Enriquerubio.net El blog del Dr. Enrique Rubio

17 enero 2020

CROMOSOMA » Y» EN EL CÁNCER

Filed under: General,TUMORES — Enrique Rubio @ 19:32

En el cromosoma Y, que determina el sexo masculino, hay seis genes cruciales implicados en la regulación del ciclo celular que, cuando dejan de funcionar, pueden dar lugar al desarrollo de tumores. (Rost-9D / Getty Images/iStockphoto)

Cromátida del cromosoma Y.
El cromosoma Y es uno de los cromosomas sexuales (gonosomas o heterocromosomas) de los individuos heterogaméticos. Está presente solo en los individuos machos en el caso de que el animal sea mamífero.
Si el animal es ovíparo el cromosoma X es el propio de las hembras.
El resto de los animales, normalmente, carecen de cromosomas sexuales ya que el sexo no está condicionado por ellos sino por otras cuestiones. En el caso de algunos insectos el sexo está determinado mediante el número de copias del cromosoma X, mediante diploidía (XX) o haploidía (X) de este cromosoma. En esos casos, las hembras son diploides y los machos haploides.
Mediante la filogénesis se puede deducir que el cromosoma Y surge en la evolución con bastante posterioridad al cromosoma X, tratándose de una mutación de dicho cromosoma X. La pérdida de uno de los segmentos de X dio lugar a la forma estructural del cromosoma Y. De esta manera, por lo general, las dimensiones de los cromosomas Y son bastante más reducidas que las de los cromosomas X.[cita requerida] El cromosoma Y, dado su menor tamaño, incluye también menos información genética que el resto de los cromosomas, de lo que podemos deducir una relación entre el tamaño y la cantidad de información contenida.

El sistema de determinación del sexo XY
El cromosoma Y forma, junto al cromosoma X, el sistema de determinación del sexo XY.
En los animales con este tipo de diferenciación asexual cromosómica, la sola presencia de pares cromosómicos XX significa la expresión genética que da por resultado un individuo hembra, mientras que la asociación y combinación XY significa la expresión genética que resulta en un individuo macho. Existe un gen en el cromosoma Y, denominado SRY (del inglés Sex-determining Region Y), que produce una proteína denominada TDF (del inglés, testis-determining factor), o factor determinador de los testículos, que es el responsable de que el embrión desarrolle los testículos y se convierta en masculino. No existe un gen equivalente para la diferenciación de los ovarios, de manera que el embrión será por defecto femenino a no ser que posea el mencionado gen.
Los gametos con cromosomas Y son producidos en las gónadas masculinas (los testículos), lo cual supone una activación a partir de hormonas; más precisamente a partir de un nivel suficiente de testosterona. De este modo se pueden hacer rastreos filogenéticos (muy precisos si se combinan con estudios con el ADN mitocondrial), ya que el cromosoma Y pasa exclusivamente de padre a hijo, a través de toda la progenie masculina. Si el espermatozoide que realiza la fecundación es portador del cromosoma X el bebé será niña (un X del padre y un X de la madre), pero si es Y será un varón.
Razón de sexos 1:1[]
El principio de Fisher resumió por qué casi todas las especies que usan la reproducción sexual tiene un relación de sexo de 1:1, que quiere decir que 50% de descendientes recibirán el cromosoma Y, y 50% no. W.D. Hamilton dio la siguiente explicación en su artículo Extraordinary sex ratios («Relaciones de sexo extraordinarias») de 1967.1 Asume que cuestan iguales cantidades de energía producir machos que hembras.
1. Se parte de la suposición que los nacimientos de machos son menos comunes que los de las hembras.
2. Luego, un macho recién nacido tiene mejoras perspectivas de aparearse que una hembra recién nacida, y por eso es probable que vaya a tener más descendientes.
3. Así, padres genéticamente dispuestos a producir machos tienden a tener más nietos nacidos de ellos que la media.
4. Así se diseminan los genes que facilitan la tendencia a producir machos, y los nacimientos de machos tornan más comunes.
5. A medida que la relación entre sexos se aproxima a 1:1, las ventajas asociadas con la producción de machos desaparecen.
6. El mismo razonamiento ocurre si las hembras se sustituyen por machos en todo el argumento. Así, la relación de equilibrio es 1:1.
1. .
17/01/2020 06:00Actualizado a17/01/2020 10:40
Los hombres no solo tienen más riesgo de desarrollar cáncer que las mujeres, sino también tienen un pronóstico peor. Según un informe de 2018 de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cinco hombres tendrá algún tumor a lo largo de su vida, frente a una de cada seis mujeres; y de esos, uno de cada ocho hombres y una de cada 11 mujeres morirán.
Estudios previos habían apuntado a que factores como el tabaco, más consumido por la población masculina, podían influir a la hora de explicar esa diferencia entre sexos, pero se desconocían los motivos subyacentes.
Ahora, un equipo de investigadores, liderados por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por ‘la Caixa’, ha arrojado luz sobre los mecanismos biológicos que explican por qué los hombres tienen un riego mayor de padecer la enfermedad. En un estudio con 9000 individuos, han descubierto que la pérdida de ciertos genes en el cromosoma Y, presente solo en hombres, aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer.
En concreto, han visto que el riesgo aumenta cuando se pierde la función de seis genes clave. Estos genes están implicados en la regulación del ciclo celular, un proceso que, de fallar, puede dar lugar, precisamente, al desarrollo de tumores.
Los resultados, recogidos en Journal of the National Cancer Institute, abren la puerta a poder diseñar tests de detección precoz de la enfermedad así como mejores tratamientos de medicina personalizada.
“Las personas con pérdida del cromosoma Y tenían tres veces más riesgo de desarrollar un cáncer que la población sana en general”, destaca Juan Ramón González, coordinador del estudio y jefe del grupo de bioinformática en epidemiología genética de ISGlobal.
Algunos estudios habían apuntado a factores como el consumo de tabaco, pero los investigadores de ISGlobal han hallado mecanismos biológicos

En algunos tipos de cáncer, como el de pulmón, “el riesgo atribuible a la pérdida del cromosoma Y era similar al riesgo que tienen los fumadores de padecer esta enfermedad”, añade.
Los hombres tienen más riesgo de cáncer que las mujeres
“Las personas con pérdida del cromosoma Y tenían tres veces más riesgo de desarrollar un cáncer que la población sana en general”
Los investigadores analizaron 25 tumores comparando tejidos sanos y tumorales y hallaron que “el riesgo era enorme, hasta ocho veces mayor de desarrollar cáncer si había pérdida del cromosoma Y. En algunos tumores, como el de pulmón y riñón, el riesgo era hasta 30 veces más alto”, resalta este investigador.
Curiosamente, estos seis genes clave en el cromosoma Y tienen una copia similar en el cromosoma X, que comparten hombres y mujeres. En este sentido, los científicos han constatado que cuando la copia de estos genes en el cromosoma X también muta en las mismas células “la posible protección biológica de estos genes contra el cáncer se pierde por completo”, destaca Alejandro Cáceres, primero autor del trabajo.
Por qué se pierde la función del cromosoma Y
La pérdida del cromosoma Y se asocia al envejecimiento, pero también a factores de riesgo; el tabaco es, por el momento, el único que se ha demostrado que influye, pero los investigadores de ISGlobal sospechan que otros, como la polución medioambiental, podrían tener también un papel clave.
El tabaco es uno de los factores de riesgo que afecta la función del cromosoma Y. (Xavier Cervera)
Comprender las diferencias biológicas entre hombres y mujeres en cáncer es clave para poder desarrollar tratamientos y prevención personalizadas. También para poder desarrollar tests de detección precoces, como por ejemplo para cáncer colorrectal.
“Ahora si hay sospecha de que una persona puede tener cáncer colorrectal se realiza un análisis de heces para buscar sangre oculta, pero puede dar muchos falsos positivos y llevar a realizar pruebas invasivas y caras, que pueden no ser inocuas, como la colonoscopia”, apunta González. “Utilizando la desregulación de estos seis genes en el cromosoma Y como biomarcador, podríamos detectar precozmente por ejemplo un adenocarcinoma”.
No es el único resultado relevante de este estudio. Los investigadores han hallado que la pérdida de funcionalidad estos genes en el cromosoma Y también aumenta la probabilidad de los hombres de sufrir alzheimer.
“Es un hallazgo muy importante, hemos identificado genes que dejan de funcionar en dos enfermedades sumamente prevalentes en la sociedad, como son el cáncer y el alzheimer”, valora González, quien avanza que junto a su grupo están a punto de publicar sus resultados sobre cromosoma Y y esta enfermedad neurodegenerativa
Referencias
↑ Hamilton, W.D. (1967). «Extraordinary sex ratios». Science 156 (3774): 477-488. PMID 6021675. doi:10.1126/science.156.3774.477
Juan Ramón González, la Ilíada peligro porque te epidemiología genética de ISGlobal.
Journal of the National Cancer Institute, “Las personas con pérdida del cromosoma Y tenían tres veces más riesgo de desarrollar un cáncer que la población sana en general”, destaca
No en la

16 enero 2020

Joan Massagué descifra el origen de las metástasis

Filed under: General,TUMORES — Enrique Rubio @ 18:40


¿Qué es la metástasis?
Todo el mundo sabe lo que es una metástasis Generalización del tumor
A la metástasis, también se denomina enfermedad diseminada, enfermedad a distancia o enfermedad secundaria.
. Si no hay metástasis se tiene la opción de eliminar el tumor mediante cirugía y existen claras opciones de curación, complementando en muchos casos este tratamiento con quimioterapia y radioterapia. En caso contrario la cirugía no será una opción de tratamiento y éste se centrará en el uso de quimioterapia y radioterapia: será de carácter paliativo y tenderá a aliviar los posibles síntomas, mejorar la calidad de vida y aumentar el tiempo de supervivencia.

Cuando se genera un tumor en cualquier parte del organismo (tumor primario), éste se vasculariza creando sus propios vasos sanguíneos con el fin de alimentarse y de este modo poder sobrevivir y además seguir creciendo. Es un proceso que se conoce como angiogénesis y que facilita que las células cancerosas más competentes pasen al torrente sanguíneo y viajen a través de la sangre y los vasos linfáticos hacia el resto del cuerpo. Si estas células son capaces de traspasar los capilares que llevan la sangre a otros órganos, entonces se asientan en ellos y, si evolucionan y se adaptan a ese nuevo medio, comienzan a reproducirse y a generar un nuevo tumor (tumor secundario).

Otro aspecto importante cuando no se han detectado metástasis es que las células cancerosas que se desplazan a través de los vasos linfáticos llegan a los ganglios y producen un aumento de su tamaño, lo que se conoce como adenopatías
Tampoco es infrecuente que en ocasiones un cáncer sea diagnosticado como consecuencia de los síntomas producidos por una metástasis, como puede ser el dolor causado por una metástasis ósea.

Cuando las células cancerosas procedentes del tumor primario migran a través de la sangre y se asientan en otro órgano, no tiene por qué desarrollarse la metástasis de forma inmediata. De hecho, el cáncer metastásico puede permanecer latente durante años o décadas a pesar de haberse diseminado y comenzar a crecer sin previo aviso de forma muy agresiva.
Todas estas circunstancias hacen que la existencia de metástasis implique un peor pronóstico. Tal es así, que los expertos consideran que el 90% de los fallecimientos por cáncer se producen a causa de las metástasis.

Las células que inician las metástasis son fundamentalmente distintas de las que originan el cáncer los tumores primarios, los tumores primarios se inician por mutaciones genéticas, las metástasis lo hacen reactivando genes que no están mutados pero estaban inactivos.
El objetivo es prevenir las metástasis eliminando la enfermedad residual que queda después de un tratamiento.
Hay dos momentos en que podemos tener la oportunidad de hacerlo.
¿En qué momentos?
Uno es cuando a una persona se le ha detectado un tumor y se le ha eliminado. Ese tumor ha estado allí durante meses o años, liberando una gran cantidad de células malignas a la sangre, antes de ser diagnosticado. La mayoría de las células liberadas a la sangre muere, pero una minoría sobrevive y llega a infiltrar otros tejidos. Aún no forman una metástasis, y tal vez no lo harán nunca. Sobre este proceso no sabíamos nada. Ahora sabemos quiénes son estas células, cómo el sistema inmunitario las mantiene a raya y cómo algunas veces llegan a formar metástasis. Conociéndolas, podremos explotar sus vulnerabilidades y eliminar de manera más efectiva la enfermedad residual.
¿Cuál es el otro momento?
Cuando una persona ya ha tenido una metástasis y ha recibido tratamientos que la han hecho desaparecer. Desafortunadamente, la desaparición no es completa. Quedan células tumorales residuales y la metástasis puede reaparecer al cabo de un tiempo. Pensamos que las células que quedan después del tratamiento vuelven a utilizar los mismos trucos biológicos que sus predecesoras y que por lo tanto tienen las mismas vulnerabilidades, que podremos atacar con fármacos.
¿El objetivo es prevenir la aparición o reaparición de metástasis, más que tratar las metástasis ya existentes?
Como se produce la metástasis y como se generaliza es un problema aún discontinuo precisamente este trabajo es consecuencia de la publicación del Dr. Massagué, es fundamental el conocimiento de la formación de la metástasis porque de ello ha de depender su tratamiento
Si los tumores primarios se inician por mutaciones y las metástasis no, ¿son adecuados para tratar las metástasis los fármacos actuales que atacan mutaciones?
Tenemos todo un arsenal de terapias moleculares y otros tratamientos que hacen desaparecer metástasis declaradas y que tienen al campo de la oncología esperanzado. El reto es hacer desaparecer también la enfermedad residual.
En estos días se ha publicado en la vanguardia varios trabajos sobre la visión que tiene el Doctor Massagué, que cambia la comprensión de la enfermedad y abre la vía a mejorar los tratamientos
_Joan Massagué, investigador del cáncer, en el Instituto Sloan Kettering de Nueva York (Memorial Sloan Kettering Cancer Center)
JOSEP CORBELLA, BARCELONA

Las células que inician las metástasis hackean un mecanismo de reparación natural del cuerpo humano y lo utilizan para extender el cáncer a otros órganos, según ha descubierto el científico Joan Massagué en una serie de investigaciones que cambian completamente la comprensión de las metástasis y abren la vía a nuevas estrategias para prevenirlas y curarlas.

Los resultados muestran que las metástasis:
NO SE INICIAN POR MUTACIONES GENÉTICAS QUE HABILITAN A LAS CÉLULAS DEL TUMOR PRIMARIO PARA MIGRAR A OTROS ÓRGANOS, COMO SE HABÍA ASUMIDO HASTA AHORA. SE PRODUCEN POR UNA REPROGRAMACIÓN DE LAS CÉLULAS, QUE REACTIVAN GENES QUE NO ESTÁN MUTADOS PERO ESTABAN APAGADOS.
Con esta reprogramación, algunas células tumorales adquieren un comportamiento de células madre regenerativas, que es lo que les permite crear las metástasis.
Para Massagué, director del Instituto Sloan Kettering de Nueva York, este descubrimiento supone la culminación de una línea de trabajo que inició hace casi veinte años, cuando decidió investigar la biología de las metástasis, pues son la causa de cerca del 90% de de las muertes por cáncer. Hasta entonces, las investigaciones sobre las bases biológicas del cáncer se habían focalizado en los tumores primarios.
Desde el año 2003, Massagué y otros investigadores que han seguido su estela han descrito multitud de alteraciones genéticas presentes en metástasis causadas por diferentes tipos de tumores. Pero “hay tantos genes especializados en metástasis que uno no sabe por dónde empezar; además, su aplicación clínica es limitada”, explica el científico, para quien mejorar el tratamiento de los pacientes es una prioridad.
“Por eso dirigí las investigaciones a identificar el programa central de las células iniciadoras de metástasis. Ahora lo tenemos”. Este programa central, añade, ofrece “una nueva visión de la metástasis”.
El descubrimiento cambia la comprensión de cómo las células tumorales colonizan órganos distantes
En una investigación presentada esta semana en la revista Nature Cancer , Massagué y su equipo demuestran que las células que inician las metástasis utilizan de manera maliciosa un mecanismo que, en los tejidos sanos, es beneficioso.
SE TRATA DE UN MECANISMO QUE PERMITE REGENERAR LOS TEJIDOS CUANDO SUFREN UNA ROTURA.

