la teoría germinal de las enfermedades infecciosas tras sus investigaciones en tuberculosis, siendo por ello galardonado con el premio Nobel en Medicina y Fisiología, en el año 1905.3 Estableció lo que se ha denominado desde entonces los postulados de Koch, mediante los cuales se estandarizaban una serie de criterios experimentales para demostrar si un organismo era o no el causante de una determinada enfermedad. Estos postulados se siguen utilizando hoy en día.

La medicina antigua , desde Hipócrates hasta Pasteur, creía que las enfermedades provenían de adentro del cuerpo debido a un desequilibrio de humores2
El Átharva Vedá es el primer texto antiguo que menciona a la medicina. El texto identifica las causas de la enfermedad como agentes causales vivos[]como el iatudhānia, el kimīdi, el krimi y el durṇama. El texto explica cómo matarlos con una variedad de hierbas a fin de contrarrestar la enfermedad .
Una de las primeras referencias occidentales a esta hipótesis aparece en De agricultura de Marcus Terentius Varro (publicado en el 36 a. C.) y advierte del peligro de tener una granja cercana a una ciénagas: porque la ciénaga hay criaturas diminutas que no pueden verse con los ojos, que flotan en el aire y entran en el cuerpo a través de la boca y la nariz y allí causan graves enfermedades.4
En el Canon de medicina (1020), Abū Alī ibn Sīnā (Avicena) expuso que la secreción corporal está contaminada por cuerpos terrenales exteriores sucios antes de estar infectado.5 También descubrió la naturaleza contagiosa de la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas, e introdujo la cuarentena como una manera de limitar la propagación de enfermedades contagiosas.6
Cuando la peste bubónica , la llamada “ Peste Negra” llegó a al-Ándalus en el siglo XIV, Ibn Jatima supuso que las enfermedades infecciosas eran causadas por «cuerpos diminutos» que entraban en el cuerpo humano y causaban la enfermedad. Otro médico andaluz del siglo XIV, Ibn al-Jatib, escribió un tratado llamado De la peste:5
La existencia de contagio es conocida por la experiencia, la investigación, la evidencia de los sentidos e informes fidedignos. Estos hechos constituyen un argumento de peso. El hecho de la infección se vuelve claro al investigador que nota cómo aquel que establece contacto con el afligido coge la enfermedad, mientras que aquel que no está en contacto permanece sano, y cómo la transmisión es afectada a través de prendas, vasijas y pendientes.
Girolamo Fracastoro en 1546 fue el primero en sostener una hipótesis más o menos precisa de que las enfermedades epidémicas estaban causadas por agentes vivos, los cuales se podían transmitir por contacto de objetos contaminados o incluso el aire.2
El médico italiano Francesco Redi proporcionó una prueba contra la generación espontánea. Ideó un experimento en 1668 donde usó tres jarras. Puso un pastel de carne en cada una de las tres jarras. Tuvo una de las jarras abierta, otra cerrada herméticamente, y la última cubierta con gasa. Después de unos días, observó que el pastel de carne en la jarra abierta estaba cubierto por gusanos, y la jarra cubierta con gasa tenía gusanos en la superficie de la gasa. No obstante, la jarra cerrada herméticamente no tenía gusanos ni dentro ni fuera. También se dio cuenta de que los gusanos sólo se encontraban en superficies que eran accesibles por moscas. Por esto concluyó que la generación espontánea no era una teoría plausible.
Los microorganismos fueron observados directamente por primera vez por Anton van Leeuwenhoek, que está considerado el padre de la microbiología, pero nunca los considero seres vivientes..
Eugenio Espejo (Quito, 1747-1795. En su obra “Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de viruelas”, publicada en 1785, propuso que el origen de las enfermedades infecciosas se debe, no a maldiciones divinas, sino a causas biológicas y que para evitar su dispersión se deben de implementar medidas higiénicas.
El médico italiano Agostino Bassi es a menudo reconocido por haber expuesto la teoría microbiana de la enfermedad por primera vez, basándose en sus observaciones en la letal y epidémica enfermedad de la muscardina de los gusanos de seda. En 1835 culpó específicamente de las muertes de los insectos a un agente vivo y contagioso que era visible a ojo desnudo como multitud de esporas polvorientas; estos hongos microscópicos fueron posteriormente llamados Beauveria bassiana en su honor.
Ignacio Felipe Semmelweis fue un obstetra húngaro que trabajó en el Hospital General de Viena en 1847, quien observó la alta mortalidad de fiebre puerperal entre mujeres que parían en el hospital (30%), contrapuesta a la presentada en partos domiciliarios, que podían considerarse relativamente seguros. Investigando más, Semmelweis hizo la conexión entre la fiebre puerperal y los reconocimientos médicos practicados a las mujeres de parto por los doctores. Se percató que estos médicos venían directamente de las autopsias. Afirmando que la fiebre puerperal era una enfermedad contagiosa y que material proveniente de las autopsias estaba implicado en su desarrollo, Semmelweis hizo a los doctores lavarse sus manos con agua y cal antes de examinar mujeres embarazadas, reduciendo de ese modo la mortalidad del parto a menos del 2% en su hospital. Sin embargo, él y sus teorías fueron atacados sin piedad por la mayoría del sistema médico vienés.
John Snow contribuyó a la formación de la teoría microbiana cuando localizó el foco del brote de cólera de 1854 en el barrio londinense del Soho. El análisis estadístico de los casos de afectados mostró que el brote no concordaba con la teoría miasmática que estaba extendida en ese tiempo. Contrario al modelo de contagio, identificó beber agua como el causante de la transmisión de la enfermedad. Descubrió que ocurrieron casos en las casas que obtenían su agua de la fuente de Broad Street, que, no casualmente, estaba en el centro del brote.
Louis Pasteur demostró entre 1860 y 1864 de una manera fehaciente, que la fermentación y el desarrollo de microorganismos en caldos de nutrientes no procedía de la generación espontánea. Expuso caldo recién hervido al aire en vasijas que contenían un filtro para impedir que todas las partículas pasaran al medio de cultivo: e incluso sin ningún filtro, con el aire siendo admitido por un largo y tortuoso tubo que no dejaría pasar partículas de polvo. No creció nada en los caldos, por tanto los organismos vivos que crecieron en estos caldos venían de fuera, como esporas en el polvo, en vez de ser generadas dentro del caldo.2
Expuso la «teoría germinal de las enfermedades infecciosas», según la cual toda enfermedad infecciosa tiene su causa (etiología) en un germen con capacidad para propagarse entre las personas, además de ser el causante de procesos químicos como la descomposición y la fermentación, y su causa no provenía de adentro del cuerpo debido a un desequilibrio de humores como se creía tradicionalente.2
Sus experimentos refutaron la generación espontánea y crearon el principio Omne vivum ex vivo, clave en la actual teoría celular. Las consecuencias prácticas de su teoría lo llevó al desarrollo de vacunas para varias enfermedades y la impulsión de la higiene como método efectivo contra el contagio de las enfermedades.2
Referencias
↑ Moledo, Leonardo; Magnani, Esteban (2009) [Obra original 2006]. «6. Pasteur y la teoría de la infección microbiana». Diez teorías que conmovieron al mundo: de Copérnico al big bang. Argentina: Capital Intelectual. ISBN 9789876141673.
↑ «The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1905». Nobelprize.org. Consultado el 22 de noviembre de 2006.
↑ Varro De agricultura 1,xii Loeb↑ b Ibrahim B. Syed, Ph.D (2002). «Islamic Medicine: 1000 years ahead of its times», Journal of the Islamic Medical Association 2, p. 2-9.
↑ David W. Tschanz, MSPH, PhD (Agosto de 2003). «Arab Roots of European Medicine», Heart Views 4 (2).
↑ Madigan M, Martinko J (editores). (2005). Brock Biology of Microorganisms (11thd. edición). Prentice Hall. ISBN 0131443291.