Para ello, las células segregan una molécula llamada L1CAM que favorece la adhesión entre células y permite sellar las heridas. Esta misma molécula es utilizada por algunas de las células que escapan de un tumor para adherirse a otros tejidos e iniciar las metástasis.
Trabajos anteriores del laboratorio de Massagué habían detectado que L1CAM está presente en metástasis procedentes de distintos tipos de tumores (mama, pulmón, riñón y colorrectal) que afectan a distintos órganos (cerebro, pulmón, hígado y hueso). El nuevo trabajo, basado en tumores colorrectales, revela el mecanismo por el que L1CAM inicia las metástasis.
Los resultados muestran que las metástasis no se producen por una selección natural de células del tumor primario con mutaciones genéticas que las habilitan para colonizar otros órganos. “Olvidémonos de las mutaciones que causan metástasis. No hay muchas, tal vez ninguna”, declara Massagué.
“Este concepto de que las células que causan metástasis no adquieren mutaciones nuevas es novedoso e importante”, señala Joaquín Arribas, investigador Icrea en el Instituto de Oncología de Vall d’Hebron (VHIO) que se formó en el laboratorio de Massagué en Nueva York en los años 90. “Cambia el campo de juego de la investigación sobre metástasis”.
Una de las implicaciones de este descubrimiento es que las células madre que causan los tumores primarios son distintas de las que causan metástasis. Por lo tanto, los modelos basados en el crecimiento de tumores primarios no son adecuados para comprender las metástasis ni para ensayar fármacos contra ellas.
Olvidémonos de las mutaciones que causan metástasis. No hay muchas, tal vez ninguna”
JOAN MASSAGUÉ Director de la investigación
Una segunda investigación del laboratorio de Massagué presentada la semana pasada en Nature confirma que las metástasis se deben a la reprogramación de células tumorales, que adquieren propiedades de células madre regenerativas. En este caso la investigación se ha centrado en metástasis hepáticas de cáncer de páncreas. Los resultados identifican las moléculas que permiten a las células tumorales atrincherarse en el hígado. Se trata de moléculas implicadas en el desarrollo embrionario y en la fibrosis –la formación de tejido conectivo, como en una cicatriz–, lo que indica que el proceso de metástasis se basa en la reprogramación.
Una tercera investigación dirigida por Massagué que ha explorado las metástasis causadas por tumores pulmonares apunta en la misma línea.
“Partiendo desde diferentes perspectivas y estudiando diferentes tipos de tumor, llegamos al resultado común de que las metástasis están causadas por células tumorales que actúan como células madre regenerativas”, resume Massagué.
El avance clave
Las metástasis se producen por una reprogramación de las células, que reactivan genes que no están mutados pero estaban apagados
Estos trabajos “confirman que las metástasis son un proceso muy complejo”, destaca Joan Seoane, que fue investigador posdoctoral en el laboratorio de Joan Massagué de 1998 al 2003 y actualmente es investigador Icrea en el Instituto de Oncología de Vall d’Hebron (VHIO). “Sólo si comprendemos esta complejidad podremos desarrollar tratamientos eficaces contra las metástasis”, que es uno de los grandes retos pendientes de la investigación del cáncer. “Los nuevos resultados son un avance relevante hacia este objetivo”.
Precisamente con el objetivo de trasladar los resultados de sus investigaciones a los pacientes, el equipo de Massagué ha desarrollado anticuerpos contra la molécula L1CAM –la que permite a las células que escapan de un tumor adherirse a otros tejidos–. En ensayos con cultivos de células tumorales de pacientes, estos anticuerpos han resultado altamente eficaces contra aquellas células que tienen niveles elevados de la molécula.
Sólo si comprendemos la complejidad de las metástasis podremos desarrollar tratamientos eficaces”JOAN SEOANE Investigador del Instituto de Oncología de Vall d’Hebron (VHIO)
El equipo del Instituto Sloan Kettering ha iniciado ensayos de los anticuerpos en ratones para tratar metástasis incipientes. También tiene ensayos en curso en ratones para tratar de eliminar las células metastásicas que puedan quedar después de tratamientos de quimioterapia o inmunoterapia.
“Desarrollar fármacos contra las metástasis es más complicado que hacerlo contra los tumores primarios, porque comprendemos peor la biología de las metástasis y porque los ensayos clínicos serán más largos y costosos”, advierte Eduard Batlle, investigador Icrea en el Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB). “Pero tenemos que aprender a prevenir y tratar las metástasis para seguir reduciendo la mortalidad del cáncer. Los nuevos resultados de Joan Massagué son un avance muy importante en esta dirección”.
Este trabajo puede aclarar cómo se producen las metástasis, pero no como se curan. De forma que estamos donde antes necesitamos ahora que hemos descubierto cómo se producen y tenemos que aprender cómo se curan.
Nuestras ganas de solucionar el problema, no no proporcionan una solución hay que seguir.
Ha sentado las bases para comprender los distintos aspectos del problema en toda su complejidad, incluyendo cómo las células salen del tumor primario, cómo sobreviven en el torrente sanguíneo, cómo se evaden del sistema inmunitario, cómo anidan en un órgano distante, cómo se mantienen durante años en un estado de latencia y cómo después vuelven a proliferar”, destaca Eduard Batlle, del IRB.
Karuna Ganesh y Joan Massagué, investigadores del Instituto Sloan Kettering de Nueva York (Memorial Sloan Kettering Cancer Center)
Joan Massagué, investigador del cáncer, en el Instituto Sloan

Kettering de Nueva York (Memorial Sloan Kettering Cancer Center)

JOSEP CORBELLA, BARCELONA
15/01/2020 06:00Actualizado a15/01/2020 22:14

14 enero 2020

MONOS CLONADOS DE UN MACACO GENÉTICAMENTE MODIFICADO CON TRASTORNO DEL RITMO CIRCADIANO

Filed under: General — Enrique Rubio @ 15:50

CINCO MONOS CLONADOS DE UN MACACO GENÉTICAMENTE MODIFICADO CON TRASTORNO DEL RITMO CIRCADIANO

National Science Review

Portada de National Science Review con los cinco monos clónicos.
Academia China

El año científico arrancó a lo grande con la presentación a finales de enero en Shanghai de cinco monos clonados de un macaco genéticamente modificado con trastorno del ritmo circadiano a cargo de un equipo del Instituto de Neurociencia de la Academia de Ciencias de China. Utilizaron la edición genética con CRISPR/Cas9 para desactivar un gen (BMAL1) crucial para el ciclo de sueño-vigilia. Los monos clonados se mueven más por la noche, duermen menos y muestran síntomas relacionados con la psicosis, como el miedo y la ansiedad, cuando se colocan en entornos desconocidos.
Dos meses más tarde, otro equipo del Instituto de Zoología Kunming, la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Carolina del Norte, informaba en National Science Review de la inserción de un gen humano en embriones de monos rhesus que mostraron un desarrollo cerebral parecido al humano. El gen, la microcefalina o MCPH1, se expresa durante la etapa fetal del desarrollo y está relacionado con el tamaño del cerebro. Algunos científicos cuestionaron la ética de estos primates transgénicos, “un camino muy arriesgado”, dijo James Sikela, de la Universidad de Colorado.
En esta línea vanguardista y algo frankensteiniana, en julio se informaba de que Hiromitsu Nakauchi, que dirige equipos en las universidades de Tokio y de Stanford, recibía la aprobación del Gobierno nipón para crear embriones de ratón y rata con células humanas y que se desarrollen en animales gestantes. El objetivo final de Nakauchi es producir animales con órganos hechos de células humanas que eventualmente puedan ser trasplantados a personas. Embriones híbridos humano-animales ya se han generado en Estados Unidos, pero nunca llegaron a término. Nakauchi ha matizado que irá despacio con sus experimentos hasta desarrollar embriones híbridos de 70 días en cerdos.
Hasta veinte días
Los que sí consiguieron cultivar embriones de mono in vitro durante 20 días fueron dos equipos chinos, en uno de los cuales participaba el español Juan Carlos Izpisúa, del Instituto Salk, en California. Según se informaba en octubre en Science, el equipo de Izpisúa consiguió que sobrevivieran durante ese tiempo 46 de 200 embriones de mono. Los autores del otro ensayo, dirigido por Li Lei, del Instituto de Zoología de la Academia de Ciencias de China, en Pekín, lograron tres embriones. El avance incluye el proceso de gastrulación, es decir, cuando comienzan a emerger los tipos celulares básicos que dan lugar a diferentes órganos y tejidos, alrededor del día 14, una de las fronteras del desarrollo embrionario que estuvo a punto de traspasar en 2016 Magdalena Zernicka-Goetz, del Instituto Tecnológico de California, si la normativa legal no se lo hubiera impedido. A partir del día 20, fase en la que los embriones empezaron a colapsarse en esos ensayos, quizá por un medio de cultivo no apropiado, entra en juego el sistema nervioso primitivo. Aunque se hayan efectuado en macacos, y haya diferencias notables en el desarrollo de monos y humanos, han reavivado el debate sobre cuánto tiempo se debe permitir que los embriones humanos se desarrollen fuera del útero.
En otro alarde de laboratorio, y desafiando a la muerte cerebral, investigadores de la Universidad de Yale en New Haven revivieron los cerebros sin cuerpo de varios cerdos cuatro horas después de que fueran sacrificados. Aunque no lograron restaurar la conciencia, plantean preguntas inquietantes sobre la muerte cerebral, la reanimación y los trasplantes. Según publicaron en abril en Nature, conectaron las cabezas a un sistema que bombeaba un sustituto de la sangre. La técnica restauró algunas funciones, como la capacidad de las células para producir energía y eliminar desechos, y ayudó a mantener las estructuras internas de los cerebros.

Redacción
29 diciembre, 2019

13 enero 2020

MEMORIA Y SU RELACIÓN CON LOS SENTIDOS

Filed under: General — Enrique Rubio @ 15:29

William Beecher Scoville, cirujano que intervino a Henry Molaison
Por si fuera poco la biología de la memoria, su relación con los órganos de los sentido la coloca muy cercana al imposible
Las funciones cerebrales superiores son un verdadero problema a la hora de entenderlas y de ellas la memoria tiene una especial dificultad. La memoria se localiza en múltiples partes del cerebro, pero es el lóbulo límbico el que tiene mayor actividad para modular esta capacidad
Un enlace entre la operación de Scoville al paciente HM y la descripción que hace Marta Bueno y José R. Alonso Al relacionar la memoria con los sentidos

La operación de Scoville 1986 a Henry Molaison, a punto de cumplir 60 años. Le están haciendo una entrevista. Las preguntas se quedan colgando en el aire, Henry no es capaz de contestar sobre el mundo que le rodea. ¿La razón? Sus recuerdos se congelaron en 1953, cuando tenía 27 años.
Henry nació en el año 1926 y durante toda su vida padeció una epilepsia intratable. La misma le hacía sufrir crisis parciales y convulsiones imparables durante toda su juventud.
En el año 1953 Henry, tratado por el neurocirujano William Beecher Scoville, fue intervenido en lo que en aquel momento era una operación experimenta l. La operación se centró en la extirpación de los lóbulos que generaban la epilepsia.
La cirugía tuvo el resultado deseado: los ataques epilépticos desaparecieron, sin embargo, aquella intervención, realizada en ambos lados del cerebro, destruyó la mayor parte de sus estructuras, incluyendo su hipocampo (encargado de la memoria episódica y de hechos) y su amígdala cerebral (encargada del procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales). Estas consecuencias lo hicieron profundamente amnésico, incapaz de retener más de 30 segundos.
William Beecher Scoville, cirujano que intervino a Henry Molaison
Su amnesia, devastadora para Henry, se convirtió en el punto de mira de cientos de científicos y especialistas y en uno de los temas de investigación más importantes de la historia, revolucionando completamente todos los conocimientos sobre cómo funciona la memoria. Henry no era capaz de incorporar nueva información a su memoria a largo plazo, no podía recordar los sucesos de los dos años previos a la cirugía y tampoco los de once años atrás. Era capaz de adquirir nuevas habilidades motoras pero luego olvidaba que las había aprendido.
Henry tenía siempre una gran sonrisa en su rostro. Impresionaba realmente a los científicos porque no parecía tener ningún problema en su cerebro. Sin embargo, todos los sucesos de la vida de este amante de los crucigramas, cayeron en un abismo y desaparecieron por completo. Así, en 15 minutos podía contar 5 veces la misma historia, todos los caminos le parecían nuevos y veía la misma película durante todo el día entero sin recordar absolutamente nada del guión.

El encéfalo de Henry,
Henry Molaison, siempre nombrado entre los científicos como H. M. para preservar su intimidad, murió a causa de una enfermedad pulmonar. Antes de morir le hizo el regalo más grande a la ciencia: donó su cerebro. El proyecto, encabezado por Jacopo Annese, director del Observatorio Cerebral de la Universidad de San Diego, proporcionó una observación microscópica completa por todo el cerebro. En el año 2009, la disección del órgano de Henry fue retransmitida en directo y en ella se obtuvieron 2401 secciones de su cerebro, encontrando dos partes dañadas por completo y otras 16 potencialmente problemáticas.
En el año 2014 se realizó la creación de un mapa tridimensional del cerebro de Henry, la cual se encuentra a disposición de todos los científicos del mundo interesados en estudiar su caso. La aportación a la neurociencia y a la neuropsicología cognitiva es enorme, se contribuyó en conocimientos sobre la amnesia, el aprendizaje de habilidades motoras, la memoria espacia l y la consolidación de los recuerdos.

Tenemos una memoria más breve incluso que la memoria de trabajo: la memoria sensorial. Es mucho más efímera que la memoria de Dory, la pequeña amiga azul de Nemo, que se ha convertido ya en un referente para los recuerdos de corta duración. Aun así, si lo que percibimos con alguno de nuestros sentidos nos parece interesante y valioso para ser guardado, lo procesamos y lo almacenamos en una memoria un poco más duradera.
Esta memoria de los sentidos a tan corto plazo la podemos definir como la capacidad para retener impresiones de información sensorial después de que los estímulos originales hayan desaparecido. Recordamos durante un breve período de tiempo lo que percibimos con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Lo guardamos con mucha precisión pero muy brevemente, en el margen de 200 a 500 milisegundos (entre 1/5 y 1/2 segundo) después de la percepción del estímulo, y siempre menos de un segundo (aunque ahora se cree que la memoria ecoica, la que se activa al escuchar un sonido, dura un poco más, entre tres y cuatro segundos). De hecho, la memoria sensorial dura tan poco tiempo que a menudo se considera parte del proceso de percepción. Sin embargo, esta memoria representa un paso esencial para almacenar información en estancias de nuestro cerebro más persistentes.
En los años 1960, George Sperling realizó una serie de experimentos sobre la memoria sensorial (Sperling, 1960). En uno de ellos, a los participantes se les mostraban en un monitor tres filas de cuatro letras cada una durante 1/20 segundos, e inmediatamente después de que se apagara la pantalla, los participantes escuchaban un sonido de tono alto, medio o bajo. Si el tono era agudo, debían repetir la fila superior, si el tono era medio se les requería la fila central y si era grave, debían repetir la fila inferior. Sperling descubrió que los participantes podían recordar las letras siempre que el tono sonara dentro del margen de un tercio de segundo después de la visualización. Cuando el intervalo se alargaba más de un tercio de segundo, el recuerdo de las letras disminuía significativamente. Si sonaba después de un segundo del apagado de la pantalla era imposible recordar nada. Sperling en las que amputo a un enfermo la punta de ambos lóbulos temporalescalculó así el intervalo de tiempo en que es efectiva la memoria visual antes de desvanecerse.
Este almacenaje en la memoria sensorial no requiere atención consciente y, de hecho, generalmente se considera que está totalmente fuera de nuestro control. El cerebro está diseñado para procesar prioritariamente información que será útil en una fecha posterior, y para permitir que el resto pase desapercibido. Por eso, a medida que nos llegan estímulos del entorno que nos rodea, se almacenan en la memoria sensorial de manera automática e inconsciente y de la misma manera, se vacían de nuevo de forma sistemática. Esta memoria de los sentidos no puede fortalecerse a través del ensayo ni con la práctica voluntaria aunque queramos con todas nuestras fuerzas rememorar una caricia de ensueño que en su momento no transferimos a un lugar más duradero. Aunque no debemos preocuparnos, ya que si mereció la pena de verdad seguro que la guardamos bien.

En su libro Our Senses: an immersive experience (2018), Rob DeSalle nos cuenta los avances de la neurociencia en cuanto a la naturaleza y evolución de nuestros sentidos. Sabemos que no se limitan a los cinco aristotélicos sino que contamos con 33 sentidos analizados y algunos «observados» con técnicas de neuroimagen. Estos sentidos actúan de manera coordinada para que el cerebro elabore una representación del mundo que nos rodea, de nosotros mismos y del lugar que ocupamos en él. Entre los añadidos a los cinco clásicos podemos nombrar el sentido del dolor o nocicepción, la percepción de frío y calor o termocepción, el que percibe la presión y el peso, el sentido del tiempo o cronocepción o el del hambre, entre otros. Todos son el resultado de una adaptación evolutiva de nuestro sistema nervioso a las condiciones ambientales.
No obstante, nos centraremos en nuestros cinco básicos para utilizarlos de manera sencilla en tareas de estudio. Cuando los estímulos son visuales hablamos de memoria icónica, cuando son auditivos, de memoria ecoica y cuando la percepción es táctil se habla de memoria háptica. El gusto y el olor son algo más especiales. Este último está más relacionado con la memoria que los otros sentidos ya que el bulbo olfatorio y la corteza olfatoria, donde se procesan las sensaciones olfativas, están funcionalmente muy cerca del hipocampo y la amígdala, separadas por solo dos o tres sinapsis.

El hipocampo y la amígdala están implicados en los procesos de memoria, lo que hace que los olores puedan asociarse más rápida e intensamente con los recuerdos y las emociones. Además, son recuerdos que se mantienen por mucho tiempo, tienen un enorme poder evocador y ese olor a lavanda o a jabón Lagarto nos devuelve de nuevo a la casa de la abuela y los montones de ropa limpia.
La información de la memoria sensorial se fija como recuerdo a través de un proceso de atención y selección; es decir, cuando nos concentramos de manera específica en un aspecto del entorno mientras ignoramos otras cosas, este proceso filtra los estímulos para retener sólo los que nos parecen interesantes.
Human perception infographic scheme. Five senses (sight, smell, hearing, touch, taste) as represented by organs, surrounding brain. Line icon set, vector illustration.

Con todo, ¿podemos usar estos cinco sentidos para hacer más efectivo el estudio? Si sacamos partido a las percepciones sensoriales en la tarea de estudiar, si utilizamos estímulos adecuados que nos ayuden a aprender, contaremos con una herramienta más para mejorar el proceso. No nos referimos a comer dulces durante el estudio, ni a poner música o no ponerla, ni a iluminar la habitación con luz artificial o natural, ni a leer en pantalla o en papel. Tampoco queremos animar a mantener el cuarto con un olor permanente a canela o a pachuli según la asignatura. Simplemente, los sentidos están ahí y la neurociencia tiene algo que decir sobre ellos y su incidencia en el proceso cognitivo.
Ya hemos visto que el sentido del olfato está estrechamente relacionado con la memoria. De hecho, este sentido puede ser el más potente de todos para recuperar información. Ciertos aromas tienen una capacidad excepcional para desencadenar recuerdos vívidos. Esto se conoce como «efecto Proust» y hace alusión al pasaje inicial del libro Por el camino de Swann en el que el protagonista rememora su pasado tras oler una magdalena sumergida en la taza de té.
Al estudiar podemos utilizar la memoria olfativa en nuestro beneficio. Por ejemplo, si usamos un perfume original, nuevo para nosotros, mientras estudiamos y lo volvemos a utilizar justo antes del examen, se activará la memoria que evoca el contenido de lo estudiado. Por esto el olor debe ser diferente a cualquier otro y recordarnos sólo el contenido del examen.
De la misma manera que el olfato, el gusto también activa recuerdos. Está demostrado que los recuerdos gustativos tienden a ser los recuerdos asociativos más fuertes que podemos hacer. ¿Por qué es así? Un estudio realizado entre la Universidad de Haifa y el Instituto Riken de Japón (Chinnakkaruppan et al., 2014) descubrió que existe un vínculo funcional entre la región del cerebro responsable de la memoria del gusto, nuestra corteza insular, el área responsable de codificar el sabor y el área a la que va a parar la experiencia de este estímulo. En otras palabras, igual que el olfato, el gusto evoca recuerdos a través de nuestro hipocampo, el área del cerebro responsable de recuperar vivencias. Si aplicamos este sentido al estudio podemos saborear un caramelo con un gusto novedoso, extraño y diferente, para asociarlo sólo al contenido de los apuntes, mientras asimilamos información y después no debemos olvidar esa rareza de caramelo en el examen. Sin estudiar antes con ánimo, no hay nada que hacer, pero el sabor y la textura tienen cierto poder para desencadenar recuerdos de lo aprendido.

Vamos con la memoria ecoica; si lo que escuchamos es de nuestro interés, lo almacenado brevemente en la memoria sensorial pasa a la memoria de trabajo. Allí podemos administrar temporalmente la información requerida para llevar a cabo tareas cognitivas complejas como el aprendizaje, el razonamiento y la comprensión. Por lo tanto, si escuchamos algo que queremos utilizar en un futuro, este sentido es de gran ayuda. Entonces, podemos reproducir por audio el contenido que queremos aprender. Por otro lado, si consideramos la influencia de la música en el estudio, no encontraremos evidencias que demuestren sus beneficios o sus peligros en el proceso cognitivo. Sin embargo, lo que sí sabemos es que escuchar música cambia nuestro estado de ánimo, induce la producción de dopamina, el neurotransmisor que promueve sentimientos de felicidad, emociones positivas y bienestar. Esto nos puede hacer ver el tiempo de estudio de otra manera disminuyendo la ansiedad frente a los apuntes. Según la investigación realizada por Alice Isen, psicóloga estadounidense y profesora de psicología y marketing en la Universidad de Cornell, a medida que nuestro estado de ánimo mejora, también lo hace nuestra capacidad para resolver problemas, aprender y ser creativos.
Podría parecer que la cuestión del tacto está más alejada de las herramientas de estudio. Sin embargo, existe una fuerte correlación entre nuestro sentido del tacto y nuestra capacidad de concentración. Pequeños ejercicios físicos repetitivos pueden aumentar los niveles de neurotransmisores necesarios para la atención, por ejemplo, «estrujar» una pelota antiestrés o dar vueltas al lápiz, o incluso garabatear al margen del texto.

Estos estímulos activan la memoria háptica y nos ayudan a focalizar el interés.
Finalmente, consideremos el sentido de la vista; nuestro cerebro es en gran medida un procesador de imágenes, ya que el noventa por ciento de la información que recibimos del exterior es visual. Estos estímulos ponen en marcha esta memoria sensorial. Además, actualmente dedicamos mucho tiempo a las pantallas y estamos saturados de imágenes e incluso de texto si estudiamos en este formato. Para recuperar la frescura en el impacto visual y recoger información con este sentido es importante hacer descansos. Una buena manera es aplicar la regla 20-20-20 que supone un descanso de 20 segundos sin mirar la pantalla cada 20 minutos mirando a un punto situado a 20 metros de distancia, es decir, perder la mirada en el horizonte. Esto permite que los músculos de los ojos se relajen y que desaparezca la fatiga ocular y la sobrecarga sensorial.
Con todo esto, tenemos a los cinco sentidos implicados en los momentos de estudio y puede resultar beneficioso ser conscientes de ellos.

En esto de la conciencia entra en juego otro de los 33-34 sentidos identificados por diferentes autores: el sentido de la identidad. Éste percibe quiénes somos y como representamos el mundo que nos rodea, como procesamos los estímulos y cómo actuamos ante ellos. Desde ahí, ponemos el foco en nuestros cinco canales receptores clásicos y, como hemos indicado, los utilizamos en nuestro favor para optimizar la grata tarea de aprender.

Referencias

Chinnakkaruppan A, Wintzer ME, McHugh TJ, Rosenblum K (2014). Differential Contribution of Hippocampal Subfields to Components of Associative Taste Learning. Journal of Neuroscience 34(33): 11007-11015. DOI: 10.1523/JNEUROSCI.0956-14.2014

DeSalle R (2018) Our senses: an immersive experience, New Haven: Yale University Press.

Sperling G. (1960) The information available in brief visual presentations. Psychological Monographs: General and Applied, 74(11): 1–29. DOI: 10.1037/h00937591960, George Sperling realizó una serie de experimentos sobre la memoria sensorial (Sperling, 1960).

Marta Bueno y José R. Alonso Rela cion de la memoria con los sentidos

11 enero 2020

MEMORIA Y SU RELACIÓN CON LOS SENTIDOS

Filed under: General — Enrique Rubio @ 15:35

El hipocampo y la amígdala están implicados en los procesos de memoria, lo que hace que los olores puedan asociarse más rápida e intensamente con los recuerdos y las emociones. Además, son recuerdos que se mantienen por mucho tiempo, tienen un enorme poder evocador y ese olor a lavanda o a jabón Lagarto nos devuelve de nuevo a la casa de la abuela y los montones de ropa limpia.
La información de la memoria sensorial se fija como recuerdo a través de un proceso de atención y selección; es decir, cuando nos concentramos de manera específica en un aspecto del entorno mientras ignoramos otras cosas, este proceso filtra los estímulos para retener sólo los que nos parecen interesantes.
Human perception infographic scheme. Five senses (sight, smell, hearing, touch, taste) as represented by organs, surrounding brain. Line icon set, vector illustration.

Con todo, ¿podemos usar estos cinco sentidos para hacer más efectivo el estudio? Si sacamos partido a las percepciones sensoriales en la tarea de estudiar, si utilizamos estímulos adecuados que nos ayuden a aprender, contaremos con una herramienta más para mejorar el proceso. No nos referimos a comer dulces durante el estudio, ni a poner música o no ponerla, ni a iluminar la habitación con luz artificial o natural, ni a leer en pantalla o en papel. Tampoco queremos animar a mantener el cuarto con un olor permanente a canela o a pachuli según la asignatura. Simplemente, los sentidos están ahí y la neurociencia tiene algo que decir sobre ellos y su incidencia en el proceso cognitivo.
Ya hemos visto que el sentido del olfato está estrechamente relacionado con la memoria. De hecho, este sentido puede ser el más potente de todos para recuperar información. Ciertos aromas tienen una capacidad excepcional para desencadenar recuerdos vívidos. Esto se conoce como «efecto Proust» y hace alusión al pasaje inicial del libro Por el camino de Swann en el que el protagonista rememora su pasado tras oler una magdalena sumergida en la taza de té.
Al estudiar podemos utilizar la memoria olfativa en nuestro beneficio. Por ejemplo, si usamos un perfume original, nuevo para nosotros, mientras estudiamos y lo volvemos a utilizar justo antes del examen, se activará la memoria que evoca el contenido de lo estudiado. Por esto el olor debe ser diferente a cualquier otro y recordarnos sólo el contenido del examen.
De la misma manera que el olfato, el gusto también activa recuerdos. Está demostrado que los recuerdos gustativos tienden a ser los recuerdos asociativos más fuertes que podemos hacer. ¿Por qué es así? Un estudio realizado entre la Universidad de Haifa y el Instituto Riken de Japón (Chinnakkaruppan et al., 2014) descubrió que existe un vínculo funcional entre la región del cerebro responsable de la memoria del gusto, nuestra corteza insular, el área responsable de codificar el sabor y el área a la que va a parar la experiencia de este estímulo. En otras palabras, igual que el olfato, el gusto evoca recuerdos a través de nuestro hipocampo, el área del cerebro responsable de recuperar vivencias. Si aplicamos este sentido al estudio podemos saborear un caramelo con un gusto novedoso, extraño y diferente, para asociarlo sólo al contenido de los apuntes, mientras asimilamos información y después no debemos olvidar esa rareza de caramelo en el examen. Sin estudiar antes con ánimo, no hay nada que hacer, pero el sabor y la textura tienen cierto poder para desencadenar recuerdos de lo aprendido.

Vamos con la memoria ecoica; si lo que escuchamos es de nuestro interés, lo almacenado brevemente en la memoria sensorial pasa a la memoria de trabajo. Allí podemos administrar temporalmente la información requerida para llevar a cabo tareas cognitivas complejas como el aprendizaje, el razonamiento y la comprensión. Por lo tanto, si escuchamos algo que queremos utilizar en un futuro, este sentido es de gran ayuda. Entonces, podemos reproducir por audio el contenido que queremos aprender. Por otro lado, si consideramos la influencia de la música en el estudio, no encontraremos evidencias que demuestren sus beneficios o sus peligros en el proceso cognitivo. Sin embargo, lo que sí sabemos es que escuchar música cambia nuestro estado de ánimo, induce la producción de dopamina, el neurotransmisor que promueve sentimientos de felicidad, emociones positivas y bienestar. Esto nos puede hacer ver el tiempo de estudio de otra manera disminuyendo la ansiedad frente a los apuntes. Según la investigación realizada por Alice Isen, psicóloga estadounidense y profesora de psicología y marketing en la Universidad de Cornell, a medida que nuestro estado de ánimo mejora, también lo hace nuestra capacidad para resolver problemas, aprender y ser creativos.
Podría parecer que la cuestión del tacto está más alejada de las herramientas de estudio. Sin embargo, existe una fuerte correlación entre nuestro sentido del tacto y nuestra capacidad de concentración. Pequeños ejercicios físicos repetitivos pueden aumentar los niveles de neurotransmisores necesarios para la atención, por ejemplo, «estrujar» una pelota antiestrés o dar vueltas al lápiz, o incluso garabatear al margen del texto.

Estos estímulos activan la memoria háptica y nos ayudan a focalizar el interés.
Finalmente, consideremos el sentido de la vista; nuestro cerebro es en gran medida un procesador de imágenes, ya que el noventa por ciento de la información que recibimos del exterior es visual. Estos estímulos ponen en marcha esta memoria sensorial. Además, actualmente dedicamos mucho tiempo a las pantallas y estamos saturados de imágenes e incluso de texto si estudiamos en este formato. Para recuperar la frescura en el impacto visual y recoger información con este sentido es importante hacer descansos. Una buena manera es aplicar la regla 20-20-20 que supone un descanso de 20 segundos sin mirar la pantalla cada 20 minutos mirando a un punto situado a 20 metros de distancia, es decir, perder la mirada en el horizonte. Esto permite que los músculos de los ojos se relajen y que desaparezca la fatiga ocular y la sobrecarga sensorial.
Con todo esto, tenemos a los cinco sentidos implicados en los momentos de estudio y puede resultar beneficioso ser conscientes de ellos.