10 diciembre 2018

BACTERIAS INTESTINALES DENTRO DEL CEREBRO HUMANO

Filed under: DEGENERATIVAS,INFECCIONES E INFLAMACION — Enrique Rubio @ 14:13

BACTERIAS INTESTINALES DENTRO DEL CEREBRO HUMANO

Fotografía de un astrocito,. La mancha gris del centro es un capilar, a la izquierda, varias bacterias – ROSALINDA ROBERTS, COURTNEY WALKER, AND CHARLENE FARMER La barrera hematoencefálica, es un conjunto de «filtros» situados en los vasos sanguíneos que evitan la entrada de patógenos, toxinas y otras moléculas, en el cerebro. Teoricamente impiden que entren patógenos en el cerebro, pero cada vez se pone este axioma mas en duda, ya que determinados patógenos, cuando cambian las condiciones del medio, pueden penetrar esta barrera y llegar al cerebro y el sistema nervioso en general
Investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.) encontraron en muestras de cerebros por casualidad unas formas alargadas en su interior, que posteriormente vieron que eran bacterias que se suelen encontrar en el intestino y pertenecen a tres grupos de microbios.
Ponen los autores en duda si estas bacterias no son producto de la contaminación dichas bacterias entraran en las células cerebrales, pero sugieren que podría haber bacterias intestinales viviendo dentro del cerebro de personas sanas.
Este hallazgo, realizado por un pequeño equipo de investigadoras dirigido por Rosalinda Roberts, fue presentado el mes pasado en el congreso anual de la Sociedad de Neurociencia, en Estados Unidos, y revelado por Sciencemagazine.
Barrera Hematoencefalica
Los autores piensan que estos microbios, pueden ser inocuos o incluso beneficiosos para el organismo.
La investigadora, Courtney Walker y Charlene Farmer trabajaban con muestras de cerebro extraídas de 34 personas fallecidas solo unas horas antes. Su objetivo era comparar los cerebros de enfermos de esquizofrenia con los de personas no afectadas por esta dolencia. Las fotografías de microscopía electrónica, en las que se extraen pequeñas láminas de tejido que se fijan a través de complejas técnicas, revelaron la presencia de corpúsculos dentro de ciertas células y en zonas concretas de estas.
Se encontraron las bacterias predominantemente en dos o tres lugares»,
En concreto, en los pies de los astrocitos, en la barrera hematoencefálica y junto a axones mielinizados. Además, la presencia de los microbios varió en cada región cerebral. En general, resultaron ser más abundantes en la sustancia negra (implicada en movimiento de ojos, planificación de movimientos, aprendizaje y adicción), el hipocampo (memoria, entre otros procesos) y el córtex prefrontal (pensamiento, memoria a corto plazo, atención), y más escasas en el cuerpo estriado (función motora, recompensa, etc).
Descartar que las bacterias hubieran llegado al cerebro después de la muerte, como una contaminación, les hizo buscar estos microbios en 10 ratones sanos. Extrajeron los tejidos justo después de la muerte de estos animales y, ¿qué encontraron? Más bacterias. A continuación, analizaron los cerebros de cuatro ratones desprovistos de microbios, criados expresamente para nacer en ausencia de bacterias. En este caso, encontraron tejidos totalmente limpios de microorganismos, lo que apunta a que no es la técnica de extracción la que introdujo las bacterias.
Además, y según ha detallado Rosalinda Roberts, en los ratones, pero no en los humanos, observaron bacterias dentro de los de las neuronas. También las vieron en las cercanías de los axones mielinizados.
Microbios de la microbiota intestinal?
Lo próximo que hicieron fue identificar a las bacterias halladas en el cerebro. Los análisis de genomas revelaron que el 92 por ciento de dichas bacterias pertenecen a 3 grandes grupos, que se corresponden con bacterias intestinales pero también con los tipos más frecuentes de estos microorganismos: Firmicutes, Proteobacteriasy BacteroidetesEl hecho de que hayan encontrado bacterias solo en ciertas zonas específicas de las profundidades de las células sugiere que estas no llegan a sus posiciones por azar. Como tampoco hay señales de inflamación en los cerebros, lo que se esperaría si estos fueran patógenos, también hace pensar que no están atacando.