En esto de la conciencia entra en juego otro de los 33-34 sentidos identificados por diferentes autores: el sentido de la identidad. Éste percibe quiénes somos y como representamos el mundo que nos rodea, como procesamos los estímulos y cómo actuamos ante ellos. Desde ahí, ponemos el foco en nuestros cinco canales receptores clásicos y, como hemos indicado, los utilizamos en nuestro favor para optimizar la grata tarea de aprender.

Referencias

Chinnakkaruppan A, Wintzer ME, McHugh TJ, Rosenblum K (2014). Differential Contribution of Hippocampal Subfields to Components of Associative Taste Learning. Journal of Neuroscience 34(33): 11007-11015. DOI: 10.1523/JNEUROSCI.0956-14.2014

DeSalle R (2018) Our senses: an immersive experience, New Haven: Yale University Press.

Sperling G. (1960) The information available in brief visual presentations. Psychological Monographs: General and Applied, 74(11): 1–29. DOI: 10.1037/h00937591960, George Sperling realizó una serie de experimentos sobre la memoria sensorial (Sperling, 1960).

Marta Bueno y José R. Alonso Rela cion de la memoria con los sentidos

9 enero 2020

INSOMNIO Y ALZHEIMER

Filed under: DEGENERATIVAS,General — Enrique Rubio @ 18:51

EL INSOMNIO CAUSA ALTERACIONES CEREBRALES PRECURSORAS DE ALZHEIMER

Un estudio del Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC) ha confirmado que las personas con insomnio tienen un peor rendimiento cognitivo y un menor volumen en algunas regiones cerebrales afectadas en etapas tempranas del Alzheimer

Efectos del insomnio en la microestructura de la sustancia blanca,

No es la primera vez que una alteración del niño produce un aumento de la proteína que inducen a la enfermedad de alzheimer
El trabajo actual y con poca casuística que llega a la conjunción que una noche mal dormida por distintas razones aumenta una de las proteínas que supuestamente inducen a la enfermedad de alzheimer.
Ya previamente se había querido demostrar que la proseguirá amiloide también se altera durante el insomnio
La proteína tau se eleva en sangre en varones jóvenes que pasaron una noche sin dormir, lo que sugiere una relación entre la privación de sueño y el Alzheimer.

Una noche sin dormir se asocia a niveles altos de tau en sangre

El trabajo se realizó en el Barcelona βeta Brain Research Center (BBRC) y afirma que las personas que sufren insomnio tienen cambios en la estructura cerebral congruentes con las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer, ahora, una nueva investigación sugiere que la privación de una noche de sueño ya se asocia a mayores niveles de proteína tau, considerada un biomarcador de esta patología.
Estos resultados se publican en el último número de Neurology, la revista de la Academia Americana de Neurología. Problemas de sueño en los enfermos de Alzheimer
A grandes rasgos, las personas que padecen algún tipo de demencia sufren lo que se conoce como agitación vesperal o síndrome vespertino. Este trastorno supone que cuando cae la noche su confusión aumenta, se muestran más agitadas y ansiosas y son incapaces de conciliar el sueño y quedarse dormidas. Todavía no se sabe muy bien a qué se deben estos síntomas, pero se sabe que hay factores que contribuyen a este comportamiento, como el cansancio al final del día o una necesidad de dormir menos de lo que suelen hacerlo los adultos mayores, según la Asociación de Alzheimer de Estados Unidos.
Las personas con Alzheimer pueden sufrir también, como en cualquier demencia, insomnio -es decir, dificultad para quedarse dormidas, tener problemas para dormir de un tirón durante toda la noche o despertarse muy pronto por la mañana–, hipersomnia –sueño muy prolongado y profundo, sobre todo durante el día–, o hiperactividad motora nocturna, sobre todo en fases avanzadas de la enfermedad.

El trabajo del BBRC mostraba, a través de diversas técnicas de imagen, que el insomnio se asocia con un menor volumen en algunas regiones cerebrales, como el precúneo y el córtex cingulado posterior, además de a otros cambios en la sustancia blanca cerebral.
En el estudio más reciente, los análisis se centraron en el nivel de tau en sangre de los participantes: un total de 15 varones sanos, de peso normal con una edad media de 22 años. Todos solían dormir de forma regular entre siete y nueve horas cada noche.
El autor principal de la investigación, Jonathan Cedernaes, de la Universidad de Upsala, en Suecia, expone que “muchos de nosotros experimentamos privación de sueño en algún momento de nuestras vidas sea por un jet-lag, preparando algún proyecto, o bien cubriendo turnos de trabajo. Nuestro estudio exploratorio muestra que incluso en individuos jóvenes, sanos, perder una sola noche de sueño eleva el nivel de tau en sangre, lo que sugiere que a lo largo del tiempo, la privación de sueño podría tener efectos dañinos”.
La investigación se llevó a cabo en dos fases: en una primera se tomaron muestras de los niveles de la proteína en sangre mientras los participantes mantenían sus hábitos de sueño y alimentación normales; en la siguiente fase, se midieron esos niveles tras pasar en blanco una noche, en la que los sujetos estudiados estuvieron viendo películas, jugando con videojuegos o charlando.
El aumento de tau registrado fue del 17% tras la noche sin dormir, frente al 2% de incremento cuando se había dormido bien. Los investigadores buscaron cambios en otros marcadores de Alzheimer sin éxito.
El trabajo se ha hecho con una muestra evidentemente pequeña, y tampoco ha incluido a mujeres, lo que suponen limitaciones claras. Aunque estos niveles elevados Cedernaes reconoce también que si bien los niveles elevados de tau en el cerebro no son buenos, “en el contexto del sueño, no sabemos qué representan”. De hecho, la producción de proteína tau se eleva cuando las neuronas están activas, pero su presencia en sangre indica que no se han eliminado adecuadamente en el cerebro. “En próximos estudios tendremos que investigar más todo esto, así como determinar cuánto duran los cambios en tau y si estos cambios obtenidos en sangre reflejan un mecanismo por el que una exposición recurrente por un sueño interrumpido o irregular puede elevar el riesgo de demencia”.
Los hábitos irregulares de sueño y, en concreto, su déficit se estudian desde hace tiempo en relación con la enfermedad de Alzheimer, aunque aún no se comprende del todo cómo esa privación llega a impulsar la patología. Precisamente, otro trabajo, publicado hace casi un año en Science, planteaba también el aumento de la proteína tau debido al insomnio y su relación con el Alzheimer. En ese trabajo, desarrollado desde la Universidad Washington en San Luis (EE.UU.), también se observaron niveles elevados de la proteína tras una noche sin dormir.

Ese mismo grupo había demostrado también una relación inversa entre la reducción del sueño profundo y la cantidad de proteína tau, y en un estudio en Science Translational Medicine sugería que la disminución en la calidad del sueño podría ser un marcador de transición entre la normalidad y la disfución.
En otros estudios, la asociación entre problemas de sueño y Alzheimer se ha establecido a través de otra proteína, la beta-amiloide. En modelo de ratón de la patología, se ha comprobado una mayor presencia (y de aparición más rápida) de las placas formadas por esta proteína con la privación de sueño

8 enero 2020

ENTENDER EL CEREBRO

Filed under: ANATOMIA,General — Enrique Rubio @ 22:09

/>ENTENDER EL CEREBRO
Este trabajo está fundado en la conferencia que Rafael Yuste impartió durante la Lección Cajal en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza
Rafael Yuste es un neurobiólogo español, ideólogo del proyecto BRAIN acrónimo inglés del Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies, es decir, «Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras».
Fecha de nacimiento: 25 de abril de 1963 Se formó en la universidad autónoma de Madrid:
Para este autor le ha interesado marcadamente la morfología del sistema nervioso aunque esta víscera no hay quien lo entienda y aún menos mirando las neuronas del cerebro de una en una. Los científicos saben que para eso hacen falta nuevas tecnologías y el neurobiólogo Rafael Yuste afirma que esto, «va a permitir entender qué es el ser humano, porque entender el cerebro será entendernos por primera vez». Será un «nuevo Renacimiento», con un impacto tan grande en la medicina, la economía y la sociedad del futuro que debe ser regulado para garantizar que todo se hace en beneficio de la humanidad.
Neuronas en un cerebro de ratón. Universidad de Columbia (Nueva York)
Ochenta y cinco mil millones de neuronas, conectadas unas con otras, forman una maraña que es la base física de la mente humana. «Selvas impenetrables» fueron las llamó Santiago Ramón y Cajal y, » ha pasado más de un siglo sin que, ¿hayamos podido descifrar el cerebro?».

Al neurobiólogo Rafael Yuste se queja como otros muchos autores de no entender qué es un pensamiento. ¿Qué hace nuestro cerebro cuando piensa y que ocurre cuando tenemos una idea?.

Vamos de idea en idea en una especie de andadura mental: Esa navegación mental se apoyaría en una especie de GPS cerebral que, desde el hipocampo, equipa a nuestro cerebro con un mapa mental del mundo. Nos dice dónde estamos en relación con lo que vemos, «no que estamos en el centro de Zaragoza, en el edificio Paraninfo de la Universidad», pero sí «que estamos en una habitación rodeados de paredes, con muchas personas».
Hasta allí, una sala Paraninfo llena hasta la bandera, llegó el pasado 19 de diciembre Rafael Yuste para impartir la primera Lección Cajal, en un «peregrinaje» personal hasta el lugar donde «nació todo». Aquí, en esta Universidad de Zaragoza donde Cajal entró hace 150 años, «empieza la neurobiología», cuyas bases sentó.
«Las nuevas neurotecnologías van a permitir entender qué es el ser humano, porque entender el cerebro será entendernos por primera vez»
Su conferencia– invitó a dar una caminata intelectual por las nuevas neurotecnologías y está convencido, «van a permitir entender qué es el ser humano, porque entender el cerebro será entendernos por primera vez».
De alguna manera, los neurocientíficos actuales están empezando de nuevo, esta vez por otro camino. Para que el cerebro humano deje de ser «la parte más desconocida del cuerpo».

Ramón y Cajal ‘vuelve’ a la Universidad de Zaragoza
Rafael Yuste imparte la Lección Cajal en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza Francisco Jiménez

Nunca entenderemos una película si solo podemos mirar un píxel de la pantalla del televisor y compararlo con otro píxel de otra pantalla distinta que quizá está pasando otra película diferente. «Por mucho que miremos los píxeles con cuidado, de uno en uno, nunca podremos ver la película», porque la película que se ve en la pantalla es justamente lo que los científicos llaman un sistema emergente. Las imágenes de la película «emergen de la interacción en el espacio y en el tiempo del color de los píxeles.
Tras estudiar la actividad cerebral mirando las neuronas de una en una, y tratando de correlacionarla con el comportamiento de un animal o el estado mental de un paciente, empezamos a pensar que ese camino no lleva a ninguna parte. «Las capacidades cognitivas están ahí, en algún sitio», en ese tejido que genera la mente humana. «Hoy sabemos que el cerebro es el órgano que genera toda nuestra actividad mental y nuestra personalidad. Todo lo que somos es, sencillamente, producto del cerebro».
Y se cree que hay una especie de código cerebral, como ocurre con el código genético. «Si en el ADN se escribe la estructura de las proteínas con nucleótidos, en el código cerebral la actividad de las neuronas escribe, de una manera que todavía desconocemos, la actividad mental y la actividad patológica de los pacientes y las personas sanas», asegura.
Yuste considera que «el código cerebral está escrito con neuronas de una manera emergente». Y que «es muy posible que el cerebro sea una especie de pantalla de televisión y, para descifrarlo, necesitamos verla toda entera». Algo que no podemos hacer ahora.
Para lograrlo, para «crear la tecnología que leerá el cerebro», científicos de diversas disciplinas se han unido en el proyecto Brain que Rafael Yuste impulsa.
Pero la idea básica no es nueva. A un discípulo aventajado de Cajal, el aragonés Rafael Lorente de Nó se le ocurrió que la clave está en ampliar el campo de visión, más allá de las neuronas individuales. Para ‘ver la pantalla entera’, hay que buscar circuitos, sistemas de neuronas, lo que él llamó ‘cadenas reverberantes’. Ahora «hemos descubierto que la mayor parte de los disparos de las neuronas ocurren siempre en grupo».

Cada punto es una neurona, que se colorea cuando se activa. La secuencia de estas gráficas, obtenida en la Universidad de Columbia (Nueva York), permite ver que la mayor parte de los disparos de las neuronas ocurre en grupo.
Las neuronas son –compara Yuste– «como una pandilla de amigas que van siempre juntas, en grupo, no les gusta ir solas». Recientes experimentos han permitido ver por primera vez «patrones de descarga neuronal en grupos de neuronas completos, en circuitos neuronales completos». «Una esquinita de la pantalla cerebral».
Las técnicas que se encuentran en desarrollo permitirán registrar la actividad de circuitos neuronales enteros, pero también alterarlos. Algo que supone toda una revolución que «nos viene de frente y que tenemos que regular con un espíritu humanístico».
Experimentos para tocar el piano con el cerebro
Las neuronas no se activan individualmente sino en grupo. Y «es posible que estos grupos sean los ladrillos con que está construida la mente». Ya se ha conseguido ver esas ‘asambleas de neuronas’. La estrella de esta primera película es la transparente hidra, poseedora del cerebro más sencillo del reino animal.

Las neuronas de la hidra están repartidas por todo su cuerpo. En esta película de la Universidad de Columbia (Nueva York) se observa qué neuronas se activan en cada momento
Cada vez que una neurona se activa, sube la concentración de calcio. Así que sus 500-1.000 neuronas, repartidas por todo el cuerpo, fueron teñidas con colorantes sensibles al calcio. En la película de los cambios de concentración de calcio se van iluminando las neuronas activas. En la hidra «pudimos ver por primera vez la pantalla entera de la ‘televisión’ de un animal mientras hace sus cosas». La mala noticia es que, aunque hace dos años de la publicación de este estudio, «todavía no entendemos lo que significan los patrones de actividad observados». «Es una actividad espontánea, en grupo, como decía Lorente de Nó». «Si en un animal estuviésemos registrando la actividad de una única neurona, nunca nos enteraríamos de que está disparando en grupo», destaca.
Optogenética
La luz está permitiendo a los investigadores introducirse en el cerebro. Con técnicas de optogenética (ingeniería genética más láser) se puede activar o desactivar eléctricamente una neurona o grupo de neuronas, de momento solo a dos milímetros por debajo del cráneo, en la parte superior de la corteza cerebral. Así, en su laboratorio de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), el grupo de Yuste ha conseguido empezar a cambiar el comportamiento de ratones encendiéndoles o apagándoles los grupos de neuronas responsables de los estímulos visuales. «Activando determinadas neuronas, manipulamos desde fuera lo que hace el animal. Lo llamamos ‘tocar el piano con el cerebro’». No saben con seguridad si activan la percepción o su recuerdo.
Subiendo otro escalón, las interfaces cerebro-ordenador pueden hacer que una persona con parálisis controle un brazo robótico con el pensamiento o estimular los circuitos neuronales de pacientes de párkinson o depresión. Actualmente, «más de 150.000 pacientes tienen electrodos implantados en su cerebro como tratamiento para estas enfermedades y la terapia funciona. Sin embargo, no sabemos exactamente por qué funciona».
Se espera que la tecnología que vendrá gracias a iniciativas como Brain no solo desvelará cómo funciona el cerebro, sino que permitirá a los médicos entrar en los circuitos cerebrales para diagnosticar y curar. Dos centímetros cuadrados mide el chip flexible que están desarrollando, capaz, en principio, de registrar la actividad de un millón de neuronas. Sus 100.000 electrodos pueden estimular otras tantas neuronas. Es inalámbrico y está pensado para ser implantado en personas ciegas.
Cuatro derechos humanos nuevos: los neuroderechos
Con la opción ‘autocompletar’ activada, el procesador de texto adivina la palabra que queremos escribir. Es solo el principio. Las neurotecnologías, combinadas con inteligencia artificial, empiezan a tener control sobre nuestras decisiones, lo que abre un abismo ético. Esta revolución que se avecina es de tal calado que podría usarse para descifrar lo que pensamos –»y también lo subconsciente, cosas que no sabemos que tenemos dentro», alerta Yuste–, así como para manipular procesos mentales o aumentar cognitivamente a las personas conectadas a las interfaces cerebro-ordenador, «alterando lo que significa ser humano». Ante situaciones que nunca antes se habían dado, Yuste insta a proteger a la ciudadanía con cuatro derechos humanos nuevos: los neuroderechos, proclamados por el Grupo de Morningside y publicados en ‘Nature’ en 2017.
La etica sigue teniendo un Valor extraordinario en la conducta del ser humano

Derecho a la privacidad mental y al consentimiento Mucho más allá de la privacidad de los datos, Facebook ya tiene un programa de unos 40 millones de dólares para conseguir, con electrodos no invasivos, convertir en texto lo que está pensando una persona, para interactuar sin dedos. «Esto es la máxima privacidad que existe» porque «la actividad mental, define quiénes somos». «Nuestra mente –afirma– debe ser sagrada, solo accesible por razones médicas». Por eso ha de existir el derecho a la privacidad mental, el derecho a que no se pueda comerciar con los datos mentales. «Los neurodatos, nuestros datos cerebrales, deben protegerse como si fueran un órgano del cuerpo», señala. Yuste está ayudando a los abogados del Senado de Chile para definir legalmente la privacidad mental, algo tan nuevo que está por hacer. Quieren que su Constitución la proteja.
Derecho a la identidad y a la toma de decisiones Docenas de compañías de Silicon Valley están desarrollando sistemas que nos conecten a computadoras a través de sistemas no invasivos, capaces de registrar la actividad mental. «Los algoritmos podrán influir en la toma de decisión de las personas y, cuanto más conectados estemos, menos independientes seremos». Como muestra, el experimento realizado en la Universidad de Washington: se ha conectado a tres personas con electrodos de superficie para que realicen juntos una tarea mental común. «Pero, cuando estás conectado, ¿quién eres tú? –se pregunta Yuste–. Si fusionas tu cerebro con el cerebro de otra persona o con una máquina, pierdes la identidad personal».
Derecho al aumento cognitivo justo y equitativo Estas tecnologías no serán baratas y, sin el «derecho equitativo a la ‘aumentación’», las personas que puedan permitirse el lujo de aumentarse cognitivamente podrían dejar atrás al resto, generando «dos humanidades: los aumentados –con acceso a bases de datos, a técnicas de educación más rápida…– y los no aumentados».
Derecho a la ausencia de sesgos Para evitar algo que ya ocurre, pues la inteligencia artificial lleva en sus algoritmos sesgos que discriminan a ciertos grupos de población como mujeres, minorías raciales y minorías religiosas o étnicas, al reflejar y aumentar las tendencias que se observan en las bases de datos.
Yuste cree necesario instaurar también un juramento hipocrático, un código deontológico como el de los médicos, al que se comprometan «las personas que desarrollen, ahora y en el futuro, tecnologías neurobiológicas o de inteligencia artificial».

Brain, un proyecto para revolucionar las neurotecnologías
Rafael Yuste comenzó su conferencia en el Paraninfo diciendo que representa «a un grupo de gente». Pero no solo se refería a su equipo de investigación en la Universidad de Columbia (Nueva York), donde dirige el Centro de Neurotecnología. Aludía a que «los científicos no trabajamos solos», sino formando una red que se extiende «en el espacio y en el tiempo», por lo que ve a Cajal como «un compañero de batalla» frente a la misma maraña de neuronas conectadas en el cerebro humano. «Para mirar esa selva desde arriba, necesitamos nuevas tecnologías», asegura Yuste.
Quinientos laboratorios de todo el mundo, con enfoques multidisciplinares que van de lo molecular a lo computacional, trabajan en la revolución global de las neurotecnologías que persigue el proyecto Brain. Lanzado por Obama en 2015 a 15 años vista, con unos 6.000 millones de dólares de presupuesto, busca registrar la actividad de circuitos neuronales enteros para entender la ‘película’ del cerebro, pero también para alterarla, reescribirla. Ante la enfermedad, «es nuestra obligación entrar en el cerebro y reprogramar los circuitos». Yuste sabe que Brain subirá algunos peldaños. «Este proyecto no va a solucionar las enfermedades mentales y neurológicas, y tampoco nos va a explicar cómo funciona la mente, pero proporcionará herramientas que podrán ser utilizadas más adelante por otros científicos que puedan dar el siguiente paso». Peldaño a peldaño, «sinceramente pienso que estamos al comienzo de un nuevo Renacimiento: nos vamos a entender a nosotros mismos por primera vez».
El Dr. Yuste , es un adelantado. Es posible que necesitemos un nuevo lenguaje para saber de qué hablamos.
Mientras tanto estas charlas pueden ser tachadas de romances. Están preparando el trabajo para el futuro, pues el presente y continúa siendo
Inpreciso.

MARÍA PILAR PERLA MATEO ACTUALIZADO 08/01/20 A LAS 02:00

7 enero 2020

LA ARTERIOSCLEROSIS

Filed under: General,vasculo cerebral — Enrique Rubio @ 20:53


La aterosclerosis es un fenómeno patológico focal que afecta a las grandes arterias, principalmente la aorta y las coronarias, carótidas, ilíacas y femorales. El desarrollo de la afección vascular se caracteriza por un comienzo temprano denominado fatty streak o estría grasa. Con el paso de los años este proceso, que es considerado reversible, incrementa su acumulación lipídica y en la adolescencia ya se presentan las primeras lesiones fibrosas. En los años siguientes, estas placas se agrandan y modifican, y en la mayoría de los casos todos estos procesos cursan asintomáticos: la ulceración de la placa, su rotura y trombosis son lo que precipita el evento clínico. Por último, actualmente existe una controversia sobre la clasificación, estandarización y correlación clínica de las placas. Esperamos que los conceptos de este artículo proporcionen al lector los conocimientos y las definiciones objetivas que permitan una mejor comprensión de la implicación de los factores de riesgo, el desarrollo de arteriosclerosis y sus manifestaciones clínicas
La característica fundamental de esta enfermedad es el depósito de material en la luz de la arteria
Una placa de ateroma es un cúmulo de colesterol en la pared de una arteria.
Esto se genera porque en condiciones en que el colesterol en la sangre está elevado este hace que la pared de los vasos sanguíneos sea permeable a este colesterol y se acumule en el interior de las arterias.
Junto con el colesterol van a pasar al interior de las arterias leucocitos, en concreto los monocitos.
Ya dentro de la pared van a comerse el colesterol y se genera una célula muy dañina para la pared vascular que se llama célula espumosa. Que son monocitos cargados de colesterol. muy inflamatorias y producen también muchos radicales libres. Eso va a poder en algún momento facilitar que la placa de ateroma se pueda romper y facilitar que las plaquetas se activen y que se forme un trombo.
Las placas de ateroma más peligrosas son las más pequeñas porque son las más inestables.

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Historia natural de la arteriosclerosis.
Las arterias sufren un proceso natural a lo largo de la vida que se caracteriza por incremento en el espesor del área de la íntima, pérdida de elasticidad, aumento del contenido en calcio y modificaciones en su diámetro; estos cambios ocurren en el sistema arterial principal y se conocen con el nombre genérico de arteriosclerosis. En contraste con este proceso natural, la aterosclerosis es un fenómeno patológico focal que afecta a las grandes arterias, principalmente la aorta y las coronarias, carótidas, ilíacas y femorales. En el año 1958, un estudio realizado por la OMS definió la aterosclerosis como una combinación variable de cambios en la íntima de las arterias consistente en una acumulación focal de lípidos, hidratos de carbono complejos, sangre y productos sanguíneos, tejido fibroso y depósito de calcio, que se asocia con cambios en la íntima media arterial2. Una de las últimas teorías considera que la aterosclerosis es una respuesta inflamatoria y fibroproliferativa excesiva, que se cronifica y no ejerce efecto protector de una serie de agresiones de la íntima arterial que favorecen el depósito de lípidos, lo que influye en la progresión de la placa3.
Las lesiones arterioscleróticas resultan de una variedad de procesos patogénicos que incluye la formación de macrófagos espumosos y muerte y acumulación de lípido extracelular, desplazamiento y reducción de la matriz intercelular estructural y las células musculares lisas, la generación de depósitos minerales, la inflamación crónica, neovascularización, rotura de la superficie de la lesión y formación o transformación de hematoma o trombo en tejido fibromuscular.
A principios de siglo, fueron identificados dos tipos de lesión que se asociaron con la aterosclerosis: la denominada por Rockitansky estría grasa y la placa fibrosa descrita por Virchow4. Sin embargo, estos dos tipos de lesiones no fueron universalmente aceptados como expresión temprana y avanzada de una misma enfermedad. Ludwig Aschoff reconoció en 1924 dos componentes en la enfermedad, uno lipídico en jóvenes (aterosis o ateromatosis) y otro escleroso, fibrolipídico en la edad adulta, llamado aterosclerosis5-7. De hecho el autor habla de tres estados de desarrollo: aterosis en niños, aterosis en adolescentes y aterosclerosis en adultos, que constituyen las lesiones fibrolipídicas (placas fibrosas).
Los conocimientos actuales comienzan a mediados del siglo xx con los distintos estudios anatomopatológicos llevados a cabo en poblaciones de jóvenes fallecidos de forma violenta, realizados con el propósito de estimar la prevalencia de lesiones, y que han supuesto un avance en el estudio del desarrollo de la lesión aterosclerótica. Estos trabajos se realizaban observando las lesiones en la íntima arterial con la sola ayuda de la vista una vez abiertas longitudinalmente, lo que permitía hacer una rápida estimación del porcentaje de íntima arterial con lesiones ateroscleróticas, y la descripción o clasificación se hacía básicamente con los términos utilizados por Aschoff, además de introducir algunos términos empleados por otros autores. Dentro de este contexto podemos referirnos a los trabajos de Enos de los años cincuenta8 en los que da un sustrato anatómico a la hipótesis de que la aterosclerosis comienza en la infancia y se desarrolla en las décadas siguientes, objetivando en jóvenes soldados fallecidos en la guerra de Corea la existencia de lesiones arterioscleróticas avanzadas (en el 77% de los corazones existía alguna evidencia de arteriosclerosis coronaria, con lesiones que iban desde el mero engrosamiento fibroso hasta la oclusión total). Algunos grupos de investigadores9,10 describen una clasificación que consiste en la secuencia de estría grasa, placa fibrosa y lesión complicada (por hemorragia, fisura o ulceración y desarrollo de hematoma o trombo). Además de estos tres términos mencionados, la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS)11 de los años cincuenta incluye el término ateroma, que supone lesiones avanzadas con un componente predominantemente lipídico para diferenciarla de aquellas con un componente predominantemente colágeno, que serían las placas fibrosas. La secuencia de Aschoff y las clasificaciones establecidas en los años cincuenta, incluida la de la OMS, fueron aceptadas, y esta organización dirigió a varios grupos de expertos para investigar las características de la lesión aterosclerótica. En 1958 uno de estos grupos dirigidos por Holman10 examinó las aortas de 256 individuos jóvenes de Nueva Orleans y elaboraron un informe al Comité de Lesiones de la Sociedad Americana para el Estudio de la Aterosclerosis, señalando que la calcificación de cualquier lesión aterosclerótica era uno de los procesos que contribuían a su complicación (placa), y estos mismos autores consideraron que las placas calcificadas y las complicadas comportaban igual gravedad, por lo que las llamaron placa complicada. Esta clasificación fue utilizada en el Proyecto Internacional de Arteriosclerosis (IAP) y distinguía entre estría grasa, placa fibrosa y la lesión calcificada o complicada con hemorragia, ulceración o trombosis (tabla 1). En 1969 Strong y McGuill continuaron el estudio de Nueva Orleans e incluyeron las coronarias, detectando placas fibrosas en la segunda década de la vida. Durante los años sesenta y setenta, científicos del IAP que estudiaron autopsias de diferentes orígenes geográficos encontraron estrías grasas en la aorta como un fenómeno universalmente presente en la juventud.