Las bacterias podrían entrar en el cerebro bajo circunstancias que no impliquen lesiones o infecciones»«Las bacterias podrían entrar en el cerebro bajo circunstancias que no impliquen lesiones o infecciones y que podrían tener preferencias muy selectivas sobre el lugar donde viven en el cerebro», ha constatado Roberts.
Entonces, ¿qué podrían estar haciendo estos microbios si, efectivamente, vivieran en el interior del cerebro? ¿Podrían ser importantes para las funciones celulares, la enfermedad y la respuesta inmune? «Si vivieran ahí, la respuesta es sí», ha dicho la investigadora. «La ausencia de inflamación sugiere que son comensales o mutualistas, o bien que llegan tras la muerte a causa de una contaminación».
Los hallazgos son interesantes porque las bacterias se localizan en lugares específicos y no sencillamente en cualquier parte», como harían en una contaminación.. Es decir, esta opción también abriría curiosos interrogantes: ¿Por qué las bacterias invaden un ambiente hostil (compuesto por glutaraldehído), que se usa como agente antibacteriano en la conservación de las muestras de cerebro? ¿Qué tienen de especial los astrocitos y la mielina para ser invadidos mientras que otras células no reciben la «visita» de estos microbios? ¿Por qué invaden los núcleos de las neuronas de los ratones pero no de los humanos?
La comunidad científica ha constatado que la microbiota del intestino humano tiene un papel crucial para evitar la entrada de patógenos, regular el sistema inmunológico y absorber nutrientes. Recientemente, se ha comenzado a observar que el microbioma intestinal parece influir en el funcionamiento del cerebro, en el comportamiento y en la aparición de enfermedad, a través de mecanismos desconocidos. Se ha sugerido que puede ser gracias a la producción de hormonas o neurotransmisores, o quizás a través de algún mecanismos de comunicación, vía nervios o vasos sanguíneos. ¿Es lo hallado por estos científicos un primer indicio de esto?
Rosalinda Roberts ha explicado que a continuación tratarán de repetir los hallazgos centrándose en la esterilidad de las técnicas, con la finalidad de confirmar si estas bacterias proceden de una contaminación o no. Además, harán nuevos análisis para averiguar cuántas bacterias hay en los tejidos y si están vivas y, más adelante, cuántas hay en cada región en personas afectadas de varias dolencias. Para saber cómo podrían llegar hasta ahí, Roberts ha dicho que examinará potenciales rutas de entrada, como el nervio olfativo, el nervio vago y el área postrema.
Otros investigadores ya han manifestado su interés en estas observaciones. Por el momento, un grupo ha obtenido una confirmación independiente en tejidos extraídos en cirugía. El reto será, según Roberts, investigar en este campo teniendo en cuenta que hay pocos microscopistas electrónicos que puedan trabajar con este tipo de muestras, y el propio hecho de que sea necesario hacer las preparaciones tan solo ocho horas después de la muerte.
El esfuerzo podría merecer la pena. Si no es una peculiar contaminación, los científicos podrían haber encontrado un filón para estudiar la evolución, el funcionamiento y las enfermedades del cerebro.
Fantastico trabajo, Pueden haber germenes en el cerebro, sin producir enfermedades sin inflamación incluso benefactores.
Es posible que sea cuestión de tiempo, pasado el cual, se hacen patógenos y aparece la inflamación y todo el camino de enfermnedades neurodegenerativas.
Algo se ha conseguido, hay que romper paradirgmas.
La microbionta se ha roto, los germenes entran en el sistema nervoso por cualquier sitio, no necesitan puerta y se existe ellos la abren y además actúan cuando pueden lo necesitan y el organismo trata de expulsarlos si se portan agresivamente
La microbiota esta siendo explotada desde muchos angulos y es muy posible que esto de resultados.