Haimovici12 consideró en 1977 que había un estadio preclínico (estría y placa fibrosa no obstructiva) y dos estadios clínicos, el de aterosclerosis sintomática y el de necrosis de diversos órganos. En 1986 Ross resumió los grandes avances sobre la patogenia y planteó la hipótesis denominada monoclonal13.
En los años ochenta un grupo de científicos inició un estudio para investigar la asociación de factores de riesgo de enfermedad coronaria con la aterosclerosis en adolescentes y adultos jóvenes, estudio conocido con las siglas PDAY (Pathological Determinants Atherosclerosis in Youth), que agrupó 14 laboratorios de los EE.UU. y ha aportado datos muy valiosos en este campo.
En 1992 Fuster propuso una clasificación basada en la patofisiología, con tres tipos de lesiones. A partir de ese año y a través de varias publicaciones, Stary propone una nueva clasificación de la lesión aterosclerótica en seis tipos, ampliada posteriormente a ocho, basándose en la microscopia y en datos obtenidos de arterias coronarias y aortas procedentes de 1.286 autopsias1
Las lesiones de aterosclerosis son el resultado de una variedad de procesos patogénicos, desde la formación de la célula espumosa del macrófago, la apoptosis celular, la acumulación del lípido celular, el desplazamiento y la reducción de la matriz intercelular estructural y la proliferación de las células del músculo liso, los depósitos minerales, la inflamación crónica, la neovascularización, las roturas de la lesión y la formación y transformación de hematoma y trombosis, y por último al tejido fibromuscular. Estos procesos varían en su evolución. En las fases avanzadas de enfermedad, muchos de los procesos pueden correr al unísono y otros no.
La progresión de la arteriosclerosis coronaria describe la morfología de la lesión y fases en relación con las manifestaciones clínicas. El color amarillo indica la acumulación lipídica, el rojo la trombosis y la hemorragia y, por último, el verde la calcificación y el tejido fibroso. Los números romanos indican los tipos de lesión. Las fases 1 y 2 son asintomáticas: la fase 1 con lesiones tempranas I-III, que evolucionan en una fase 2 a lesiones IV-Va, lesiones avanzadas que siguen sin producir sintomatología. En la fase 3, la lesión tipo VI (que son placas complicadas con defectos en la superficie, con hemorragia o depósito de trombo) puede producir clínica de angina o bien, en una fase 4, este mismo tipo de lesión VI, si llega a obstruir por completo el vaso, puede producir síntomas agudos de infarto agudo de miocardio (IAM), angina inestable o muerte súbita. Estas mismas lesiones tipo VI pueden evolucionar hacia la fibrosis o calcificación (lesión tipo Vb-c) y en una fase 5, producir sintomatología de angina o bien constituir una oclusión silente14,17.
En los últimos años se han sistematizado los estudios multicéntricos, y el estudio PBDAY es un ejemplo de ello. Se trata de un estudio llevado a cabo conjuntamente por la OMS y la ISFC (International Society and Federation Cardiology)15 y que recoge casos de autopsias realizadas a población juvenil de cuatro continentes. Para caracterizar la aterosclerosis utiliza las definiciones de lesiones lipídicas, que incluyen depósitos lipídicos que se tiñen con Sudán IV, y lesiones sobreelevadas, áreas de lesión intimal elevadas y duras a la palpación.
los nuevos conocimientos en la patogenia de la aterosclerosis han ido modificando la forma de clasificar la lesión aterosclerótica, y así podemos referirnos básicamente a una primera clasificación, la propuesta por la IAP que ha sido utilizada ampliamente en diversos estudios, y que distingue entre: a) estría grasa o lesiones lipídicas, que consiste en depósitos lipídicos que se tiñen con Sudán IV, todas áreas intimales ligeramente elevadas; b) placa fibrosa o lesiones sobreelevadas (raised lesions) que incluyen áreas de lesión intimal elevadas, duras a la palpación en la inspección macroscópica y que corresponden a placas fibrosas o fibroateromatosas con contenido lipídico o sin él, y c) la lesión calcificada o complicada con hemorragia, ulceración o trombosis.
Una nueva clasificación fue la propuesta en 1992 por Fuster17 basada en la patofisiología y diferenciando tres tipos de lesión. El tipo I supone cambios funcionales en el endotelio con acumulación de monocitos y lípidos en la íntima; el tipo II incluye pérdida de células endoteliales, agregación plaquetaria y proliferación moderada de células musculares lisas, y el tipo III, rotura de lesiones con formación de trombos, importante proliferación de células musculares e incorporación del trombo al interior del vaso causando permanente e importante engrosamiento.
Otra de las clasificaciones, la propuesta y llevada a cabo por Stary, basada en los hallazgos histológicos, distingue entre ocho tipos de lesiones. El American Heart Asociation’s Commitee on Vascular Lesions recomendó hace algunos años una clasificación numérica de los tipos de lesiones definidas histológicamente, y esta clasificación se consideró oportuna y apropiada. Diversos estudios realizados en autopsias utilizando estos métodos histológicos aportaron nueva luz sobre la composición de las lesiones y sobre la diversidad de mecanismos implicados en su desarrollo. Tras la revisión de estos nuevos datos, el Comité recomendó el uso de esta nomenclatura numérica estándar para remplazar a una variedad de términos vagos y duplicados. La clasificación de la AHA se ha desarrollado y usado para comunicar los resultados sobre la composición de lesiones en diversos estudios.
De la clasificación morfológica de Stary puede decirse que es muy útil para tipificar las lesiones ateroscleróticas y que además diferencia el engrosamiento intimal adaptativo de la aterosclerosis inicial, aunque reconoce que en ciertas localizaciones este engrosamiento intimal (del que distingue la forma excéntrica y la difusa) puede favorecer el comienzo de la arteriosclerosis (zonas proclives a la aterosclerosis), mientras que otras zonas son resistentes a no ser que existan concentraciones muy elevadas de lipoproteínas aterogénicas.
En las arterias coronarias normales el grosor de la capa íntima es desigual, encontrándose áreas relativamente delgadas con otras de mayor grosor que representan adaptaciones del vaso en las áreas de mayor flujo sanguíneo y tensión de la pared (engrosamiento adaptativo de la media). Estas áreas están presentes desde el nacimiento, se autolimitan en el crecimiento, no obstruyen el flujo sanguíneo a ninguna edad y generalmente cuando se producen lesiones arterioscleróticas se localizan particularmente en las regiones que muestran dicho engrosamiento adaptativo. En general, el engrosamiento adaptativo de la íntima se encuentra en las regiones próximas a las bifurcaciones arteriales, y en estas áreas el número de macrófagos es hasta tres veces superior al número encontrado en las áreas que no evidencian dicho engrosamiento, y algunos de estos macrófagos pueden contener gotas de lípidos en su citoplasma y constituir lo que denominamos células espumosas1.
Este engrosamiento está compuesto por dos capas distintas, una en contacto con la luz formada por proteoglucanos, escasas fibras elásticas y macrófagos aislados, y otra musculoelástica (capa adyacente a la media) llamada así por su riqueza en células musculares lisas y fibras elásticas, y que también contiene mucho colágeno. El engrosamiento excéntrico es focal y está asociado con ramas y orificios de salida de arterias. El difuso en las coronarias es menor que el excéntrico, aunque más extenso.
Este engrosamiento adaptativo intimal ya fue descrito en aortas fetales humanas por Thoma (1883, 1920). Sin embargo, algunos autores no distinguen este engrosamiento intimal y ha sido designado como aterosclerótico porque es en estos lugares donde comienza la acumulación de lipoproteínas cuando exceden un valor crítico. Como fenómeno adaptativo se acepta que es autolimitado y responde a fuerzas hemodinámicas en localizaciones arteriales específicas.
Clasificación de Stary
Lesión de tipo I
Consiste en cambios iniciales y mínimos que no aumentan el espesor de la pared arterial más allá de lo normal para esta zona. El término lesión inicial también se ha utilizado para definir este tipo de lesión. El sustrato anatómico consiste en pequeños grupos de macrófagos que contienen gotas lipídicas citoplásmicas (macrófagos espumosos) observables en la íntima. Estos cambios son en ocasiones tan sutiles que diferenciar lesiones tipo I de lesiones tipo 0 (normalidad) es una tarea bastante subjetiva, y al interpretar los resultados de numerosos trabajos (teniendo en cuenta que se realizan después del año de vida) ha de suponerse que se parte de lesión tipo I, ya que siempre hay un grado mínimo demacrófagos en la íntima (figs. 4 y 5).

Las lesiones iniciales de aterosclerosis ejemplificadas aquí nos presentan el inicio de la lesión con el cúmulo lipídico en la íntima arterial. Estas lesiones, descritas siguiendo la clasificación de Stary, se presentan uniformemente en todas las poblaciones estudiadas, aunque son más predominantes en las sociedades occidentales con dietas ricas en grasa saturada y colesterol. Ambas lesiones ocurren a edades tempranas, la tipo II corresponde a la llamada estría grasa. Estas lesiones contienen principalmente células espumosas (macrófagos cargados de lípido intracelular). Son lesiones asintomáticas que no estrechan la pared del vaso.
Lesión de tipo II
Incluye lo que macroscópicamente se define como estría grasa, que consiste en placas de coloración amarillenta depositadas en la superficie intimal arterial. Con la técnica de Sudán III o IV estas placas adquieren una tonalidad rojiza, visible en el examen macroscópico, por lo que algunos estudios las han definido como lesiones sudanofílicas. Las características microscópicas de las lesiones tipo II son más evidentes que las tipo I, y contienen mayor número de macrófagos espumosos (es lo que se ha denominado cúmulo intracelular de lípidos). Los estudios microscópicos han determinado que si bien todas las estrías fibrosas corresponden a lesiones tipo II, no todas se manifiestan macroscópicamente en forma de estría grasa (figs. 4 y 5).
Lesión de tipo III
También conocida como lesión intermedia, lesión transicional o preateroma, y se aplica a aquellas lesiones que morfológica y químicamente se encuentran entre las lesiones tipo II y las tipo IV (o ateroma), y que están constituidas por abundantes acumulaciones de macrófagos espumosos, algunos de los cuales vierten este material al exterior, dando lugar a acumulaciones de lípidos extracelulares, en general en escasa proporción (fig. 6).

. La lesión tipo IV (siguiendo la clasificación de Stary) se considera una lesión avanzada. Está formada básicamente por un centro lipídico (flecha) de lípido extracelular en el que en algunos casos pueden encontrarse cristales de colesterol. En su desarrollo y evolución puede sufrir rotura de la capa que cubre la acumulación lipídica y tener lugar una complicación.
Conocida como ateroma, este tipo de lesión es considerada como lesión avanzada debido a la desorganización de la íntima. Se define por la presencia masiva de abundantes acumulaciones de lípidos extracelulares que se observan como masas lipídicas (núcleos lipídicos) al microscopio óptico y suelen localizarse en la capa musculoesquelética. Estas lesiones pueden incluir la presencia de cristales de colesterol, y en algunos casos este centro lipídico es lo bastante grande para observarlo a simple vista cuando se corta la arteria; no obstante, en algunos casos no determinan estrechez del lumen vascular. Las lesiones tipo IV comienzan a aparecer en la segunda mitad de la segunda década de la vida, pueden estrechar la luz arterial sólo mínimamente y no ser visibles angiográficamente, pero ser productoras de síntomas (clínicamente relevantes) por el desarrollo de fisuras en su superficie, hematomas o trombo. Este tipo de lesión suele aparecer en la áreas de engrosamiento intimal adaptativo de tipo excéntrico: luego el ateroma es, al menos inicialmente, una lesión excéntrica. Es el equivalente a lo que otros autores describen como placa, placa fibrolipídica, o placa fibrosa18. Cuando la placa se enriquece en colágeno y después en tejido fibroso, la lesión se etiqueta como tipo V. La importancia potencial del tipo IV puede ser muy importante, aunque no estreche la luz, ya que se considera a este tipo de lesión vulnerable a la rotura debido a la abundancia de macrófagos.
Lesión de tipo V
Las lesiones tipo V, VI, VII y VIII son lesiones ateroscleróticas más avanzadas1,14,15,19,20. La medida biológica usada para designar estas lesiones es la desestructuración y deformidad de una parte de la íntima, que incluye entre otros cambios la presencia de depósitos de

calcio. Se dan desde la cuarta década de la vida. No necesariamente son visibles angiográficamente, y tampoco han de ser lesiones clínicamente manifiestas. Tienen un alto predominio de tejido conjuntivo fibroso; cuando el nuevo tejido es parte de una lesión con un centro lipídico (el tipo IV) este tipo de morfología se denomina fibroateroma o lesión Va. Si presenta zonas de calcificación, se denomina tipo Vb y, por último, si el centro lipídico no existe o es en general mínimo, se llama Vc. Estas lesiones, por regla general, estrechan las arterias más que las tipo IV y desarrollan hendiduras, hematomas y trombosis con importantes consecuencias clínicas.
El aspecto clínico más destacado de estas lesiones consiste en causar el 20% de las muertes coronarias súbitas y los infartos de miocardio que generalmente ocurren en ausencia de trombo luminal. Por otra parte, las lesiones de más del 75% motivan la mayoría de los accidentes vasculares clínicos. Por último, en los pacientes con angina estable tienen una reducción de la luz de más del 50% con una frecuencia de presencia de trombo del 20%. En conclusión, estas lesiones graves estrechan la luz del vaso y presentan una importante reducción del flujo de sangre arterial.
La morbimortalidad de las placas se presenta principalmente en las tipo IV y V, en las que se producen frecuentemente rotura de la superficie de la lesión con hematoma o hemorragia y depósito de trombo19.
Rotura de un aneurisma disecante que recorre toda la longitud de la aorta y produjo la muerte de un sujeto de 67 años. La sangre se introduce entre la íntima y la capa media disecando las dos capas y provocando un robo de sangre del torrente sanguíneo.
Son lesiones complicadas que tienen depósitos trombóticos visibles y hemorragia además de lípido y colágeno (fibroateroma complicado o lesiones complicadas). Se suelen subdividir en VIa: rotura de la superficie con trombo y hemorragia como componentes importantes; tipo VIb: presencia de trombo sin hemorragia, y tipo VIc: hemorragia sin trombo. Clínicamente, las lesiones complicadas con presencia de trombo obstructivo pero lábil se conocen como lesiones inestables, y serían el equivalente morfológico de la angina inestable.
Son múltiples las causas que determinan hemorragia y depósito trombótico. La erosión o ulceración de la lesión es una de las causas bien conocidas. La fisura de la superficie causaría una hemorragia masiva dentro de la lesión, depósito trombótico, rápida expansión de la lesión

y síntomas. Las hemorragias que se producen dentro de la lesión a veces tienen su origen en la rotura de los capilares neoformados. El depósito trombótico en la lesión puede formarse en ausencia de defectos de superficie o hemorragia por cambios en el flujo sanguíneo secundarios a la deformidad que imparte a la superficie una lesión sobreelevada, facilitando el depósito de plaquetas en individuos susceptibles. En personas con episodios isquémicos, se han encontrado niveles de fibrinógeno plasmático elevados.
Muchas lesiones tipo VI aparecen tras la tercera o cuarta década de la vida, tras pasar primero la fase de ateroma (tipo IV); sin embargo, también se han encontrado fisuras o hemorragias masivas asociadas a lesiones de tan sólo estría grasa. En realidad este tipo de lesión es una situación extrema y más avanzada de las lesiones ya descritas de tipo IV y V.
Lesiones tipo VII (lesión calcificada)
En la cuarta década, algunas lesiones aterosclerosas avanzadas se mineralizan, y se les aplica el término lesión tipo VII. El depósito de calcio reemplaza el depósito extracelular de células muertas y lípidos. La cantidad de calcio es variable y, aunque a veces en lesiones tipo IV de jóvenes también pueden verse pequeñas partículas de calcio cristalino con ayuda del microscopio, el tipo VII se usa para describir lesiones con mineralización importante, aunque exista también depósito de lípidos y tejido fibroso.
Lesiones tipo VIII (lesión fibrótica)
Algunas lesiones ateroscleróticas, con frecuencia en arterias de extremidades inferiores, pueden estar formadas enteramente por cicatriz de colágeno, con mínimo componente lipídico o sin él (bien porque haya desaparecido o porque nunca lo haya habido). Pueden obstruir severamente la luz de arterias de mediano calibre u ocluirlas totalmente. El término fibrótico es el que mejor definiría este tipo de lesión.
Formación de trombos
El deterioro funcional o la pérdida de pequeños grupos de células del endotelio vascular, podría facilitar la formación de trombos y evolucionar hacia un defecto de la superficie con hematoma o hemorragia. Esta complicación se relaciona con alteraciones del flujo en las divisiones y acodaduras de las arterias, donde se forman turbulencias21,22.
Las lesiones con trombo pueden sufrir tres procesos diferentes: rotura, erosión y, con menos frecuencia, calcificación del nódulo. La rotura de placa se define como un área de solución de continuidad de una capa fibrosa (a diferencia del trombo que está en continuidad con el

núcleo necrótico). Se da típicamente en grandes núcleos necróticos y en capas fibrosas discontinuas, se encuentra en el 60% de los individuos que mueren súbitamente a causa de un trombo intraluminal y, con menos frecuencia, es causa de muerte en varones de menos de 50 años y mujeres mayores de esa edad. Los factores de riesgo más predictivos para este tipo de lesión son la hipercolesterolemia, escaso colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (cHDL), y elevada razón de colesterol total/cHDL. La erosión de la placa muestra una zona sin endotelio, con exposición de una íntima arterial constituida por células musculares lisas y proteoglucanos y, sorprendentemente, el sitio erosionado contiene mínima inflamación. La erosión de la placa es un fenómeno muy común en mujeres y varones menores de 50 años, constituye el 40% de casos de muertes súbitas cardíacas trombóticas y está asociada al consumo de tabaco, especialmente en mujeres premenopáusicas.
Las lesiones de aterosclerosis avanzadas que contienen trombos son frecuentes en la cuarta década de vida y edades más tardías. En un reciente estudio poblacional con individuos comprendidos entre 30 y 59 años22, se observó que un 38% presentaba trombos en la aorta (figura de trombo ilíaco). Las fisuras y hematomas que se localizan por debajo de los depósitos del trombo en muchos casos pueden repetirse, y esta repetición durante meses o años de hematomas recurrentes y pequeños en una lesión contribuye al estrechamiento gradual de la luz arterial. En algunos casos, el trombo continúa expandiéndose y termina por ocluir el lumen arterial en un lapso relativamente corto (horas o pocos días).
Clasificaciones en controversia
En un reciente artículo sobre muerte súbita de origen cardíaco, Virmany19, después de emitir algunas críticas, lanza una nueva propuesta de clasificación, diferente de la establecida por la AHA. Establece que el esquema de clasificación numérica romana modificada por códigos de letras es una lista muy larga y de difícil recuerdo y que dicha clasificación implica un orden de modelo lineal de progresión de la lesión. Considera que es un sistema ambiguo, porque no deja claro si hay una sola sucesión de eventos durante la progresión de todas las lesiones. Propone un esquema de clasificación más simple y más fácil de utilizar que define siete lesiones: xantoma intimal, engrosamiento intimal, engrosamiento intimal patológico, capa fibrosa de ateroma, capa fibrosa delgada de ateroma, nódulo calcificado y placa fibrocalcificada.
El paradigma actual se basa en la creencia de que la lesión tipo IV (lesión avanzada o ateroma) descrita por la AHA es «estable» porque el núcleo lipídico que constituye el centro de la lesión está cubierto por una consistente capa fibrosa celular. Si aceptamos el argumento de Virchow, esta capa fibrosa que envuelve la masa lipídica (core) de la placa de ateroma, es análoga a la cápsula que contiene un absceso y, al igual que un absceso, la placa puede romperse. La rotura de la capa fibrosa expone el material lipídico «trombogénico», comenzando la agregación plaquetaria, la formación de coágulo y la trombosis y oclusión. La capa fibrosa puede ser gruesa o delgada. Las capas delgadas son las que ser rompen más fácilmente. La cápsula fibrosa delgada se define como aquella con un espesor menor de 65 µm. Como se ha descrito, las lesiones tipo IV y V son las que presentan un centro lipídico y una cápsula fibrosa; pues bien, la rotura de la placa es causante del 60% de las muertes súbitas de origen coronario. Los autores definen la cápsula fibrosa como una capa distinta de tejido conjuntivo que cubre el centro lipídico completamente, formada por células del músculo liso en una matriz de colágeno-proteoglucanos, con grados variables de infiltración de macrófagos y linfocitos.
Progresión de las lesiones y factores implicados
Progresión de la aterosclerosis con la edad
Que el proceso de aterosclerosis se inicia en la infancia es bien conocido desde los años cincuenta, cuando Holman describió, en autopsias de niños norteamericanos de tres o más años de edad, estrías grasas en algunas de las aortas analizadas23.
Las lesiones tipo III pueden aparecer inmediatamente después de la pubertad y por su composición constituyen una transición entre las lesiones tempranas y las avanzadas. Las lesiones tipo IV, frecuentes en la tercera década, son lesiones histológicamente avanzadas. Las lesiones tipo V y VI se inician en la tercera década de la vida y son las lesiones predominantes en personas mayores.
Los resultados obtenidos por McGill et al26, así como los reportados por otros estudios27-30, han mostrado una susceptibilidad especial de la aorta torácica para desarrollar lesiones incipientes tipo estría grasa, pero los estudios anatomopatológicos no encuentran un porcentaje significativo de lesiones avanzadas y no observan por tanto correlación entre la presencia de estría grasa y su progresiva evolución a lesión avanzada, fenómeno este que sí se observa en otros vasos arteriales(coronarias)31.
La extensión de las lesiones en aorta y coronarias, presenta diferencias cuando los grupos de estudio son ajustados por sexo. La estría grasa se desarrolla por igual tanto en aorta como en coronarias de varones y mujeres incluso en la aorta, las mujeres pueden superar al varón en cuanto a número de lesiones24. A mayor edad, las lesiones aórticas son equiparables en ambos sexos, mientras que las lesiones coronarias avanzadas observadas en los varones duplican las observadas en las mujeres32. Diversos estudios de composición química, patrón histológico y con microscopia electrónica evidenciaron que tanto la estría grasa como las lesiones avanzadas en las arterias coronarias y aorta33-38 tienen similitudes en sus componentes estructurales, pero difieren en su cantidad. De ello podríamos concluir que la estría grasa evoluciona a placa fibrosa.
No existe correlación entre la composición y el tamaño de las lesiones con el grado de obstrucción y las manifestaciones clínicas, excepto en el caso de lesiones tipo I-III, las cuales son casi siempre pequeñas y clínicamente silentes. Las lesiones avanzadas del tipo IV al VI pueden obstruir el lumen arterial de arterias de mediano calibre y producir manifestaciones clínicas o, estar presentes y ser clínicamente silentes. Los hallazgos de numerosos estudios anatomopatológicos sugieren que las manifestaciones clínicas están más a menudo asociadas con lesiones menos avanzadas que la lesión tipo VI. Las lesiones tipo IV, por regla general, no obliteran totalmente el lumen arterial, en parte debido a la facilidad de expansión del vaso afectado, pero podrían llegar a obstruirlo totalmente si se incrementan los valores lipídicos con el consecuente aumento de grosor.
Hay pocas dudas o ninguna acerca del papel desempeñado por las placas fibrosas en el desarrollo de coronariopatía. El riesgo se inicia cuando las lesiones avanzadas alcanzan, en sujetos de mediana edad, el 30% de la íntima arterial32. Los individuos con manifestaciones clínicas presentan lesiones avanzadas en aproximadamente el 60% de la superficie intimal27,39,40. Estudios recientes con métodos angiográficos, ultrasonográficos e histoquímicos indican que las características de las lesiones avanzadas son predictivas del riesgo de presentar eventos oclusivos28.
Diversos estudios han servido para explicar el origen de la estría grasa y su evolución progresiva a placa fibrosa. Los macrófagos presentes en la pared arterial poseen receptores con gran afinidad para captar partículas de lipoproteínas de baja densidad (LDL) modificadas por peroxidación lipídica, dando origen a las células espumosas (macrófagos cargados de lípidos). Este proceso puede acelerarse en presencia de grandes concentraciones plasmáticas de colesterol unido a LDL (cLDL) produciéndose una sobrecarga de células espumosas muertas que forman un cúmulo de lípido extracelular. Los macrófagos estimulan la acumulación de lípidos en las células musculares lisas subyacentes, generándose citocinas que a su vez atraen más macrófagos, lo que determina que el proceso inflamatorio se cronifique41. Por lo anteriormente expuesto, podemos deducir que la estría grasa es una manifestación de un proceso fisiológico que puede evolucionar hacia lesiones patológicas bajo ciertas condiciones en las que intervienen mecanismos moleculares y celulares. El origen del depósito lipídico en las placas fibrosas podría ser explicado por un proceso enzimático de hidrólisis de los fosfolípidos de las LDL, mediado por proteoglucanos presentes en la pared arterial. Esta forma de depósito de lípidos extracelulares es distinta de la ya mencionada vía que involucra captación de LDL por células espumosas32,42.
Relación entre los factores de riesgo y progresión de lesión
Las lesiones del endotelio vascular inducidas por factores de riesgo relacionados con el desarrollo de la arteriosclerosis pasan progresivamente de la estría grasa hasta lesiones más avanzadas. No obstante, estudios anatomopatológicos han puesto de manifiesto que cada factor de riesgo ejerce efectos de diversa magnitud según los territorios vasculares estudiados, así por ejemplo, la hipertensión arterial incide selectivamente en la presencia de aterosclerosis de las arterias cerebrales, mientras que el consumo de tabaco incrementa el desarrollo de aterosclerosis en aorta abdominal, arterias ilíacas y femorales43,33. En cada arteria se ha observado que existen áreas sensibles y resistentes al desarrollo de placa45,46, lo que sugiere que los factores de riesgo puedan afectar selectivamente regiones dentro de una arteria en particular, así como territorios vasculares diferentes.
En un pequeño pero significativo estudio cuyos resultados han sido publicados recientemente, se demuestra que en 20 sujetos de edades comprendidas entre los 35 y 86 años la calcificación de arterias coronarias no aumenta la tensión de la cápsula fibrosa ni favorece su rotura; en cambio, las lesiones de aterosclerosis con gran contenido lipídico en su núcleo determinan un espectacular incremento en la tensión de la cápsula fibro-calcificada, favoreciendo su rotura y la complicación de las manifestaciones clínicas48.
El Bogalusa Heart Study49, en sujetos de edades comprendidas entre 6 y 30 años y con lesiones de aterosclerosis aortocoronaria, observó una correlación positiva entre las concentraciones de cLDL, la edad y el porcentaje de superficie de arteria afectada con estría grasa. El PDAY describe la asociación entre índice de masa corporal (IMC) y la mayor extensión de estría grasa y lesión avanzada en la coronaria derecha de los hombres, pero no de la mujeres. Igualmente se han encontrado asociaciones entre tabaco y presencia de lesiones con incremento de células espumosas, y tabaco asociado con mayor extensión de lesiones avanzadas y estría grasa en aorta abdominal, no encontrándose asociación entre tabaco y extensión de lesiones en la coronaria derecha47.
Volviendo a los factores de riesgo lipídicos, este estudio ha puesto de manifiesto que concentraciones bajas de cHDL y altas de colesterol no transportado por HDL están asociadas positivamente con la extensión de la estría grasa y de lesiones avanzadas tanto en aorta abdominal como en coronaria derecha. Por último, la hipertensión favorece sólo el incremento de lesiones avanzadas en ambas arterias. Las observaciones morfológicas indican que existe una progresión continua de estría juvenil a lesión avanzada, que la asociación entre factores de riesgo con estría y lesión avanzada es similar y que la distribución topográfica de ambas lesiones es similar en las coronarias y en la aorta abdominal. Todo ello lleva a concluir que las estrías grasas, bajo ciertas condiciones y en ciertos sitios anatómicos evolucionan a placas fibrosas y eventualmente pueden sufrir otros cambios que directamente causen oclusión. La estría grasa parece ser la lesión inicial del proceso de aterosclerosis, inofensiva si permanece como tal.
Correlación de las lesiones con los síndromes clínicos
Las lesiones de aterosclerosis son el resultado de una variedad de complejos procesos patogénicos, en los que intervienen diferentes factores: formación de células espumosas, acumulación de lípidos extracelulares, desplazamiento, reducción de la matriz intercelular, presencia de células de músculo liso, depósito de calcio, inflamación crónica, neovascularización y, por último, rotura de las lesiones y formación y transformación del hematoma y la trombosis en tejido fibromuscular. Estos procesos son evolutivos, pueden predominar unos sobre otros y dar manifestaciones clínicas.
Síndromes coronarios
Las placas ateromatosas complicadas con procesos de erosión, fisuración o rotura sufren hemorragia, agregación plaquetaria y trombosis. En la mayoría de los casos, todo este proceso cursará asintomático, con un trombo no oclusivo o una hemorragia intraplaca, seguida de una fase de cicatrización, depósito de colágeno y fibrosis, cuyo resultado suele ser una placa estenótica estable. Pero, a veces, si el trombo es oclusivo, se traduce clínicamente como un síndrome coronario agudo.
Estos síndromes se caracterizan por la rapidez de progresión, y la rotura de la placa con el trombo intraluminal resultante desempeña un papel fundamental en la patogenia de los síntomas de insuficiencia coronaria. El grado de rotura de placa y la lesión resultante determinarán los síntomas clínicos. Si la lesión inicial se encuentra sólo en la superficie del endotelio, el estímulo de la trombogénesis es limitado, y lo más frecuente en estos casos es hallar un trombo mural sin síntomas clínicos. Si la lesión subyacente crece y la rotura es más profunda generando una fisura, ocurre el proceso trombótico-oclusivo que puede ser repetitivo en cuestión de minutos, con la consiguiente aparición de síntomas clínicos.
De hecho, algunos pacientes con angina inestable pueden tener oclusión intermitente del vaso afectado e isquemia. El hallazgo anatomopatológico de trombo y fisura es frecuente en los pacientes con infarto o muerte súbita. Por otra parte, la persistencia de lesión y daño celular no hará más que sostener una situación recurrente de trombosis que puede llevar a la oclusión gradual y, por supuesto, a la clínica de angina inestable, infarto o muerte súbita. Finalmente, si se produce la rotura o ulceración con exposición del centro lipídico y de la matriz de colágeno y se desencadenan los mecanismos inherentes a esta rotura, la oclusión trombótica será frecuente y generalmente se traduce clínicamente como infarto agudo de miocardio (entre 2 y 4 h como mucho) (fig. 10).

Infarto agudo de miocardio y rotura miocárdica.
Angina estable crónica y oclusión silenciosa
Los estudios angiográficos realizados en pacientes con angina inestable también se han correlacionado con los hallazgos obtenidos de autopsias. Estas lesiones generalmente tienen un contorno liso, con zonas de adelgazamiento y generalmente simétricas o excéntricas, otras son lesiones ricas en lípidos, generalmente pequeñas, que son propensas a la rotura; por otra parte las lesiones estenóticas severas tienden a ser fibróticas y estables. La presencia de clínica anginosa ocurre cuando el proceso trombótico no es completamente oclusivo, y generalmente es silencioso hasta el momento en que el coágulo se organiza comienza la clínica de angina de esfuerzo.
Las lesiones estenóticas graves tienden a progresar hacia la oclusión, la trombosis y el infarto, aproximadamente tres veces más que las lesiones menos graves, probablemente debido a los vasos colaterales bien desarrollados. En estudios prospectivos angiográficos ha quedado demostrado que los nuevos episodios coronarios se presentan en los pacientes con coronarias estenóticas entre el 35 y el 65%. Esto apoya el concepto de que el potencial trombogénico de las lesiones no requiere de estenosis avanzadas, sino que depende más de las características de la placa subyacente. Por esta razón en los últimos años los esfuerzos se han dirigido a la búsqueda de medidas de estabilización de las placas, fundamentalmente mediante el control de los valores de colesterol, y a la identificación de placas vulnerables con marcadores bioquímicos o mediante técnicas de imagen (resonancia magnética)51 (fig. 3).

El polígono de Willis es uno de los lugares en que existen aneurismas cerebrales. Dichos aneurismas pueden romperse por diversas causas y provocar la muerte del sujeto.
La enfermedad cerebrovascular es la causa de un elevado porcentaje de muertes, invalidez y discapacidad. La aterosclerosis es la causa más común de accidentes cerebrovasculares. Las lesiones anotomopatológicas típicas se encuentran en las bifurcaciones de las arterias carótida interna, vertebral en su origen y cerebral inferior posterior.
Al igual que en la aterosclerosis coronaria, la superficie luminal inestable en las arterias cerebrales es la causa de la lesión, la rotura, la trombosis y el desprendimiento del trombo, lo que determina en última instancia que la enfermedad se manifieste clínicamente. Las roturas, particularmente las localizadas en la bifurcación carotídea, son a menudo una fuente de embolia distal y oclusión, produciendo síntomas cerebrales de isquemia. Sin embargo, lesiones estenóticas importantes de la arteria carótida común e interna, así como de sus ramas intracraneales, pueden llevar a la obstrucción completa, isquemia y necrosis. La presencia de placas en la bifurcación carotídea es causa del 40% de las manifestaciones clínicas, de las que un 20% de las mismas corresponde a las arterias vertebrales.
Trombosis en la bifurcación ilíaca.
El otro territorio vascular con implicaciones clínicas y anatomopatológicas corresponde a la aorta, cuyo segmento abdominal es el que generalmente se encuentra afectado, inmediatamente por debajo de la emergencia de las arterias renales y con afección de la bifurcación ilíaca. Debido al calibre de la aorta, la obstrucción súbita clínicamente significativa es relativamente rara; sin embargo, son frecuentes las lesiones grandes con formación de aneurismas. La aterosclerosis de las arterias ilíacas y femorales es a menudo grave, y en todos los casos predominan los grados morfológicos avanzados, con potencial de causar embolia u obstrucción distal y manifestaciones clínicas típicas de claudicación intermitente.
La aterosclerosis es una de las causas más importantes de formación de aneurismas aórticos. La placas que se originan en la íntima arterial determinan la destrucción de la capa media con adelgazamiento de la pared arterial y formación de la dilatación aneurismática. Los aneurismas ateroscleróticos suelen localizarse en la aorta abdominal, principalmente entre las arterias renales y la bifurcación de las ilíacas, o en las ilíacas comunes, rara vez se desarrollan antes de los 50 años, y son mucho más comunes en varones. Los aneurismas saculares son esencialmente esféricos. La rotura de un aneurisma aórtico puede ser súbita, con las consiguientes hemorragia y muerte. Los aneurismas de crecimiento progresivo y aquellos con dimensiones superiores a 4 cm son potencialmente peligrosos y propensos a la rotura (un riesgo del 4-5% por año)50. Los segmentos de aorta torácico y abdominal son propensos a la formación de placas; sin embargo, por regla general, la presencia de placa y aneurisma en la aorta torácica es menos frecuente y más bien delimitada, y se origina en los orificios intercostales. Effects of lipid-lowering by simvastatin on human atherosclerotic lesions: a longitudinal study by high-resolution, noninvasive magnetic resonance imaging..
. Un nuevo enfoque en el tratamiento de las placas de ateroma
Con la eliminación de un determinado gen en las células endoteliales se consigue reducir de forma significativa tanto la inflamación como la placa en los vasos sanguíneos