Abundando en lo anterior, cabe introducir, el manejo de los macrofagos en esta patología.

Un equipo de investigadores dirigido por científicos del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular ha descubierto que una población de monocitos definida por la elevada expresión del marcador Ly6C (Ly6C ++) juega un papel crucial en la homeostasis cerebral. En experimentos realizados en ratones en los que el tratamiento prolongado con antibióticos había disminuido la neurogénesis hipocampal y la memoria, éstas pudieron ser restablecidas mediante el ejercicio físico y el tratamiento con probióticos.
Esta combinación se asoció a un aumento en el número de monocitos Ly6C ++ en el cerebro. La eliminación de esta población redujo la neurogénesis, mientras que su transferencia a ratones tratados con antibióticos la rescató. Ya era conocido que la macrobiota intestinal mantiene sistémicamente algunas poblaciones circulantes de célula mieloides, modulando los precursores de la médula ósea.
Los autores no descartan que la depleción de células Ly6C ++ mediante el uso de anticuerpos pueda tener algún efecto sobre otras células residentes del sistema nervioso central, como la microglia, los astrocitos o las células endoteliales. Sin embargo, el análisis de esta población celular en los diferentes paradigmas de tratamiento utilizados en este estudio les asigna, sin duda, un papel preponderante en la neurogénesis adulta en el hipocampo.
Bibliografia
– ROSALINDA ROBERTS, COURTNEY WALKER, AND CHARLENE FARMER. Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.
Centro Max Delbrück de Medicina Molecular

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