El Médico Interactivo
5 de septiembre 2019. 1:43 pm
En un estudio realizado en la Universidad de Yale, los investigadores han revelado factores previamente desconocidos que contribuyen al endurecimiento de las arterias y el crecimiento de la placa, lo que puede ser la base de un enfoque prometedor para detener la acumulación de placa.
Los tratamientos actuales sirven para retrasar la enfermedad pero no para mejorarla, lo cual puede deberse a la inflamación continua en los vasos sanguíneos, según los expertos. Para comprender los factores que contribuyen a esta inflamación, los investigadores se centraron en un grupo de proteínas llamado factor de crecimiento transformante beta (TGFB), que regula una amplia gama de células y tejidos en todo el organismo.
Utilizando células humanas cultivadas, los investigadores descubrieron que las proteínas TGFB provocan inflamación en las células endoteliales, pero no en otros tipos de células.
A través de una técnica que mide la expresión de cada gen en células individuales, mostraron que el TGFB inducía una inflamación en estas células. Los resultados se publican en la revista Nature Metabolism.
“Este hallazgo es notable han destacado los investigadores, porque se sabe que las proteínas TGFB disminuyen la inflamación en otras células del organismo”.
Los autores también mostraron que cuando se elimina el gen del receptor de TGFB en las células endoteliales, tanto la inflamación como la placa en los vasos sanguíneos se reducen significativamente.
Para probar la terapia, el equipo utilizó ARNi, un fármaco desarrollado en Yale que interrumpe los receptores de TGFB. Este ARN interferente usa la propia secuencia de ADN de un gen para apagar o silenciar el gen. Aplicaron el medicamento sólo a las células endoteliales de las paredes de los vasos sanguíneos. Esta estrategia redujo la inflamación y la placa tan efectivamente como la técnica genética.
“Los hallazgos, aseguran, identifican la señalización de TGFB como una causa importante de inflamación crónica de la pared de los vasos, y demuestran que la interrupción de esta vía conduce al cese de la inflamación y a una regresión sustancial de la placa existente”, concluyen. La placa aterogénica: fisiopatología y consecuencias clínicas

A. Bertomeu Ruiza, D. Zambón Radosa
a Secci??n de L??pidos. Servicio de Diet??tica y Nutrici??n. Hospital Cl??nic. Barcelona.
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15 diciembre 2019

¿EL CANNABIS CAUSA ENFERMEDADES MENTALES

Filed under: General — Enrique Rubio @ 20:46

¿EL CANNABIS CAUSA ENFERMEDADES MENTALES?

24 febrero 2016 20:03 CET
Autor
1. Peter Gates
Oficial Superior de Investigación, Centro Nacional de Investigación en Drogas y Alcohol, UNSW

Cabe preguntarse si hay algo en el universo a la que el hombre no se pueda hacer adicto
Cannabis Sintético
El cannabis sintético no es cannabis: se elabora rociando productos químicos peligrosos sobre
la materia vegetal para que parezca marihuana. Es ilegal en Australia y su uso ha provocado la muerte..

El cannabis es la droga-ilícita-más utilizada en Australia, uno de cada tres adultos la ha usado en algún momento de su vida. Es legal en algunos lugares del mundo y se ofrece medicinalmente en otros
Todo absolutamente todo lo físico y psíquico escapadas de provocar adicción, enfermedades mentales, y físicas y un complejo problema social. A nivel personal, una serie de circunstancias convierten en epidemias los padecimientos a los que está sometido al ser humano.
Hace 55 años que soy médico y la progresión de la criminalidad y drogadicción , me parece claramente progresiva y con caracteres de epidemia.
“ La consabida frase de siempre ha ocurrido, la interpol y hay no deforma el contexto.”
A esto respondo, pues es verdad que siempre ha ocurrido lo mismo , y aún así es una catastrofe, de la que no sabemos salir. Y sobre todo no sabemos que la motiva. A nivel científico nunca hemos resuelto nada que no hayamos conocido su etiología. Esto que está ocurriendo con las adiciones imposibilita una vida satisfactoria y tenemos que seguir buscando
Es muy posible que este mundo de adicciones no sea diferente a los problemas que condiciona el clima. El hombre de nuestro tiempo se ha beneficiado de circunstancias que nos han hecho la vida más comoda, pero esto no es suficiente hay que continuar.
Sólo nos resta un camino, seguir buscando .
La marihuana la damisela de las drogas, es más maligna de lo que parecce. Como cada vez que nos enfrentamos con un problema, tenemos que distinguir entre causa de consecuencia. Que es lo primero y si estaba ya ha señalado lo segundo.
Estudiar el problema es toda su amplitud de nuestro único camino, * porque se hace camino al andar * .

Qué efectos tiene la marihuana sobre la salud mental?
Los posibles daños asociados con el consumo de cannabis dependen de dos cosas por encima de todas las demás.
La primera es la edad a la que empiezas a usar cannabis por primera vez, especialmente si es anterior a los 18 años. El uso del cannabis durante las etapas clave del desarrollo cerebral puede afectar a la poda sináptica (cuando se eliminan las conexiones neuronales antiguas) y el desarrollo de la materia blanca (que transmite señales en el cerebro).
El segundo son los patrones de uso: la frecuencia, la dosis y la duración, especialmente si está utilizando al menos semanalmente. Cuanto mayor o más potente sea la dosis, más tetrahidrocannabinol (THC) está ingiente. El THC es el principal componente psicoactivo del cannabis y parece actuar en áreas de nuestro cerebro involucradas en la regulación de nuestras experiencias emocionales.
Depresión y ansiedad
Muchos estudios de la relación entre el consumo de cannabis y las enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad han sufrido problemas metodológicos al no controlar los factores relacionados.
Los pocos estudios longitudinales que se han realizado tienen hallazgos mixtos.
Una revisión de 2014 de la investigación existente concluyó que el uso de cannabis puso a un individuo en riesgo moderado de desarrollar depresión.
Desafortunadamente no estaba dentro del alcance de la investigación determinar si el consumo de cannabis estaba causando depresión o si la relación en su lugar refleja la asociación entre el consumo de cannabis y los problemas sociales. El consumo de cannabis se asocia con otros factores que aumentan el riesgo de depresión, como la deserción escolar y el desempleo.
La relación entre el consumo de cannabis y la ansiedad también es compleja. Muchas personas usan cannabis por sus efectos eufóricos y relajantes. Pero algunas personas también experimentan sentimientos de ansiedad o paranoia cuando están intoxicadas. Como tal, el cannabis podría ser utilizado para aliviar la ansiedad o el estrés para algunos mientras que causa que otros se sientan ansiosos.
Una revisión de 2014 de la investigación disponible concluyó que el uso de cannabis puso a un individuo en un pequeño riesgo de desarrollar ansiedad. Pero los autores señalaron que si bien el peso de la evidencia apoyaba la coexistencia del consumo de cannabis y la ansiedad, había relativamente poca evidencia que sugiera que el cannabis causaba ansiedad.
No se incluyeron en estos exámenes anteriores de trastornos de depresión y ansiedad fueron dos investigaciones recientes sobre el consumo de cannabis en los Estados Unidos utilizando datos de 2001-2002 y 2004-2005. Estos incluían una serie de variables como el estado demográfico y el entorno familiar.
Cada uno encontró una asociación significativa entre el consumo de cannabis y la aparición de depresión y trastornos de ansiedad. Pero esta asociación ya no era significativa al considerar el impacto de las variables incluidas.
Claramente, la relación entre el consumo de cannabis y los trastornos de depresión y ansiedad es compleja e implica las razones del individuo para el consumo de cannabis y situaciones externas. Es decir, el cannabis puede ser utilizado para ayudar a hacer frente a problemas sociales que no fueron necesariamente causados por el consumo de cannabis.
Esquizofrenia
Por el contrario, la relación entre el consumo de cannabis y el riesgo de desarrollar síntomas de psicosis ha sido bien establecida en muchos artículos de revisión diferentes.
Esta investigación ha encontrado que el consumo temprano y frecuente de cannabis es una causa de psicosis, que interactúa con otros factores de riesgo como los antecedentes familiares de psicosis, la historia de abuso infantil y la expresión de los genes COMT y AKT1. Estas interacciones hacen que sea difícil determinar el papel exacto del consumo de cannabis en la causa de psicosis que podría no haber ocurrido de otra manera.
A pesar de todo, la conexión entre el consumo de cannabis y la psicosis no es sorprendente. Existe un fuerte parecido entre los efectos agudos y transitorios del consumo de cannabis y los síntomas de la psicosis, incluyendo deterioro de la memoria, la cognición y el procesamiento de estímulos externos. Esto se combina para dificultar que una persona aprenda y recuerde cosas nuevas, pero también puede extenderse a la experiencia del pensamiento engañoso y las alucinaciones.
También sabemos que el consumo de cannabis por personas con trastorno psicótico establecido puede exacerbar los síntomas.
En general, la evidencia sugiere que el consumo de cannabis presentará un diagnóstico de psicosis en un promedio de 2,7 años.
El riesgo de desarrollar esquizofrenia aumenta con la duración y la dosis del consumo de cannabis. Los consumidores regulares de cannabis tienen el doble de riesgo de no usuarios. Aquellos que han utilizado cannabis en algún momento de su vida tienen un 40% más de riesgo en comparación con los no usuarios.
Dicho esto, es importante considerar este mayor riesgo en contexto. Las proporciones de individuos con psicosis entre la población y entre los consumidores de cannabis son bajas. Las estimaciones actuales sugieren que si se sabía que el consumo frecuente de cannabis a largo plazo causaba psicosis, las tasas de incidencia aumentarían de siete de cada 1.000 en los no usuarios a 14 de cada 1.000 consumidores de cannabis.
Si usted o un familiar o amigo tiene problemas o inquietudes sobre el cannabis, visite www.ncpic.org.au o acceda a la línea nacional gratuita de información y ayuda sobre cannabis en 1800 30 40 50.

autismo y microbiota intestinal

Filed under: General — Enrique Rubio @ 14:32

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Los niños con autismo tienen una microbiota intestinal distinta
Los pacientes con esta patología presentan disbiosis intestinal, una alteración del equilibrio bacteriano
En los niños con TEA se produce una disbiosis.

JUE 12 DICIEMBRE 2019. 12.50H

Los niños con trastorno del espectro autista (TEA) presentan una microbiota diferente que favorece la presencia de síntomas digestivos, así como de alteraciones del comportamiento y lenguaje, según han asegurado expertos con motivo de la celebración, este jueves, de una jornada científica y divulgativa organizada por el Laboratorio Kurasana en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid.

De hecho, actualmente, se cuentan con evidencias contundentes sobre la existencia de un eje intestino-cerebro, así como sobre la implicación de la microbiota en el estado de ánimo. Por ejemplo, se ha demostrado que los pacientes con depresión presentan un perfil de microbiota distinto que las personas con estado de ánimo normal.
Asimismo, tal y como han recordado los expertos, los últimos estudios sugieren que la microbiota influye directamente en el estado de ánimo. No obstante, también se sabe que la microbiota intestinal de los niños con TEA es distinta, cobrando un especial protagonismo el fenómeno de disbiosis intestinal, es decir, una alteración del equilibrio de la microbiota que se caracteriza por la pérdida de masa bacteriana beneficiosa.

«En los niños con TEA predomina más el género que en la población normal, y también se observa en otros estudios una mayor presencia de bacterias tipo clostridium. Todo este desequilibrio favorece la presencia de síntomas digestivos en estos pacientes, así como de alteraciones del comportamiento y lenguaje», ha dicho la médico adjunto de Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Paz (Madrid), Silvia Gómez Senent.

Al mismo tiempo, prosigue, también se considera posible la existencia de una asociación entre la peculiar microbiota intestinal de los niños con TEA y su mayor riesgo de experimentar trastornos del sueño. Aunque actualmente no hay estudios que demuestren que los trastornos del sueño en el TEA se deban a la existencia de una disbiosis intestinal, su vinculación con el metabolismo de la serotonina podría sugerir una cierta relación.

«Con la alimentación obtenemos triptófano, que está implicado en el metabolismo de la serotonina que, a su vez, regula el estado anímico y la producción de melatonina, que está implicada en el sueño. Hasta el 90 por ciento de la serotonina se genera en el intestino, siendo la microbiota intestinal la principal parte implicada en este proceso», ha detallado Gómez Senent, para recalcar que «la disbiosis intestinal p
uede producir una alteración en el metabolismo de la serotonina».

Disbiosis intestinal

Partiendo de esta realidad, los expertos han asegurado que el estilo de vida y la alimentación son claves para evitar y combatir la disbiosis intestinal. «Podemos hacer un cambio de la microbiota de los niños con TEA a través de la alimentación, el consumo de probióticos, el ejercicio y la gestión del estrés. La cepa lactobacillus plantarum PS 128 ha demostrado beneficio en estos pacientes», ha recalcado.
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En el caso específico de los trastornos del sueño que padecen los niños con TEA, y que llegan a estar presentes en más del 80 por ciento de ellos, se apuesta también por la instauración de medidas higiénico-dietéticas, tal y como ha resaltado elneuropediatra especializado en trastornos del sueño del Hospital Infantil Niño Jesús, Víctor Soto Insuga, quien ha avisado de que las alteraciones del sueño están infradiagnosticadas en niños con TEA y que no sólo tienen un carácter conductual, sino también biológico en algunos casos.

«En niños con TEA hay que extremar el cuidado de los hábitos de vida saludable; no solo se debe establecer un horario estricto y adecuado de cuándo se debe acostar y despertar a cada uno de estos niños con TEA, sino que también se debe pautar correctamente cuándo y cómo deben alimentarse», ha argumentado el jefe de Servicio de la Unidad de Pediatría y de Sueño del Hospital Quirón Salud de Valencia, Gonzalo Pin Arboledas.

Consejos prácticos

Como consejos prácticos sobre cómo facilitar, de forma sencilla, la conciliación del sueño en estos casos, el experto ha subrayado que el inicio del sueño en los niños con TEA debe instaurarse desde el diálogo, la tranquilidad y la calma de los padres, para combatir la habitual ansiedad que presentan estos pacientes. «Hay que respetar los relojes biológicos», ha sentenciado.

El sueño adecuado se concibe como el resultado de un equilibrio entre dormir-despertar, la correcta alimentación, la actividad física y la afectividad, todo lo cual está regulado por el reloj biológico central que está en el sistema nervioso autónomo. Ante esto, Pin Arboledas ha informado de que muchos de los niños con TEA presentan una alteración de ese reloj biológico.

«Pero no siempre las medidas higiénico-dietéticas son suficientes para combatir los problemas de sueño en los niños con TEA. En algunos de estos casos se advierte una alteración en la vía metabólica de la melatonina, lo que plantea la necesidad de que el profesional sanitario especializado paute un tratamiento con melatonina y/o triptófano. Son tratamientos muy eficaces y seguros pero que siempre se deben emplear bajo prescripción facultativa y asociados a los recomendados cambios en el estilo de vida.

Neurología

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